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“El secreto de la negociación” por Richard Casanova

“El secreto de la negociación”  por Richard Casanova


Richard Casanova/@richcasanova.

Al cumplirse 10 años de la caída del Muro de Berlín, asistí a un evento internacional en la capital alemana y visité Potsdam, un pequeño pueblo cercano donde -al final de la 2da Guerra Mundial- se reunieron Harry Truman, Winston Churchill y Stalin.  Se respiraba historia en los salones del Palacio Cecilienhof, sede de aquel memorable encuentro.  En efecto, para garantizar la paz y sentar las bases para la recuperación de Europa, Churchill -liberal y aun hoy exponente de la derecha más conservadora- coincidió con el Presidente de EEUU -cuna del capitalismo- en la necesidad de acordarse con Iósif Stalin, líder del comunismo internacional, responsable de la muerte millones de personas: un desalmado genocida, peor que Hitler. Naturalmente, ni ellos, ni la comunidad internacional hizo caso a quienes advertían que con delincuentes y dictadores no se negocia. Pero es normal y comprensible que para el ciudadano común existan situaciones “inaceptables” que el estadista debe valorar e incluso asumir más allá de sus preferencias personales. Una motivación honorable, una causa justa o un objetivo trascendente es lo que agrega valor ético a la acción política. Así, no es contrario a la ética negociar con un delincuente que ha secuestrado a su familia, si el objeto es salvarles la vida. Tampoco la coyuntura cambia lo sustancial: ¿Dejó de ser liberal Churchill por reunirse con el líder del comunismo? ¿Truman dejó de ser un hombre decente? No, y se consolidó la paz en Europa hasta el sol de hoy.

Otros plantean que las negociaciones deben ser públicas y exigen información anticipada sobre ellas. Es una soberana ingenuidad pensar -por ejemplo- que las negociaciones de los norteamericanos con el comunismo vietnamita podían hacerse públicas en medio de la cruenta guerra que libraban. Lo relevante era facilitar una salida y promover la paz, salvar millones de vidas. Así ha sido siempre, los recientes acuerdos entre el malévolo imperio yanqui y la Cuba revolucionaria, tienen como antecedente más de 2 años de reuniones secretas promovidas por Obama. ¿Acaso dejó de ser el presidente del país más poderoso del planeta por reunirse con el decadente comunismo cubano? Al contrario, al fin entendieron los gringos que invadir la isla con Dólares es más efectivo que Bahía de Cochinos. Aquellas reuniones fueron tan secretas como cuando Washington se propuso el objetivo de rescatar a Alan Gross, el ciudadano estadounidense que llevaba cinco años preso en Cuba.  Y se logró su liberación porque el secreto de una negociación exitosa es discreción y prudencia. Si las negociaciones entre el moribundo gobierno chavista y la mayoritaria oposición democrática buscan concretar una salida a la crisis y evitar un derramamiento de sangre, luce estúpido apostar a su fracaso.  Aprovechar esa oportunidad para intentar descalificar a la MUD demuestra que en el chavismo y en la oposición hay grupos radicalizados que apuestan a la violencia: “río revuelto, ganancia de pescadores”.  Al actuar con imprudencia, Nicolás Maduro solo evidencia su incompetencia política, queda como un pobre diablo.  Tal vez quemó su última carta y con certeza “se rayó” más aún en el escenario internacional, incluso con los presuntos mediadores a quienes ahora deja sin argumentos. ¡La desconfianza en el régimen crece y el país sigue hundiéndose!  #YoRevoco

 

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