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“El sepelio prematuro de la MUD” por Jean Maninat

“El sepelio prematuro de la MUD” por Jean Maninat


Jean Maninat / @jeanmaninat.   

Las corrientes adversas a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), han hecho su agosto en diciembre: diagnosticaron -una vez más- la caducidad de la plataforma unitaria, han exigido sepultarla de acuerdo al culto que cada quien profesa, incinerarla aun si respira y se mueve. Primero aniquilamos a la MUD, luego vemos qué hacemos con el gobierno, parece ser su leitmotiv.

(Sea dicho de paso, quien tenga críticas fundadas a la mesa por su comportamiento reciente y las haya hecho públicas, como es su derecho, no se sienta concernido, no es con usted. Nos referimos a los “Mudrricidas”, a quienes dedican parte sustancial de su quehacer opositor a infamar, enlodar, minar, a la organización opositora que más logros ha tenido en la lucha por la recuperación democrática en los últimos años).

Estos días deberían ser propicios -a pesar de lo estrepitoso que se anuncian- para que la MUD realice un ejercicio de contrición, o de reflexión, laicamente dicho; una pausa para retomar el pulso político y la iniciativa que se tuvo hasta llegar triunfante al 6D de 2015. Ya no basta con hacer votos unitarios, hay que concretarlos con obras, que son amores; fijar reglas de juego claras y acorralar un discurso común que vuelva a entusiasmar a la gente, en medio de muchas  discrepancias, algunas de peso, pero no irreconciliables.

Es evidente que en la oposición, que se reconoce en el esfuerzo unitario, hay una contienda por el liderazgo. No podría ser de otra manera, y es pueril intentar negarlo. Es consustancial a su condición democrática y es una diferencia que la debería distinguir de la opacidad represiva del neochavismo gobernante. Los nombres trotan, se vocean públicamente, las encuestas reflejan los centímetros que cada uno ha ganado en el esfuerzo; cada quien carga su preferencia en el monedero junto al último billete de a cien; o en la cartera, entre llaves, bolígrafos, la foto de los muchachos y la estampa de la Virgen que los guarda de todo mal. No hay que negarlo, menos hurtarse tras el rimbombante: “mi prioridad es el país, no quiero mando, sólo un puesto de lucha”.

Buena parte de los últimos desencuentros entre la oposición democrática tienen que ver con esa falta de claridad, de esa ausencia de ánimo para adelantar lo que es una aspiración natural, para propiciar un proceso que necesita de una voz que congregue, de un programa común que aglutine, de un envión unitario en el que se reconozca el país inconforme.

La MUD ha sido un esfuerzo, en medio de circunstancias extremadamente adversas, que merece nuestro apoyo. Sus falencias, no abruman sus méritos. Encontrará de nuevo su tempo, será exigida por las circunstancias, se equivocará y acertará  como le suele pasar a toda organización regida por humanos. Como sucede con los equipos deportivos, en los éxitos todos saldrán a retratarse en la tarima, en los tropiezos, los aprovechados de siempre se pondrán otra camiseta para abuchearla desde la acera de enfrente. Eso sí, siempre a nombre de la Unidad.

Ya veremos cómo regresa del desazonado asueto que se anuncia. Será un enero diferente al que dio inició a este año, qué duda cabe, pero encajadas las lecciones, lamidas la heridas, y elaborados los sinsabores, quienes dirigen a la oposición unitaria están obligados a regresar con una política común, seriamente asumida, que aglutine a la diversidad y le ofrezca al país mayoritariamente descontento una opción de nuevo triunfadora. No tienen escapatoria.

De ser así, los sepultureros de la MUD, de lado y lado, se quedarán con el velorio hecho.

(Gracias por la lectura y la paciencia. Todo lo mejor y nos reencontramos en enero).

El Universal, 16 de diciembre de 2016

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