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El Tío Sam viene tras Nicolás Maduro

El Tío Sam viene tras Nicolás Maduro


Las filtraciones de presuntas imputaciones a altos funcionarios del gobierno venezolano, ante las cortes federales de los Estados Unidos, revelaría que el Departamento de Estado no se anda con juegos.

Venezuela, tradicional aliado del gigante del norte, pasó en poco tiempo a ser un enemigo declarado y activo de Washington.

Para entender un poco el temperamento de los anglosajones, basta con recordar las palabras pronunciadas en una conferencia en la Universidad de Miami por Otto Reich, ex embajador en Caracas.

Reich señaló que los anglosajones creen en la palabra, y que si Chávez decía que era enemigo de los EEUU, el gobierno estadounidense debía tomarlo como tal.

Y más que enemigo, el gobierno de Chávez primero y luego de Maduro, se ha convertido con su política de micrófonos en un permanente reto al estilo de vida de los norteamericanos.

Las diferencias son una cosa. El irrespeto permanente, sobrepasando los límites de la burla, se vuelve intolerable. Lo que reclama del gobierno federal acciones ejemplarizantes que logren, el debido respeto, así como la recomposición geopolítica en la región.

Hasta el mes de enero del 2014, la política desplegada por el Departamento de Estado se mostraba cautelosa y a la defensiva. Pudiera ser que luego de la muerte de Hugo Chávez, con el ascenso al poder de Nicolás Maduro se abrirían nuevos espacios para una relación bilateral más cercana. Nada más alejado de la realidad y de lo que en consecuencia ocurrió.

Tal vez John Kerry, secretario de Estado, confiaría de su relación con Maduro, cuando ambos coincidían en el llamado Grupo de Boston.

Sin embargo, pudo más el pensamiento atávico hacia la figura del Comandante Fidel Castro en la mente del presidente venezolano.

Cuando se inicia el 2014, ya está claro que el proceso venezolano no seguiría siendo financiable, con el ingreso petrolero. Si se pagaba la deuda, no habría dólares para la economía. Eso fue lo que pasó.

Por otra parte, el nivel de descontento popular ya se evidenciaba desde noviembre del 2013. Un estallido social parecía factible.

Ese estado de insatisfacción, fue lo que llevó a parte de la dirigencia opositora a llamar a la protesta en las calle, bajo el lema de “La Salida”. Una propuesta que se discutiría en el seno de la MUD desde el mismo mes de enero.

En la primera quincena de febrero los estudiantes comenzaron a tomar las calles. La reacción del gobierno fue violenta. Terminando con un saldo de más de 40 asesinados, más de 4 mil personas sometidas a juicio, y todavía cerca de 70 ciudadanos en cárceles, en la condición de presos políticos. Siendo estudiantes casi todos ellos.

Otra característica del despliegue represivo, fue la aplicación de torturas y el trato infame a los presos políticos. Los registros de estas violaciones, lo han reportado distintas ONG de derechos humanos que tienen un listado bastante completo.

Por casualidad o por jugada adelantada, el 27 de enero del 2014, se filtró a los corresponsales del ABC de Madrid, que se investigaba por narcotráfico a varios altos funcionarios del gobierno, comenzando por Diosdado Cabello, el número dos del gobierno.

La nota bajo la firma del periodista Emili Blasco, sería confirmada por The Wall Street Journal, pocos días después.

En Venezuela, la reacción gubernamental no se hizo esperar. Se emprendió judicialmente en contra de los medios que reprodujeron la información. Lo que significó el enjuiciamiento de más de 22 directivos de medios.

Eso había tenido como antecedente el caso de Oswaldo Álvarez Paz, quien alertó hace más de 5 años –citando informaciones internacionales- del presunto involucramiento de altos personeros del gobierno en el narcotráfico.

Álvarez Paz estuvo preso en el Sebin (El Helicoide), sus derechos políticos suspendidos, de tal manera que no ha podido votar en las elecciones, y sigue en un limbo jurídico.

A pesar que la investigación se venía realizando desde bastante tiempo antes, la deserción hacia los EEUU del oficial Leamsy Salazar, ex jefe de seguridad de Cabello, elevó a otros niveles el punto Venezuela en la agenda de la inteligencia estadounidense.

En otro trabajo de investigación, a la semana siguiente, se presentarían las declaraciones del oficial Salazar en donde se involucraba a Tarek El Aissami, gobernador de Aragua,

En esa misma semana, que ya coincidía con la revuelta estudiantil, se filtró a través de las redes sociales varias copias de depósitos y estados de cuentas bancarios en el exterior del gobernador de Anzoátegui, el profesor Aristóbulo Istúriz.

En menos de dos semanas, el proceso venezolano se quedaba sin su número 2, Diosdado Cabello; sin su número 3, Tarek El Aissami; y sin el autoproclamado número 4, Aristóbulo Istúriz. Maduro se quedaba en solitario.

La estrategia comunicacional de estas filtraciones judiciales, fue bastante simple. Comienzan a aparecer tuits y cadenas acusando de narcos a altos funcionarios civiles y militares venezolanos. Luego, la historia es recogida por un diario internacional de prestigio. Para finalmente lograrse que algún alto funcionario de EEUU, en forma anónima o abierta, confirme la información.

La respuesta de los EEUU se montó en otro canal de la autopista diplomática. Se anunciaron sanciones a altos oficiales venezolanos, casi todos de la Guardia Nacional, por su participación en la violación de derechos humanos en las manifestaciones estudiantiles.

El resto del año 2014 estuvo lleno de denuncias e informaciones a través de las redes sociales. Acompañadas cada tanto por nuevos escándalos de corrupción, narcotráfico y lavado de dinero. Como el caso del Banco de Andorra, donde presuntamente aparecieron los nombre de importantes jerarcas del régimen y de algunos importantes contratistas, principalmente de PDVSA.

Así llegamos al 2015, donde se estrechó el seguimiento al recorrido del dinero de venezolanos, y de los “políticamente expuestos”.

Antes de las elecciones, se dieron a conocer tres hechos significativos. El primero fue la detención por la DEA de dos primos Flores en Haití, en conexión con una presunta conspiración para enviar una cuantiosa cantidad de droga a los EEUU.

Esta acción de los organismos de inteligencia estadounidense, colocó las sospechas hasta el propio entorno de la familia presidencial venezolana. Las conjeturas, son infinitas en este sentido.

Faltando pocas semanas para las elecciones, corrió el rumor –posteriormente confirmado por oficiales de la justicia de EEUU- que había una lista de 6 generales de la Fuerza Armada venezolana y un alto funcionario del Gobierno, que serían próximamente imputados ante una corte federal en Brooklin.

En la semana del 6 de diciembre, se filtró que uno de los generales sería presuntamente Nestor Reveroll, comandante general de la Guardia Nacional (GN).

Esta acción, puede ser calificada de un “warning shoot”, que traducido significa un “tiro de advertencia”. Además, tuvo como consecuencia, la neutralización de la GN en los días pre y post electorales.

Desde la publicación de la información, si es que la GN tuvo alguna acción represiva, se inhibió al menos de publicitarla.

Finalmente, en la semana final del año, surge la especie de que, un presunto asistente o secretario del presidente Maduro, estaría presuntamente involucrado en el lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

Banesco Panamá, la institución mencionada por el diario Miami Herald, ha desmentido en remitidos de página completa la información. Lo que no necesariamente desmentiría el delito, si es que existe.

Por otra parte, llama la atención que es un caso de hace varios años, según el mismo reportaje. Data de la época en que el presidente Maduro era canciller.

¿Por qué sale a relucir este caso ahora, varios años después y no salió en su momento?

Responder a esta obvia pregunta, nos lleva a recordar lo que un diplomático estadounidense, acreditado en Caracas, dijo en privado a raíz de la destitución de un costaricense, como secretario general de la OEA.

Se trató del caso de Miguel Ángel Rodríguez, ex presidente de Costa Rica (1990-1994). Estrenándose en el cargo, s conoció de un coqueteo con el gobierno cubano. Lo que sería catalogado como inaceptable por los estadounidenses.

Resultó que Rodríguez había aceptado sobornos siendo presidente. Los organismos de inteligencia de EEUU lo habían detectado, pero no había dicho nada. Cuando se enteraron del coqueteo con los cubanos, habría liberado la información a un periodista de Costa Rica.

En relación a este caso, el diplomático dijo “Entiendan que la información que recabamos, es utilizada en función de los intereses de los Estados Unidos. Si no la necesitamos, no la usaremos”. No dijo más nada y tampoco reveló si habían sido ellos los responsables de entregar a Rodríguez a la justicia.

Son muchos los casos. En 1989 los estadounidenses se hartaron de los desmanes de Manuel Antonio Noriega, dictador en Panamá. Había trabajado con ellos para la CIA. Sabían muchas cosas de Noriega. Cuando traspasó los límites, sacaron las evidencias que tenía por narcotráfico.

El futuro inmediato

El análisis del conjunto de hechos y antecedentes, nos lleva a intuir que se ha venido rebanando desde el 2014 el entrono de Nicolás Maduro.

Primero fueron los posibles sucesores. Después fue la familia inmediata. Ahora el entorno de su confianza. ¿Sería una casualidad? No hay casualidades a estos niveles del poder y de la política. El Tio Sam viene tras Maduro.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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