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Elecciones en España Alejandro Arratia Guillermo

Elecciones en España Alejandro Arratia Guillermo


Alejandro Arratia Guillermo / @ib_americanos_.

El PSOE ha abandonado sus obligaciones con el sistema democrático. Buscarle explicaciones históricas a la actual conducta es pura retórica. Tanto los socialistas, como el Partido Popular, han obtenido mayorías absolutas sustentadas en la situación económica o acontecimientos políticos circunstanciales. Los ciudadanos no votan en el siglo XXI por la república o el franquismo. Prolongar hoy la inestabilidad institucional en España depende de la política partidista, las consecuencias las sentiremos en los próximos años. El populismo perdió este encuentro, pero las condiciones que le dan vida no han desaparecido

El 20 de diciembre 2015, con el rigor pertinente, el electorado le dijo al PSOE que su lugar era en la oposición y la tarea de recuperación del liderazgo disminuido por la desastrosa presidencia de Rodríguez Zapatero y la desacertada conducción de Pedro Sánchez; pero éste lejos de comprender el mensaje montó un teatrillo de triunfador y provocó el segundo proceso electoral consiguiendo peores resultados. Cualquier dirigente sensato rectificaría. Sánchez no, él espera un milagro que satisfaga su ambición, aunque a mediano plazo el PSOE fuere fagocitado por la ultra izquierda y los separatistas. Siete meses de incertidumbre disminuyen la credibilidad de los ciudadanos en las instituciones. Este PSOE ha abandonado -esperamos que transitoriamente- sus obligaciones con el sistema democrático.

Buscarle explicaciones históricas a la actual conducta de los socialistas es un ejercicio retórico. En cuatro décadas tanto el PSOE, como el Partido Popular, han obtenido mayorías absolutas sustentadas en la situación económica o en acontecimientos políticos circunstanciales. Los ciudadanos no votan en el siglo XXI por la república o el franquismo, más allá de los núcleos fieles y minoritarios, las motivaciones son empleo, vivienda, corrupción, crisis económica, opacidad del discurso, influencia de los medios de comunicación. Zapatero, con la memoria histórica, quiso actualizar la confrontación entre republicanos y nacionales –como Franco cuya estrategia era mantener viva “las dos Españas”- introduciendo una polémica harto peligrosa, pero reitero, electoralmente no decisoria.

Una respetable tesis sostiene que la génesis de la transición es anterior al deceso del dictador: la industrialización, la migración campo ciudad y al exterior, el crecimiento de las clases medias, el turismo, los progresos en la calidad de vida, la mentalidad consumista; estrechamente vinculado a la apertura de las relaciones internacionales, todo ello influyó en el pensamiento y las políticas de las elites dirigentes. El espacio anti-dictadura no lo ocuparon solo extremistas sectarios ajenos a la realidad, viviendo la resaca de la derrota y la ilusión de la república. Tampoco el franquismo fue inflexible; sin el pragmatismo que caracterizó al régimen y los golpes de timón en la conducción del Estado, cabe dudar que Franco mantuviera el poder por tanto tiempo

El 1º de abril 1956 quedó registrada una acción que ilustra acerca del momento y la pluralidad social e ideológica del antifranquismo: un grupo universitario publicó un manifiesto y realizó una protesta. La publicidad controlada pero intensa de los siete encarcelados, señalados responsables del libelo, llamó la atención de la población española por tratarse de jóvenes que habían adquirido la licenciatura universitaria y, fundamentalmente, porque cinco de ellos pertenecían a familias de los vencedores de la guerra civil y solo dos a los vencidos. Hijos y nietos con apellidos de destacados falangistas, o vinculados a funcionarios de alto nivel. Jóvenes descendientes de asesinados por alguno de los dos bandos. La acción provocó cambios en el gabinete y reflexiones en el franquismo.

Los días 7 y 8 de junio 1962 se realizó el Congreso de Múnich con la finalidad de reunir españoles del interior y el exterior para presentar una alternativa democrática y demostrar que la única opción no estaba en el comunismo. La reunión tuvo extraordinaria divulgación dentro y fuera del país. En el Congreso, arropado por el Movimiento Europeo (plataforma creada en 1948 para fortalecer la unificación), participaron 118 españoles. La reconciliación incluyó ex-franquistas que habían participado en la guerra civil. Los comunistas fueron excluidos. Se realizaba el encuentro con un propósito adicional: España estaba desarrollando la política de “salir del ostracismo internacional”, los de Múnich lograron bloquear la solicitud oficial (9/2/1962) para ser admitida en la Comunidad Europea.

He mencionado en los párrafos precedentes dos acontecimientos de suma importancia, reveladores de la complejidad política en la era del franquismo. La situación internacional y las consecuentes transformaciones de la sociedad española determinaron el pensamiento y las políticas de las elites dirigentes. Al margen de la voluntad del dictador y el búnker que le acompañaba, así como de los violentos nostálgicos de la república, el imaginario de la guerra civil se iba superando. Alrededor de 1957 España vive una fase de transigencia autoritaria (sin abandonar del todo las barbaridades represivas) que se profundizó con la presencia de los tecnócratas del Opus Dei en el gobierno. Se mantenía la contradicción entre la estructura política atrasada y la modernización de la sociedad.

Franco y los inmovilistas fueron siempre la muralla donde se estrellaban importantes iniciativas modernizadoras; sin embargo, el necesario aggiornamento, la incipiente flexibilidad política y el tangible avance del desarrollismo, apuntaban -a veces contra la voluntad de los actores- hacia la democracia liberal. La transición había comenzado. A la paz y la reconciliación de los españoles vendría luego a contribuir la Ley de Amnistía promulgada el 15 de octubre 1977, que entró en vigor el 17 del mismo mes. La gran tarea de la transición quedó plasmada en el Pacto de la Moncloa (27 de octubre 1977). La Constitución de 1978, aprobada por Senado y el Congreso el 31 de octubre, refrendada en referéndum el 6 de diciembre, definió un Estado social y democrático de derecho.

Regresemos al principio. El PSOE tiene dos alternativas: abstenerse permitiendo la formación del gobierno o votar en contra provocando el tercer proceso electoral. Hay variantes en manos de los socialistas y los resultados de esta semana (con algunas sorpresas) tras la elección de Ana Pastor (PP) a la presidencia de la Asamblea, indican que el Partido Popular guarda cartas por jugar. Prolongar la inestabilidad institucional en España depende de la política partidista; las consecuencias las sentiremos en los próximos años. El populismo perdió este encuentro, mas las condiciones que le dan vida no han desaparecido, la recuperación de los enemigos internos depende del comportamiento actual de las elites democráticas. El pasado cuenta pero no es decisivo en la coyuntura.

De los libros

En los últimos 30 años se han realizado algunos esfuerzos para explicar la figura del general Franco. Uno es la recopilación documental de Luis Suárez «Franco y su tiempo», gran historiador pero hombre limitado por su afinidad con el dictador. Otro fue el que Paul Preston realizó a mediados de los años 90 y que mostraba un evidente sectarismo de signo contrario.
-¿Han querido ustedes situarse en un punto medio?
–EP: Hemos querido retratar a un Franco «auténtico» con sus vicios, sus virtudes y en el ambiente en que se formó. […] Es importante comprender el carácter, el pensamiento y sus emociones. Por eso había que presentarlo como ser humano: un hombre frío, pero con nervio, y en su juventud, hasta con cierto talante romántico. Sin la mentalidad simplista que muchas veces se le ha atribuido.
-La República, la Guerra Civil y la Dictadura siempre suscitan polémica en España. ¿Hemos seguido combatiendo en otra guerra civil imaginaria hasta el día de hoy?
–EP: Bueno, una guerra civil revolucionaria más una dictadura de tantísimos años es algo difícil de superar. Cosas semejantes han pasado en Rusia, Ucrania, la antigua Yugoslavia y hasta en la Grecia contemporánea. Más allá de eso, España es un país que tiene grandes problemas de cohesión, tanto verticales como horizontales. Luego, las izquierdas españolas tienen una gran historia de extremismo, aunque actualmente sea más de lenguaje que de acciones. Y el cuarto factor es el momento político-ideológico con una nueva ideología dominante: el «buenismo» de la corrección política, acompañada de la nueva cultura del victimismo. Esto añade virulencia.
-Franco siguió durante la República la línea «posibilista» de buena parte de la derecha española hasta junio de 1936. A medida que va concentrando el poder, se radicaliza. A partir de la derrota del Eje, muta y permuta, pero gobierna hasta su muerte. ¿Puede decirse que Franco sólo era franquista?
–EP: De ningún modo tenía unas ideas «modernas». No tenía una ideología formalista, porque no era un intelectual y su pensamiento político cristalizó en los años 30. Siempre mantuvo los mismos principios: el autoritarismo, el nacionalismo, el regeneracionismo de derechas, el catolicismo más tradicional y el monarquismo, al menos en teoría. Entonces la dictadura nacional de partido único era lo más moderno. Años más tarde, no. Pero él no cambió. Siempre creía que la democracia y la liberalización después de 1945 eran aberraciones que durarían poco. Sólo tuvo que abandonar dos o tres cosas: el militarismo con fines expansionistas y con unas fuerzas armadas grandes, la idea de Imperio y el antiliberalismo económico. Claro que era sobre todo franquista. Fue un hombre muy firme, pero siempre con flexibilidad. Por eso, su Régimen cambió más durante su vida que cualquier otra dictadura de la historia contemporánea

STANLEY G. PAYNE, historiador. Opiniones tomadas de la entrevista realizada por Ángel de Antonio ABC. Madrid, 08/09/2014.

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