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Eloy Torres: “Gobierno ha olvidado nuestra reclamación sobre el Esequibo”

Eloy Torres: “Gobierno ha olvidado nuestra reclamación sobre el Esequibo”


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El internacionalista Eloy Torres descarta que los Estados Unidos estén preparando una intervención armada en nuestro territorio, como lo han interpretado algunos voceros del oficialismo, a raíz de las medidas anunciadas por ese país en las últimas semanas.

¿Se puede considerar que la reacción de EEUU, declarando una emergencia nacional frente a Venezuela, como señalan los voceros oficiales, constituye un primer elemento, para la preparación de una intervención armada en nuestro territorio?

— En absoluto. Por favor, estamos en el siglo XXI. Esta es una respuesta que ofrece el gobierno norteamericano frente a los 16 años de política exterior que ha tenido Venezuela con respecto a EEUU de insultos, improperios, discursos escatológicos, calificando, por cierto, a uno de sus presidentes de borracho, diabólico, que hedía a azufre, como se lo dijo Chávez a Bush en las Naciones Unidas.

En fin de cuentas, las relaciones de EEUU y Venezuela siempre han sido unas relaciones un tanto complejas. Pero por primera vez nos encontramos que un gobierno nuestro asume una diplomacia frente a los EEUU radicalmente procaz, escatológica, que no se parece en absoluto a la que en los ciento y tantos años que nosotros hemos tenido de relaciones con EEUU. Valga apelar a la historia para poner un ejemplo: en el año 1958, al caer la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el gobierno norteamericano, presionado por el Congreso de ese país, incluso, había aprobado una ley que afectaba los intereses petroleros venezolanos, en el sentido que prohibía seguir importando petróleo desde Venezuela.

El gobierno, entonces, lo que hizo en ese caso fue mandar una delegación sin escándalo, sin gritos, sin manifestaciones, sin decir: “Esto constituye una ofensa, una agresión contra el pueblo venezolano”. Incluso, hay que tomar en consideración que en mayo de 1958 el que iba a ser el presidente, Richard Nixon, fue vapuleado y casi maltratado físicamente por grupos de manifestantes en el Panteón Nacional y, no obstante, Venezuela y EEUU han mantenido su relación en términos de bastante armonía y de bastante respeto.

Asimismo, hay que destacar la posición de Betancourt frente a la posibilidad de intervenir militarmente a Cuba, a pesar de que Venezuela se veía afectada por el gobierno cubano, y éste se opuso, como se opuso a la intervención militar de la República Dominicana, y luego nuestro país ha hecho valer sus posiciones a lo largo de la historia con relación a los tratados de comercio de EEUU.

En fin de cuentas, han sido relaciones bastante complejas, difíciles, ricas en hechos, pero jamás habían alcanzado esos niveles de escatología, insultos e improperios como en estos últimos 16 años. Una política exterior, que yo la llamo prometeica y mesiánica, alrededor de un solo individuo que pretendía convertirse en representante, el portavoz de un pueblo, cosa que es totalmente falsa.

Hoy en día Venezuela enfrenta una situación de hecho, pero se trata de una situación de hecho que se puede resolver mediante la negociación, mediante el arreglo diplomático. Esos intentos de hacer manifestaciones, como yo he visto por el Metro, llamando a la gente a firmar en contra de la agresión norteamericana. Eso no tiene ningún sentido, eso no tiene ningún valor.

Primero, porque eso es un problema diplomático, y por el cual yo convoco a la racionalidad, a la ponderación, a la reflexión, a pensar las cosas con la cabeza y no con el hígado o con el corazón, sino sentarse a discutir con los EEUU. Eso es lo que importa. Pero, lamentablemente, no quisiera ser malinterpretado, y es que aquí hay una gran ignorancia, pero no ignorancia de alguna persona en particular, sino ignorancia porque no conocen el manejo diplomático. Hablo de ignorantes, porque no conocen este oficio: todo el mundo es ignorante. De acuerdo a lo que he estudiado de la diplomacia he llegado a la conclusión de que las grandes crisis se resuelven con el diálogo, mediante la discusión sana y de bastante respeto, y en términos diplomáticos, y no así como está ocurriendo en estos momentos.

¿Qué se entiende en los EEUU por declararse en emergencia frente a Venezuela?

— Bueno, aparentemente, es una decisión del gobierno norteamericano que puede considerar que hay una emergencia para ellos tomar las medidas que debían adoptar, y que considerasen que son necesarias, y para lo cual no requieren de la autorización del Congreso, ni de ninguna instancia del poder norteamericano.

Los EEUU simplemente están alertando, están promoviendo un conjunto de políticas que podrían parecer como amenazantes. Seguramente, la posterior declaración de la subsecretaria de Estado es para obligar al gobierno del presidente Maduro a ponderar su actitud: el respeto a los derechos humanos, el respeto al diálogo, a incentivar y procurar una situación en términos civilizados, frente a los factores oposicionistas, a liberar a los presos políticos.

Mi padre fue un hombre que asumió como suya la bandera de la insurrección en la década de 1960. Eso fue un gravísimo error; sin embargo, tuvieron la suficiente inteligencia, él como otros tantos, como para repensar su actitud, y decidieron cambiar de posición, y fue cuando dijeron: yo quiero interpretar ahora al país dentro de una postura democrática y civilizada.

Había que tener valor para poner su pellejo como garantía, para incursionar en el proceso armado, pero como también se dijo: había que tener mucho valor para reconocer que te equivocaste y rectificar, y hacerlo bien. ¿Por qué el gobierno después de quince años de un proceso de enfrentamiento permanente con EEUU, con Colombia, con México, con Perú, con Chile, con la Unión Europea, con todo el mundo, por qué no procura una salida democrática bien pensada?

Esta situación con EEUU coincide con la presencia de la Exxon Mobil en aguas territoriales o en discusión con Guyana, cuyo gobierno ha llegado a un acuerdo de exploración petrolera allí, lo que supone el desconocimiento, por parte de Guyana del Acuerdo de Ginebra. ¿No le parece?

— A mí me gusta mucho citar a Antonio Machado, quien en uno de sus aforismos decía: “Todo necio confunde valor y precio”. La relación con los EEUU tiene un valor incalculable. Por eso, incluso, se pueden reacomodar, rehacer. Tarde o temprano todo eso se va a reconstruir. Lo que no tiene precio es nuestra reclamación sobre el Esequibo, reclamación que ha sido olvidada por este gobierno durante estos 16 años.

Luego, su impericia, su desconocimiento, su ignorancia, acompañada de una irresponsable verborrea izquierdosa y tercermundista nos ha colocado en una situación en la que Guyana, un país que tenía que acatar lo establecido en el Acuerdo de Ginebra, hoy en día lo desconoce, y nos saca la lengua en el buen sentido, nos hace trompetillas; incluso, colocando el tema de nuestras salidas al Atlántico en entredicho.

Participa la Exxon Mobil, participa el Caricom con apoyo a Guyana, participa Brasil apoyando a Guyana, mientras Venezuela va quedando en una posición aislada, reducida a un espacio mínimo, y entonces para nuestro país es un drama, por cuanto el Caricom es una media luna que nos rodea y, a la hora de un conflicto, nos puede colocar en una situación muy difícil. Si nos trancan la salida al Atlántico se nos hace mucho más difícil todavía y Venezuela, repito, por esa actitud irresponsable y desconocedora del manejo diplomático del gobierno, hoy en día esté inmersa en una situación de indefensión; estamos prácticamente acorralados.

Hay varios analistas que han planteado el tema de Guyana y dicen que es gravísimo, que es urgente, y que hay que buscarle una solución. El gobierno debería pensar con cabeza muy fría, sentar a todos los factores de la oposición, para lo cual tiene que hacer un conjunto de concesiones; sentar a los sectores económicos, sindicales, empresariales, eclesiásticos: a todo el país; a los fines de defender el Acuerdo de Ginebra, para hacer hacerle ver a ese país que tiene que reconocer lo tratado allí. Porque ese es un compromiso que ambas partes acordaron, en presencia de los ingleses.

Al obligar a cumplir lo establecido en el artículo 4 del Acuerdo de Ginebra, estamos haciendo valer nuestra presencia geopolítica en el mundo.

¿Qué papel jugó, a su juicio, Unasur como mediador en la situación tensa por la que atraviesa nuestro país? ¿Hay quienes observaron una cierta torpeza en el manejo de las relaciones?

— Cuando me han consultado, yo he dicho que a mí me parece muy bueno que venga Unasur, y que venga la OEA a ayudarnos a distender el clima interno. Pero la primera fuerza que debe determinar el adecentamiento y la reducción de la conflictividad es el propio gobierno, porque el gobierno es el que maneja todos los poderes públicos, es quien controla las fuerzas armadas y quien debe propiciar un diálogo con ese grupo de partidos y movimientos que, cabalgando sobre un sentimiento nacional, anda buscando una salida democrática al problema que tiene planteado Venezuela.

La visita de Unasur fue solamente un saludo a la bandera, saludo a la bandera que miraba sólo para el gobierno. No fue muy feliz el manejo mediático que hiciera el secretario general de Unasur, el ex presidente Ernesto Samper, y quien mostró su verdadera vocación pro-gobierno venezolano. A mí me parece que Unasur actuó en una forma muy acomodaticia, con una visión falsificada sobre los hechos de este país. En este instante hay demasiada información sobre Venezuela, y estos señores de Unasur saben perfectamente qué es lo que pasa en nuestro territorio.

El problema con EEUU es algo que se soluciona en forma diplomática, y no es la primera vez que Venezuela sostiene una situación tensa con EEUU, en tanto que el problema con Guyana sí es grave.

Porque perdemos el Esequibo, perdemos nuestra salida al Atlántico y nos vamos a encontrar con factores que nos son adversos hoy y toda la vida, que nuestro país, mediante acuerdos de cooperación, ha logrado atenuar, ha logrado reducir a un mínimo esos márgenes de tensión con Venezuela.

¿Usted cree, como dicen algunos voceros oficialistas, que el presidente Hugo Chávez fomentó una nueva geopolítica en el mundo?

— Yo no he visto todavía la geopolítica de Chávez. Lo que he visto ha sido una acción zigzagueante, poco coherente, poco cónsona con el interés nacional. Geopolítica para nosotros debe significar la optimización de los beneficios y, honestamente, yo no veo que nosotros lo hayamos hecho. La geopolítica de Chávez no ha existido.

Las relaciones diplomáticas cambian muy poco, y sólo lo hacen cuando los grandes factores deciden cambiar. Desde que Venezuela firmó en 1961 el Tratado de Viena, el esquema de funcionamiento de las embajadas y de las relaciones diplomáticas no ha variado. Eso de que con el advenimiento de Chávez al poder y ahora con Maduro ha cambiado la geopolítica mundial, eso es la mentira más grande, porque la diplomacia se trata de un entendimiento entre los actores.


Cancilleres han sido ignorantes

¿Qué opinión le merece la forma como se está llevando a cabo la política exterior de Venezuela?

— Lamentablemente, la política exterior venezolana, a través de su instrumento que es la diplomacia, está siendo muy mal manejada desde hace 16 años, salvo el momento en que estuvo José Vicente Rangel, que se trata de un hombre bastante ponderado. Por tratarse de un político muy conocedor siempre se mantuvo en los límites de las proporciones e, incluso, podemos decir: cuando Roy Chaderton era más o menos sensato también se manejó con una cierta ponderación nuestra diplomacia, pero el resto de los personeros que han ocupado el despacho de Relaciones Exteriores se han comportado como unos grandes ignorantes.

No es posible que Venezuela actúe, en ese sentido, como un carrito chocón. No es posible que con el conflicto que se ha tenido con EEUU, el presidente Maduro haya tenido un choque también con Uruguay y haya agredido al vicepresidente de ese país, siendo su aliado en el Mercosur. Eso es inexplicable. Para eso está el canciller, para aconsejar al presidente, pero es que resulta que nuestra actual canciller se metió, incluso, con Roberta Jacobson, la vocera del gobierno de EEUU para la América Latina, llamándola petulante.

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La Razón

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