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En el diverso Londres conviven opiniones dispares sobre UE

En el diverso Londres conviven opiniones dispares sobre UE


Cuando Gran Bretaña decida el jueves si abandona la Unión Europea, la opinión de Londres podría resultar decisiva. Pero, ¿para qué bando?

La capital británica, donde viven casi 9 millones de personas, abarca las zonas más partidarias de la UE en el país, pero también las más opuestas.

En la City, el cosmopolita distrito financiero, donde casi medio millón de personas de todo el mundo trabajan en el mayor centro financiero de Europa, predomina el sentimiento proUE. Pero apenas a unas millas de distancia, el barrio de Havering, bastión de los East Enders de clase obrera, lideró un sondeo nacional como el lugar más opuesto a la Unión Europea en Gran Bretaña.

Los dos distritos representan las posturas enfrentadas en el corazón del debate británico sobre la UE. Uno ve como un beneficio la libertad de desplazamiento de personas y dinero. Otro lo percibe como una amenaza.

El pescadero David Crosbie, que trabajaba en una mañana de lluvia ligera en el mercado callejero de Romford, en Havering, es un entusiasta defensor de la salida de la UE, conocida popularmente con el juego de palabras “brexit”. Para Crosbie, la decisión tiene mucho que ver con las fronteras en tierra y en el mar. El pescadero dijo estar harto de pescadores europeos que faenan en las aguas que rodean Gran Bretaña amparados por la política común de pesca de la UE.

“Franceses, portugueses, suecos, holandeses… el que sea. Todos pueden venir. Llegan hasta la playa”, afirmó. “Además, no hay control de inmigración. Cualquiera puede venir aquí, cualificado o no cualificado”.

La inmigración se ha convertido en el asunto que más emociones despierta en la campaña para el referéndum del jueves. El tema aviva el miedo a la inestabilidad entre los votantes y ha provocado acusaciones de xenofobia de los partidarios de permanecer en la UE.

La UE se basa en el principio de que sus ciudadanos pueden vivir y trabajar en cualquiera de los 28 estados miembros. Desde que el bloque se expandió a los antiguos países comunistas en el este de Europa hace más de una década, cientos de miles de personas se han mudado al este, a Gran Bretaña y otros países más prósperos de la UE.

La percepción de que los migrantes de la UE han llegado para arrebatar los empleos -y, de forma algo paradójica, para vivir de prestaciones sociales- ha avivado el sentimiento a favor de la salida de la UE en Havering y otras zonas euroescépticas.

Pero 15 millas (24 kilómetros) al suroeste, en el corazón histórico del Londres financiero, el responsable de política local Mark Boleat alega que miles de empleos, así como la posición de Londres como núcleo financiero, dependen de la UE.

“La Unión Europea ha sido buena para el país en general muy buena para los servicios financieros”, dijo Boleat, que lidera el comité de política de la Corporación Ciudad de Londres, que gestiona el distrito financiero. “Muchos empleos dependen de ella, y creemos que salir de la Unión Europea sería correr un riesgo considerable”.

Esa es la opinión del Economist Intelligence Unit, que dijo la semana pasada que abandonar la UE pondría en peligro la posición de Londres de núcleo financiero, “casi con certeza privaría a las firmas financieras con sede en Gran Bretaña de su pasaporte para hacer negocios en cualquier lugar de la UE”.

En la City, dijo Boleat, “aceptamos que formamos parte de una comunidad global y nos beneficiamos de ello. Pero esa visión no se comparte en todos sitios”.

La City, construida sobre las ruinas del Londres romano y medieval, irradia solidez y riqueza, con sus bloques de oficinas con fachadas de cristal y sus imponentes edificios de ladrillo y piedra, como el Banco de Inglaterra, construido en el siglo XVIII.

Havering -una parte del condado suburbano de Essex absorbido por la zona metropolitana de Londres en 1965- es un lugar corriente con viviendas del siglo XX e hileras de comercios en calles atareadas. Muchos vecinos son cockneys que se mudaron fuera del East End de Londres buscando más espacio y tranquilidad, o siguiendo a sus hijos.

No es la zona más pobre de Londres pero sí una de las de menor diversidad étnica: el 83% de los vecinos se identifica como “británicos blancos”, en comparación con el 45% de Londres en general. Casi el 90% de los residentes de Havering nació en Gran Bretaña, frente al 63% de todo Londres.

Como otras autoridades locales, el consejo de Havering ha visto reducirse el financiamiento que recibe del gobierno central dentro de las medidas de austeridad que pretenden reducir el déficit nacional. Los servicios como la atención sanitaria y la recogida de basuras han sufrido recortes.

Mientras tanto, los precios al alza de los bienes raíces en propiedad o arrendados hacen que mucha gente tenga problemas para conseguir buenas viviendas y las residencias subvencionadas escasean.

“Nos han dicho que hay austeridad, que debemos recortar”, dijo Lawrence Webb, un concejal de Havering del anti UE Partido de Independencia de Gran Bretaña (UKIP, por sus siglas en inglés). “Los dos presupuestos que no se han recortado son nuestra cuota de membresía a la UE y la ayuda al exterior. Nuestra opinión es que ese dinero debería gastarse aquí. De modo que dejen de dar ni un centavo a Bruselas hasta que pongamos nuestra economía en orden”.

Los partidarios de la permanencia en la UE afirman que la austeridad del gobierno deriva de la crisis financiera de 2008 y las decisiones de los políticos británicos, no de la UE.

Y los orígenes de la crisis de vivienda de Londres se remontan varias décadas en el pasado, a las reformas de la década de 1980 que dieron a los inquilinos de viviendas públicas el derecho a comprar sus casas. Muchos pisos y casas propiedad del ayuntamiento pasaron a manos privadas y se han construido pocos para reemplazarlos.

Sin embargo, en Havering se suele culpar a los migrantes y la UE, donde muchos dijeron que no ven las ventajas de la inmigración.

“Dicen (que los inmigrantes) contribuyen a la economía”, dijo Jackie Duvall, investigador de mercado. “No lo dudo, pero al final, ¿a dónde va el dinero? ¿A dónde van los impuestos extra? ¿Van a los hospitales? No. ¿A la educación, al sistema penitenciario? NO va a ningún sitio. De modo que es una estafa”.

Esa opinión es menos habitual en el centro de Londres, y no sólo en el distrito financiero. En zonas multiétnicas como Camden o Islington, es raro ver un cartel a favor del “brexit”.

Amy Wilson, una consultora tecnológica de 27 años en la City, que dijo estar “muy a favor” de la permanencia y que los partidarios de abandonar la UE, que tienden a ser mayores, se ven motivados por una nostalgia poco realista.

“Creo que las generaciones más jóvenes saben que las cosas no pueden volver a como eran antes”, dijo. “Porque ahora vivimos en un mundo muy interconectado, y no podemos vivir en búnkeres”.

AP

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