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En espera “De Elecciones”

En espera “De Elecciones”



En material electoral, como en toda su gestión, el gobierno está violando descaradamente la Constitución. Debió haber convocado las regionales y municipales, y no lo ha hecho por estar tan convencido de la ominosa derrota que sufrirá, como seguro de su victoria, la oposición democrática. Deja en claro que solo acepta los comicios si los da por seguros, y de esa manera viola adicionalmente la CDI de sus tormentos. Proporciona, así, un sólido cimiento al servicio de la oposición, para su feliz unificación de los objetivos de la democracia venezolana compartida con los del sistema jurídico interamericano y mundial.

Nada hay en el horizonte capaz de alterar semejante ecuación, dado que en lugar de soltar presos, reconocer las potestades de la AN, desarmar a sus paramilitares, abrir el canal humanitario y convocar elecciones supervisadas y creíbles, el régimen pretende quebrarla a punta de balas y lacrimógenas. Dos dedos de frente lo hubiesen sacado de su error. Las protestas más bien se han multiplicado. Si hubiera optado por liberar los presos políticos, respetar la AN, desarmar los siniestros colectivos y fijar el cronograma electoral, a lo mejor le hubiese ido mejor. La función del liderazgo –préstame tus palabras, Rosa Luxemburg- es darle unidad de propósitos a las variadas protestas. Es tarea muy difícil porque los reclamos espontáneos crecen como la verdolaga. Pero es justamente lo que ha logrado La MUD, demostrando un plausible liderazgo. Combinando cabeza fría y corazón caliente ha demostrado que la unidad y fortaleza opositoras se hacen incontenibles sobre la base de políticas que en su racionalidad mantengan unida la universal presión democrática sobre Venezuela.

Se ha mundializado el punto cuatro de su agenda, que es la salida electoral. La comunidad internacional, convencida de la índole antidemocrática del régimen, la tiene por lógica. ¡Que el pueblo decida con su voto! La Constitución contempla las fechas. Se comprende que izquierda, derecha, ni-ni, centro derecha y centro izquierda (si alguien sabe lo que denotan esas pomposas definiciones) no puedan compartir los programas de los contendientes de un país, pero sí pueden respaldar firmemente la tesis democrática que sostiene a todas las naciones y fundamenta el estado de derecho. El soberano decide. En ese firme se afinca la poderosísima unión de países que, coincidiendo con la MUD, tienen contra la pared al gobierno paramilitar de cada vez menos militares.

El maximalismo, variedad del extremismo, sacrifica todo a una partida de dados; por ejemplo: anteponerle al sufragio -eje de la unidad nacional e internacional- la renuncia o expulsión del Gobierno. ¿Cómo? ¿A pecho descubierto? Y también: ¡Marchas y Plantones, no! ¡Tirarse a la calle pa´ Miraflores! En fin, bajarse en plena carrera del caballo que con audiencia mundial va punteando, a cambio de juramentos que terminarán culpando a la MUD por no haberlos compartido.

La agenda de la MUD, con sus más y sus menos, es un modelo de realismo y racionalidad. Pero las emociones circundantes son agresivas.

 

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