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En Venezuela los invidentes son excluidos sociales

En Venezuela los invidentes son excluidos sociales


En el marco del Día Internacional del Bastón Blanco, la inconciencia ciudadana, las edificaciones sin accesibilidad, la carencia de espacios educativos y la capacitación de los docentes para enseñarlos son las trabas más recurrentes que viven las personas con discapacidad visual en Venezuela, aún en el siglo XXI.

Carlos García es técnico superior universitario en Electrónica Industrial y estudiante de Ingeniería en Computación. A sus 29 años perdió la visión por una retinopatía diabética, razón por la que tuvo que ausentarse de la empresa avícola donde trabajaba como supervisor. Durante su reposo, obtuvo el certificado de rehabilitación con el que volvió al empleo, apoyado de una laptop para demostrar que aún conservaba las habilidades electrónicas, pero fue destituido del cargo.

“Alegaban que por ser ciego no podía desempeñar las actividades para las que fui contratado. No hicieron el esfuerzo por reubicarme en otro espacio”. El despido de García, lo direccionó hacia la formación tiflotecnológica de personas con discapacidad visual y sin deficiencias visuales. “Hay muchos paradigmas. El vidente aún margina al invidente. Nosotros podemos generar un producto o estar incluidos efectivamente”. Señaló que la discapacidad no es sinónimo de inutilidad o aislamiento. Lamenta que la colectividad desmerite las capacidades de un “ciego”.

García desconocía la necesidad de lugares accesibles. La vida le dio un vuelco y hoy se atreve a decir que más del 90 por ciento de los espacios públicos en la ciudad no tienen accesibilidad y son una limitación que les cuesta una lucha constante. Pese a la existencia de la Ley para Personas con Discapacidad, él considera que no se cumple a cabalidad.

Educación viciada

El carente adiestramiento de los maestros para evaluar y dirigir a quienes padecen de ceguera es un camino rocoso que deben atravesar los aprendices, por lo que el técnico en Electrónica resalta que algunos profesores son poco flexibles. García propone que sean formados con la misma exigencia de un alumno regular, pero con directrices de apreciación basadas en las herramientas de las que dispone el estudiante.

William Salas es periodista de la Dirección de Medios Comunitarios de la Alcaldía del municipio San Francisco y un ejemplo de la discriminación en estándares educativos. Define su preparación universitaria como el peor recuerdo. Su discapacidad es congénita, nació con desprendimiento de retina.

Hace 20 años batalló por el título en la escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia. Husmeó su pasado y recuerda que un grupo de profesores hizo de sus ansias de aprender “una tortura”, pues para ellos, un invidente no podía ejercer el periodismo audiovisual. “Hablan de inclusión, pero primero hay que definirla, ¿realmente estamos incluidos?”. Salas trabaja a diario para demostrar ante los ojos de la sociedad que una persona con discapacidad visual sí puede lograr sus metas. “Un invidente tiene cerebro y puede pensar”.

Pocas alternativas

En el Zulia hay tres centros educativos para los infantes con discapacidad visual, uno en Cabimas, uno en el municipio San Francisco y uno en Maracaibo, el resto de la región está desprovista de instituciones para su aprendizaje. Milgleth Pérez, coordinadora regional de Educación Especial, considera que es necesario impulsar la creación de institutos pilotos acorde al eje geográfico.

Micchel Becker, directora del centro de atención integral Mario Florentín, asiste a 82 alumnos con discapacidad visual y confiesa que el 20 por ciento de los cursantes son foráneos y el porcentaje restante son de familias de escasos recursos. La afluencia de los pequeños es irregular.  Él desea que la mirada de los entes correspondientes se pose en las necesidades de los representantes con hijos invidentes y se aboquen a la construcción de sedes en el territorio regional.  “La matrícula ha subido desde hace cuatro años. Muchas de las madres de mis estudiantes son jóvenes”.

Nieves Durán, oftalmóloga especialista en baja visión, explica que el aumento de personas con discapacidad es mundial y se origina por una retinopatía de la prematuridad, una patología causada por el crecimiento de vasos sanguíneos anormales en la retina. Esta enfermedad ocular es común en los embarazos a temprana edad que, según argumenta la experta, se están incrementando a diario.

“Hay muchas adolescentes que quedan en estado y que no están orientadas. Suelen pertenecer a un estrato social bajo”. En los últimos años, el incremento de infantes con baja visión alude a este perfil materno. En su consulta, semanalmente, recibe cuatro pacientes con baja visión. La degeneración macular es la causa más frecuente de su visita y que por lo general, viene asociada a la diabetes.

Isamar Prieto/La Verdad

 

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