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Entre julio y septiembre ocurrió una protesta cada 8 horas

Entre julio y septiembre ocurrió una protesta cada 8 horas


Nicolás Maquiavelo dijo que un príncipe no sería odiado en la medida en que mantuviese al pueblo contento. Y que esto debía ser uno de los aspectos más importantes para que un principado conservase el poder, pues estaba demostrado que el desprecio era una causa de ruina. Aunque han pasado 504 años desde entonces, la premisa aún tiene vigencia.

En Venezuela gran parte de la ciudadanía se ha plegado al pulso constante y regular de la protesta. Sobrevive en un entorno de conflictividad social cuyo ritmo es habitual. En el tercer trimestre del año, entre julio y septiembre, se reportaron 307 manifestaciones en el país, de acuerdo con el monitoreo en Twitter que hace la Unidad de Datos de Reporte Ya, que agrupa una red de más de 7.000 reporteros ciudadanos formados por la Fundación Miguel Otero Silva.

Durante el período analizado, el descontento se tradujo en acciones de calle por fallas en la distribución y escasez de alimentos, exigencias de la activación del referéndum revocatorio, reivindicaciones laborales y salariales, falta de servicios básicos, inseguridad, insumos médicos, entre otros.

La protesta que se ha vuelto cotidiana en la vida del venezolano empieza a mostrar patrones que permiten caracterizarlas. Las tendencias que el monitoreo arrojó en relación con el periodo julio-septiembre es que la mitad de esas actividades sucedieron los días lunes, martes y miércoles entre las 9:00 am y las 11:00 am. En promedio, se registró 1 protesta cada 8 horas, mientras que 3 de cada 4 implicaron el cierre o la toma de vías de circulación. Los estados más conflictivos durante el tercer trimestre fueron Miranda, Distrito Capital, Vargas, Carabobo y Aragua (ver infografía).

Otros eventos también tuvieron incidencia. Se reportaron 22 saqueos en supermercados, galpones y camiones, mientras que 8 sedes policiales fueron atacadas con granadas.

El periodista Jeanfreddy Gutiérrez, coordinador de la Unidad de Datos de Reporte Ya, explicó que para analizar los datos recabados a través de las redes sociales, y confirmados por el equipo a cargo de la investigación, se crearon categorías para definir las dimensiones de una protesta –lugar, motivo, horario, detenidos, cuerpo policial que actuó–. La información fue asentada en hojas de Excel, lo procesado se analizó y se visualizó en infografías. “Nos concentramos en armar una base de datos con todo lo que se replica en la red de Reporte Ya. Información que se corrobora con cuentas de periodistas antes de ser difundida”, señaló Gutiérrez.

Los constantes tuits que Reporte Ya recibe sobre la conflictividad en el país son una muestra del deterioro social generalizado, que se ha acelerado en los últimos meses y se prevé que va a empeorar: según cálculos del Fondo Monetario Internacional, la economía venezolana tendrá una caída de 10% este año, 500% de inflación, 20% de desempleo y 6,2% de retroceso en el PIB. La encuestadora Datanálisis agrega a las estadísticas que la escasez de alimentos sobrepasó 80%. Fallas en el abastecimiento de comida lideraron las causas por las que más se protestó en el período analizado.

Ciclo de conflictividad. “Al no haber respuesta ni gestión del Estado para atender las necesidades de los ciudadanos en medio de una crisis sistemática, los problemas se van acumulando y generan más dificultades. Esto hace que se registre la más alta conflictividad de la historia. Como consecuencia, el país perdió su modo de vida habitual”, expone el politólogo Luis Salamanca.

El académico agrega que el gobierno no repara en protestas pacíficas: “Solo responde a aquellas que puedan ser disruptivas, cruciales”. Cita la protesta de transportistas del pasado 21 de septiembre, en la que 500 conductores en 5 municipios del área metropolitana de Caracas estacionaron sus vehículos en la avenida Francisco de Miranda, frente a la sede del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, durante 8 horas para exigir el aumento del pasaje a 60 bolívares. Esta semana el gremio logró su objetivo.

Por su parte, Miguel Martínez, profesor de Estudios Políticos de la Universidad Simón Bolívar, opina que hasta ahora se ha mantenido una desconexión entre la protesta de carácter socioeconómico y la política. Por ello, la desembocadura de la conflictividad es incierta.

“No hay un movimiento nacional de protesta que diga que todas apuntan a que haya un cambio político. Cada quien protesta en su área y no se encadenan unas con otras para generar una acción resaltada. La gente está reclamando hechos sociales, politizarlos es más complejo y requieren de una dirección para que transcienda”, añade Salamanca.

Martínez acota que estos eventos dispersos y escasamente coordinados, aunque tienen peso en regímenes democráticos, “suelen ser poco efectivos cuando van dirigidos a regímenes autocráticos que abiertamente desconocen la voluntad del pueblo”. Por eso, para alcanzar un mayor impacto menciona que es necesario la organización,  una conducción estratégica y una narrativa eficaz de la protesta. Además, las personas deben asumir la determinación de movilizarse una y otra vez con la convicción de que con ello pueden lograr cambios.

Hasta el momento lo que sí es visible, afirma Salamanca, es una urgencia política que busque una solución a las exigencias de los ciudadanos. Y ante la percepción de un posible cierre de la vía electoral, para 2017 el pronóstico no es alentador. “Si no se logra el revocatorio la situación se va a tensar. Eso producirá alarma en el sistema”, advierte. No sin razón Maquiavelo concluyó que un príncipe, cuando tiene el pueblo en su contra, debe temer todo y a todos.

El Nacional

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