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Escándalo Merentes debilita refinanciamiento de la deuda

Escándalo Merentes debilita refinanciamiento de la deuda


El escándalo provocado por el presunto hurto, a un apartamento de Nelson Merentes en una población del estado Vargas, ha colocado al país en una situación de debilidad ante los acreedores de la deuda venezolana.

Al no haber una versión oficial, y mucho menos una aclaratoria sobre este hecho, el suceso ha tomado cuerpo en los medios digitales y hasta en la prensa escrita.

Los presuntos detalles, que hasta el momento han revelado las publicaciones de la prensa escrita como El Nacional y El Impulso, así como también unas dos decenas de portales en Internet, han llevado la noticia a niveles muy sensibles para la opinión pública internacional.

Inicialmente, la edición digital de El Nacional se hizo eco de lo publicado por el portal “A Todo Momento”, que había citado fuentes extraoficiales que estimaron el robo en más de 300 mil dólares.

Una cifra en efectivo de esta magnitud, y de ser cierta la cantidad, constituiría un asunto muy grave y serio para cualquier presidente de cualquier banco privado en cualquier país del mundo. Mucho más si esa persona preside un Banco Central. Sobre todo, dada la normativa legal internacional y nacional relativa al lavado de dinero y la legitimación de capitales.

Depositar esta cantidad en un banco, requiere demostrar su origen lícito. En el caso de Venezuela, y de muchos otros países, tenerlo en efectivo constituye un delito cambiario. En tanto de los Estados Unidos, es tomado como una evidencia de evasión fiscal o dudoso origen.

Con el paso de los días, y han sido pocos, el tratamiento informativo de este suceso no aclarado, escaló a otras esferas.

La difusión de presuntas fotografías de Merentes en las redes sociales, en relativa intimidad, catapultó el suceso de una evidencia de presunta corrupción gubernamental, a un tipo de corrupción más baja y de mayor sensibilidad para la opinión pública internacional.

En estos tiempos, el abuso de menores, la pederastia, la violencia de género, la pornografía infantil y la difusión de material relativo a estos comportamientos, configuran delitos perseguidos internacionalmente.

Hasta el momento de este suceso, el presidente Nelson Merentes era señalado políticamente de haberse plegado a las exigencias –consideradas inflacionarias por economistas- del gobierno de Nicolás Maduro. Con lo que el BCV habría perdido su autonomía e independencia frente al Ejecutivo.

Ahora, inmerso el país en una profunda crisis económica, con sostenido decrecimiento, bajos precios del petróleo, alto endeudamiento y al borde la hiperinflación y el default de la deuda, es precisamente el presidente del BCV uno de los interlocutores válidos para entenderse y negociar con los acreedores directos, los organismos financieros multilaterales (FMI, BM; BID, entre otros) y la banca privada y pública internacional.

La pregunta que surge es evidente: ¿Con qué cara se presentará Merentes a renegociar la deuda venezolana a punto de vencer si no aclara este suceso?

Otra pregunta, si hay la sospecha de que la cifra pudiera ser cierta, ¿Quién le va a prestar al país si existe la idea –por mínima que esta sea- de que parte del nuevo préstamo pudiera terminar en el apartamento de playa de un alto funcionario del Estado venezolano?

Finalmente, ¿a quién designará el presidente Nicolás Maduro para renegociar la cuantiosa deuda a punto de vencer?

Nelson Merentes debería haber atajado a tiempo este reciente escándalo del cual es el protagonista principal.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

 

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