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Escasez de agua una realidad

Escasez de agua una realidad


El aumento de la población, aunado al déficit de nueva infraestructura, la falta de mantenimiento a los embalses y el despilfarro del agua, son factores que convergen para agravar la situación.

La escasez de agua que afecta en estos momentos a la población venezolana ha obligado a las autoridades a declarar la emergencia en siete regiones del país y a imponer fuertes medidas de racionamiento para tratar de extender el servicio del vital líquido hasta mediados de mayo próximo, fecha en la que se estima comenzará el período de lluvias. Sin embargo, varios expertos aseguran que la crisis pudo evitarse, porque la situación actual era completamente “predecible”.

 

El ministro de Ecosocialismo y Aguas, Ernesto Paiva, ha declarado a la prensa nacional en reiteradas ocasiones que Venezuela sufre los embates de una fuerte sequía que se ha prolongado por tres años consecutivos como consecuencia del fenómeno climático El Niño, evento que en el territorio nacional se manifiesta con déficit de lluvias e incremento de la temperatura. “El hecho de que hayan sido tres años continuos ha impedido que los embalses se recuperen”, dijo Paiva a una televisora el pasado 22 de enero.

 

 

Por tratarse El Niño de un evento climático no controlable por el ser humano, resulta imposible evitar que el fenómeno en sí se manifieste. No obstante, lo que sí es factible es disminuir su impacto en la población, ya que se trata de un hecho “previsible en su totalidad”, asegura el hidrometeorologista Abraham Salcedo, jefe del Departamento de Hidrometeorología de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

 

 

“Hay un problema de planificación. Esto que padecemos actualmente pudo haberse evitado ciento por ciento”, insiste Salcedo, al tiempo que recuerda que desde el año pasado se sabía que El Niño impactaría a Venezuela.

 

 

Crisis anunciada

Los efectos negativos de El Niño han sido tan preocupantes que la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó el 23 de diciembre de 2015 la resolución 70/100, en la cual alerta que El Niño de 2015/16 “probablemente tendrá un impacto a nivel mundial, en particular en los países en desarrollo”.

 

 

 

En ese documento, la ONU destaca la gravedad y “la urgencia” del asunto ya que en distintos informes internacionales se señalaba que este evento climático experimentaría una máxima intensidad de tres meses en los periodos de octubre a diciembre de 2015, y posteriormente de diciembre a febrero de 2016, situándolo “entre los tres episodios de El Niño más fuertes registrados desde 1950”.

 

El hidrólogo José Rafael Córdova afirma que la ocurrencia de El Niño “puede pronosticarse con un alto nivel de confianza”. En este contexto comenta que el National Center for Environmental Prediction (NCEP- NOAA) emite en forma rutinaria información sobre la evolución de este fenómeno, y no es la única institución.

 

 

El 16 de noviembre de 2015, la Organización Meteorológica Mundial publicó que para el mes de octubre de ese año “tanto el agua como la atmósfera de las zonas tropicales del océano Pacífico, indican la existencia de un fuerte fenómeno de El Niño”. De hecho, la ONU tomó como referencia este informe para exhortar a los países a elaborar estrategias para “prevenir, mitigar y reparar el impacto socioeconómico y ambiental adverso de El Niño de 2015-16”.

 

 

Año seco, problema viejo

De acuerdo a análisis realizados por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), en los últimos 40 años durante los períodos 1973-1974, 1982-1983, 1997-1998, 2002-2003, 2009-2010 y 2013-2015, las precipitaciones se han ubicado por debajo de los promedios históricos. Es por ello que Córdova, quien además es profesor del Postgrado en Ingeniería Hidráulica de la UCV, no duda en afirmar que este tipo de sequías “han ocurrido en el pasado y seguirán ocurriendo en el futuro, pero su impacto dependerá de la intensidad con que ésta se produzca y la capacidad que tengan los sistemas de abastecimiento para satisfacer las demandas de agua”.

 

 

 

Y es que la escasez del vital líquido no solo afecta el suministro de agua potable sino que además compromete el sistema de riego necesario para la producción agrícola, e influye en la generación de energía hidroeléctrica, tema que se abordará en un próximo Expediente.

 

 

 

Ante este panorama surge la interrogante de si Venezuela está preparada para enfrentar la sequía del 2016.

 

 

Según el ingeniero Eduardo Páez Pumar, miembro del Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV) y secretario general de la Asociación Integral de Políticas Públicas (Aipop), la respuesta es negativa. El experto asegura que el país no cuenta con un adecuado plan de contingencia para hacer frente a la crisis porque no existen suficientes reservorios de agua para satisfacer la demanda.

 

 

A juicio de todos los expertos consultados, son múltiples los factores que convergen para agravar la crisis, entre ellos, el aumento de la población, la escasa construcción de nuevos reservorios, la falta de mantenimiento a los embalses y el uso poco racional del recurso hídrico.

 

 

 

Para el ingeniero Páez Pumar, el principal problema radica en que en las últimas dos décadas la población venezolana se ha incrementado considerablemente, pero no se ha construido, en paralelo, nueva infraestructura para recoger agua. “Hay una relación directa entre la cantidad de agua almacenada y la población del país. En los últimos 18 años no se construyeron nuevos embalses, es decir, que no se almacenó agua para los 9 millones de habitantes nuevos que tiene ahorita Venezuela”, enfatizó Páez Pumar.

 

 

 

Una muestra de ello es el caso del Acueducto Metropolitano de Caracas, que surte de agua al Distrito Capital y parte del estado Miranda. Según cifras manejadas por el ingeniero, la demanda de este sistema hidrológico se ha incrementado en los últimos años en al menos 795 litros por segundo, a raíz de la construcción de unidades habitacionales de la Misión Vivienda Venezuela en la Gran Caracas, las cuales albergan aproximadamente a 171.700 personas repartidas en al menos 34.349 casas.

 

 

 

 

Por su parte, el ingeniero electricista Miguel Lara Guarenas, ex gerente general de la Oficina de Operación de Sistemas Interconectados (Opsis), asegura que Venezuela se ve más afectada que otros países por la sequía debido a que la infraestructura requerida “para manejar hidrologías desfavorables, con o sin la presencia de El Niño, resulta actualmente insuficiente, ya sea porque no se ha construido, porque su edificación está retrasada o porque la que se construyó no opera adecuadamente”.

 

 

 

En Venezuela se han edificado desde 1929 al menos 98 embalses, de los cuales solo dos fueron concluidos en el período 1999-2015: la represa de Caruachi en el estado Bolívar, inaugurada en 2006 para la generación de energía hidroeléctrica; y la ampliación del embalse El Diluvio en Zulia, conocido hoy día como Tres Ríos, el cual surte de agua a Maracaibo y se usa para el regadío de 20 mil hectáreas en esa región.

 

 

 

En 1929 se inauguró un solo dique, otros 7 en la década de los años 40′ y seis más en la de los años 50′, pero el mayor número de obras se realizó entre 1959 y 1998 con un total de 73 presas. Sin embargo, no todas están operativas. Páez Pumar explica que algunos de esos embalses se han perdido por diversas razones: sedimentación, mal tratamiento de la cuenca, erosión, tala en las cabeceras, contaminación, entre otras.

 

 

 

Durante la última década también se inició la edificación de dos nuevas represas: Tocoma en el estado Bolívar y Cuira en Miranda, pero ambas construcciones están retrasadas en su tiempo de ejecución. En el caso de Tocoma, también conocido como Central Hidroeléctrica Manuel Piar, la obra se inició en 2007 y corresponde al cuarto proyecto en el bajo Caroní. La edificación se encuentra bastante avanzada, pero faltan más recursos para terminarla. Su conclusión está prevista para el año que viene.

 

 

En el caso de Cuira, las labores de construcción se iniciaron en 2011 como parte de las obras del Proyecto Tuy IV, que se desarrollan en el estado Miranda. Esta presa estará ubicada sobre el río Cuira, en Barlovento. Tendrá una capacidad de almacenamiento de 700 millones de metros cúbicos, y surtirá agua potable, de manera continua, a más de 5 millones de habitantes del Distrito Capital y de los estados Miranda y Vargas. De acuerdo a la actualización del Plan Nacional de Aprovechamiento de los Recursos Hidráulicos, elaborado por el antiguo Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, este dique ya debería estar operando. Sin embargo, las autoridades actuales prevén que la obra esté terminada en 2017.

 

 

 

Funcionamiento poco óptimo

Los embalses que aún están en funcionamiento tampoco están en óptimas condiciones. El secretario general de Aipop afirma que varias represas se encuentran en estado crítico por su bajo nivel de agua, mientras que a otras les falta poco para sedimentarse por completo, ya que no han recibido el mantenimiento adecuado.

 

 

 

Levantamientos batimétricos realizados por el profesor José Gaspar, del Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la UCV, en varios reservorios del país, deja en evidencia que al menos siete embalses ya han perdido su capacidad a una tasa superior a las estimaciones iniciales. Ellos son: Guaremal (Yaracuy), Los Quediches (Lara), Pedregal (Falcón), Guanapito (Guárico), El Guamo (Monagas), Cumaripa (Yaracuy) y Maticora (Falcón).

 

 

 

La contaminación es otro de los problemas que afecta a varios reservorios en el país, como La Mariposa, Lago de Valencia y Pao-Cachinche, entre otros. En el caso de La Mariposa, se puede observar que parte del embalse está cubierto de bora, lo que -según los especialistas- “evidencia alta concentración de nutrientes y fósforo aportados por aguas servidas y fertilizantes”.

 

 

Niveles críticos

El presidente del Inameh, José Gregorio Sottolano, informó durante la primera semana de enero, a través de un comunicado, que los embalses del eje norte-costero del país estaban en “situación crítica”. Días después, el ministro de Ecosocialismo y Aguas, en declaraciones ofrecidas a los medios el pasado 18 de enero, precisó que eran 18 los diques que estaban en estado “crítico”, y que algunos se encontraban “muy cerca de la línea roja”. Añadió que las entidades más afectadas eran Carabobo, Falcón, Nueva Esparta, Sucre, Vargas y Zulia, las mismas que junto a Distrito Capital se declararon en estado de emergencia por la crisis del agua.

 

 

 

Según reporte de Hidrocapital al 21 de enero de 2016, cinco de los estanques que actualmente surten del vital líquido a la Gran Caracas estaban muy por debajo de los niveles óptimos. Ellos son Ocumarito, Taguaza, Agua Fría, El Guapo y Camatagua, que forman parte del Acueducto Metropolitano que distribuye agua a Caracas, Ciudad Losada (Cúa – Charallave), Tuy medio, Ciudad Fajardo (Guarenas-Guatire) y Caucagua. El embalse de Lagartijo también forma parte de este sistema hidrológico pero quedó fuera de servicio desde mayo del 2014 cuando se secó por completo.

 

 

 

Camatagua es motivo de preocupación para los expertos, ya que para la fecha del reporte el volumen de agua almacenado era equivalente al 26% de su capacidad. Es decir, solo contaba con 460 millones de metros cúbicos (m3) de agua, cuando en realidad puede almacenar hasta 1.571 millones de m3. Este dique suministra el 60% del agua que se consume en Caracas. Pero, además, fue construido para regar 12.000 hectáreas (Ha), función que en la actualidad no cumple porque todo su contenido es destinado al consumo humano.

 

 

 

De acuerdo al análisis de los especialistas, el volumen de agua de Camatagua desciende 50 millones de m3 al mes, por lo que su contenido, bajo las condiciones actuales, solo alcanzaría para cinco meses más.

 

 

Es por esta razón que Hidrocapital inició un Plan Especial de Abastecimiento de Agua Potable a partir del 4 de enero para Altos Mirandinos, Barlovento, Caracas, Guarenas, Guatire y Valles del Tuy. El profesor José Rafael Córdova comenta que si la totalidad del sistema Tuy IV, que incluye al embalse Cuira, estuviera construido, no hubiese sido necesario aplicar este plan de racionamiento.

 

 

 

Desde inicios de este año las protestas ciudadanas por la falta del vital líquido han sido más frecuentes y se han evidenciado en diferentes zonas del Distrito Capital y Miranda. Pero también se han manifestado en otras regiones del país, como en Zulia, donde el esquema de racionamiento aplicado por Hidrolago es de 36 horas de distribución y108 horas sin servicio.

 

 

 

El panorama no es nada alentador pues los especialistas advierten que la situación puede empeorar. El hidrometeorologista Abraham Salcedo explica que a partir de mediados de febrero empiezan a aumentar las temperaturas, lo que hace más probable la ocurrencia de incendios forestales y una mayor propagación de casos por los virus de Zika, Chikungunya y Dengue, ya que los zancudos prefieren el calor.

 

 

 

 

 

 

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