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Escasez en Venezuela cambia los hábitos del consumidor

Escasez en Venezuela cambia los hábitos del consumidor


Una condición fija es que si en el tienen de los productos de la cesta básica que escasean, hay cola para pagar. 

Angélica Gómez trabaja como administradora en una empresa en el este de la ciudad. Casi todos los días dedica su hora de almuerzo a ir a los establecimientos que están cerca para buscar los productos que escasean en los comercios, rutina que también le toma buena parte del fin de semana, cuando sondea los locales próximos a su casa.

“Tengo dos hijos pequeños y me siento obligada a asegurar que en la casa tengamos los productos básicos: leche en polvo, cereal, margarina, compotas, harina, jugo, pañales, remedios y ahora hasta el papel higiénico”.

Comentó que hasta hace poco no se preocupaba por hacer la compra antes de finalizar la quincena. “Ahora tengo siempre por lo menos tres potes o kilos de reserva de los artículos más importantes, voy casi todos los días al supermercado y tengo el presupuesto totalmente descuadrado”. Agrega que nunca pensó que terminaría haciendo una cola de una hora para pagar apenas dos bolsas de leche y un pote de cereal.

Además, “jamás imaginé que le rogaría a una cajera para que me deje llevar más de dos bolsas de leche o de papel tualé, o que me abalanzaría encima del carrito en el que tratan de llevar azúcar, harina o cualquier producto escaso al anaquel”.

Esta forma de actuar es común en todos los supermercados del país; en unos hay más problemas que en otros, pero una condición fija es que si tienen de los productos de la cesta básica que escasean, hay cola para pagar y se forma más de una discusión por la cantidad de artículos que permiten llevar a la clientela.

Consumidor estresado

“El consumidor va cambiando su actitud de compra en función de tres elementos: disponibilidad del dinero , disponibilidad del producto y confianza”, señala Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, quien recalca que el segundo de estos -disponibilidad del producto- se incorpora recientemente. “No era un asunto relevante ni  un elemento cotidiano en la vida del venezolano”.
El primer factor que define el comportamiento del consumidor es cuánta plata tiene, que a su vez depende de tres elementos: el ingreso, la inflación y el crédito.
“La segunda variable, la disponibilidad de productos en el mercado, aparece como consecuencia de la crisis”. León agrega que “es dramático el cambio que ha generado esto en los consumidores, que intentan protegerse ante la ausencia regular de productos en el anaquel”.
Destaca que, actualmente, el consumidor se encuentra muy estresado por obtener los productos que le interesan y desconfiado de poderlos conseguir. “Ha reducido un poco su sensibilidad al precio y la marca ante los productos de alta escasez y compra lo que consiga, donde lo consiga, al precio que sea”.
Indica que esto afecta la elasticidad demanda-precio, pues “aumenta la sensibilidad de los consumidores sobre los productos escasos y reduce la sensibilidad a la marca”.
Alerta que se ha creado una distorsión que hace muy difícil la recuperación de la normalidad, “porque el mercado se hace muy irregular; normalmente uno podía predecir lo que iba a ocurrir  en el consumo”. Asegura que hoy es imposible anticiparse, ya que depende de si hay o no productos y, como la gente se estresa por la ausencia de los artículos en el anaquel, “cuando el producto aparece, incluso  a precios más altos, el consumidor no se comporta como esperamos, con una reducción del consumo; lo que hace es protegerse de la ausencia o escasez, comprándolo en mayor cantidad de la habitual”.
El economista destaca que en este momento el consumidor está muy angustiado porque se unieron varios factores. Hay un incremento de la inflación -29% acumulada- que reduce su ingreso real y desestimula el consumo, lo que se suma a una alta escasez -promedia 20%, según el Banco Central de Venezuela (BCV)-, por lo que se le complica la posibilidad de almacenar para abastecerse. “Lo que hace es jerarquizar la compra de los productos con más fallas, pero reduce el consumo de los poco convencionales. No tiene plata para pagar todo”.
Insiste en que el consumidor ha tenido que adaptarse a esta nueva situación, que lo ha llevado a priorizar en función de sus  preferencias, pero “también incide el miedo de que el  producto desaparezca otra vez”. De allí que realice compras anticipadas continuamente para tratar de mantener todo el portafolio que usualmente maneja.
Además, compra donde consigue; “aprende ante la escasez a moverse, a visitar varios establecimientos; al final el consumidor racional aprende de la experiencia de búsqueda dónde consigue cada cosa. Antes buscaba precios, ahora busca productos”.
Añade que la gente trata de reducir el número de comercios que tiene que visitar para hacer una compra completa.  “Hoy día -al igual que en el año 2007- eso se logra después de visitar tres establecimientos”.
Según León, usualmente el consumidor  primero es sensible al precio; “esto solo se revierte cuando tienes escasez, pero sigue siendo cuidadoso con el presupuesto”. Indica que “la búsqueda de productos en el mejor canal le queda como aprendizaje, pero la verdad es que cuando el mercado se llena de productos y el ingreso mejora, reacciona con un incremento del consumo y trata de recuperar en su despensa algunos bienes que había  eliminado”.

Dura realidad

“Hay una resistencia  a reconocer la situación real del país. La gente se dice internamente, esto no me está pasando, el país de la abundancia no puede haber llegado a esto”, comentó el psicólogo social Áxel Capriles. “Hay incertidumbre, zozobra”.
Recalca que hay gente que se dedica todo el día a buscar las cosas que escasean con la idea de sentir que no hay desabastecimiento. “Es una realidad muy dura para el consumismo al que estamos acostumbrados”.
Indicó que la inflación está socavando la autoestima del venezolano; “las personas se sienten cada día más disminuidas. Mientras todo sube de precio, yo desciendo en mi nivel de vida. Eso tiene un impacto interno mucho más profundo de lo que las personas creen”.
Añade que el consumidor es racional desde el punto de vista individual, pero irracional desde el punto de vista colectivo. “Ese tipo de conducta de pánico hace que se acentúe la escasez, la gente está funcionando mucho a través de la psicología del rumor. Ese rumor produce pánicos que generan más problemas”, dijo.
“Creo que las cosas no van a cambiar; me da la impresión que estamos llegando al borde de un colapso de la encomia como sistema y que esta situación dejará marca en el consumidor. La revolución nos prometió el cielo y nos encontramos técnicamente en el vacío. Eso va a dejar huella”.

Agresivo y cazador

“Estamos en un contexto en el que la violencia es la clave para resolver el problema”, dijoMelanie Pocaterra, profesora de psicología de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), quien recalca que “el consumidor tiene que sobrevivir con pocos productos y se agrava la situación porque  están más caros y hay poco dinero “.
Ante la escasez, la gente consume y compra más de lo que necesita de los productos que escasean, ante el desespero por creer que no los va a conseguir. “Hay desesperación; es una cacería, cual África”.
Indica que la gente llega muy agresiva a los establecimientos y trata de reclamar lo que necesita. “Se ha dado cuenta que con agresividad consigue las cosas; pega cuatro gritos o se pone brava”. Ninguna  de esas actitudes  consigue respuestas negativas: “Se llevan lo que quieren y no hay sanción en el caso de que haya problemas, incluso legales”, señaló con relación al caso de la señora que hace dos semanas le cortó la cara a una cajera en el estado Falcón, porque no le dejaba llevar cuatro kilos de leche en polvo.
 Otra actitud, no tan agresiva,  que toma el consumidor para protegerse del desabastecimiento es la de jugar al vivo sobre todo con los alimentos que no se consiguen, que usualmente son los regulados. “El consumidor sabe que puede pagar más y juega al vivo, toma la actitud de Tío Tigre y Tío Conejo”. Por ejemplo, en muchos supermercados los más vivos ofrecen una propinita y sacan por detrás los productos más sensibles o que escasean.
“En este caso, cuando los clientes se dan cuenta actúan de dos formas: unos se molestan y tratan de romper la cadena de corrupción armando un lío  y otros tratan de llevarse los productos por la misma vía”, dijo Pocaterra.
Coincide con los otros especialistas en señalar que -en este ambiente de escasez- se perdió el consumo planificado; “se compra cuando y donde llega el rubro que necesitas, en la cantidad que te permiten o logras llevar”.
Emen
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