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“España dijo no al brexit” por Alejandro Arratia Guillermo

“España dijo no al brexit” por Alejandro Arratia Guillermo


Alejandro Arratia Guillermo/@ib_americanos_.

Entre el “leave” y el “remain” los españoles decidieron permanecer. Los resultados de estas elecciones los comparten los venezolanos con gran regocijo, Podemos, el partido financiado por el chavismo, es el gran derrotado. En América Latina el populismo está en retroceso, en Europa el cáncer hace metástasis, el brexit vino a revitalizar las células malignas.

 

El temor al efecto contagio fue la última plaga que gravitó sobre las elecciones españolas. Los analistas vieron en el brexit la confirmación de una predicción catastrófica: el populismo tiene fuerza para imponer su política nacionalista y separatista, si lo ha hecho en el Reino Unido más fácil será en los países del sur de Europa. Los resultados electorales del domingo 26 negaron esos augurios, los españoles votaron por estabilidad, crecimiento del empleo, protección de la propiedad privada, seguridad social, estabilización de la economía, fortalecimiento de la Unión Europea. La alianza de viejos y nuevos comunistas había presentado al electorado la disyuntiva, votar por la ultra izquierda para entrar en el paraíso, o continuar el tedioso programa conservador del Partido Popular.

Entre el “leave” y el “remain” los españoles decidieron permanecer. La polarización arrolló a los populistas, su objetivo desalojar al PSOE del liderazgo de izquierda, el llamado “sorpasso”, viró en tortazo a la cara de Unidos-Podemos. Analistas y encuestas les adjudicaban entre 85 y 90 escaños, obtuvieron 71, perdieron un millón de votos en relación a diciembre. El PSOE continúa la debacle, pasa de 90 a 85 diputados (la cifra menor de su historia), se salva del “sorpasso” populista, un logro que importa solo para su diatriba interna. A Ciudadanos, los ciudadanos españoles lo castigaron por el apoyo en marzo a la fallida investidura de Pedro Sánchez, y haber centrado la campaña en ataques a Mariano Rajoy. Pierden en seis meses 8 escaños, de 40 a 32.

En las elecciones del 26 de junio triunfó el PP, fue el único partido que aumento la votación (+700000 votos) y pasó de 123 diputados a 137 (+14 escaños). Se distancia 52 escaños del PSOE. Un gran éxito numéricamente insuficiente para formar gobierno, son necesarios pactos para alcanzar la mayoría parlamentaria. El cuadro es relativamente igual al 20 de diciembre, pero el mensaje de los ajustes en las cifras no puede ser desdeñado. Hasta hoy Sánchez y Rivera solo hablan de vetos y condiciones; sin embargo, en el PSOE se alzan voces de peso que piden facilitar la investidura de Rajoy; en cuanto a Ciudadanos, Albert Rivera fabrica discursos ambiguos. Corren los días, la población espera una solución rápida y la Comunidad Europea está a la expectativa. De terceras elecciones ni se comenta.

Venezuela sigue el proceso electoral español con máximo interés. La solidaridad del PP y el gobierno de Rajoy, aunado a instituciones privadas, medios de comunicación y partidos institucionalistas de España han dado una contribución invalorable a la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la dictadura. Los resultados de estas elecciones los comparten los venezolanos con gran regocijo; Podemos, el partido financiado por el chavismo, es el gran derrotado. Viene al caso una observación: Podemos no es solamente un oponente electoral, es un enemigo en uso de los instrumentos legales del sistema democrático; sin embargo, recibe trato de adversario político. Los populistas se repondrán de este golpe y perseverarán en el proyecto de destruir el sistema.

Pablo Iglesias y sus muchachos, arrogantes en tiempos de campaña, han quedado perplejos con el final, particularmente la pérdida de un millón de votos. Dueños del discurso, lograron que noticias y comentarios electorales giraran en torno a sus atrevimientos publicitarios. Desde el domingo no logran articular una respuesta coherente para sus 5.000.000 de electores. ¡Cinco millones! Cuantioso respaldo, cualquiera sea la firmeza de esa adhesión. Podemos, como todos los movimientos populistas, es un caballo de Troya en el cuerpo de la democracia, un enemigo de la institucionalidad. La obligación de los demócratas es ocuparse de superar desviaciones, fallas e insuficiencias reales del sistema democrático representativo, y combatir social y políticamente al enemigo.

En América Latina el populismo está en retroceso; en Europa, el cáncer hace metástasis; el brexit vino a revitalizar las células malignas. Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, exige un referéndum para la salida de Francia de la Unión Europea (UE). En Alemania, según las encuestas, la coalición de socialdemócratas y democristianos no llega al 50% de los votos. Las próximas elecciones (2017) están amenazadas por el auge de movimientos populistas. Geert Wilders, de la extrema derecha holandesa, encabeza los sondeos para las elecciones generales del próximo año; si es primer ministro promete un referéndum para la salida de Holanda de la UE. En Dinamarca, el Partido Popular Danés, que forma parte de la coalición de gobierno, quiere un referéndum para la salida de la UE.

En Italia, el Movimiento Cinco Estrellas del cómico Beppe Grillo, tiene apoyo del 30%, quiere referéndum sobre el euro. En las recientes elecciones locales logró significativas victorias, que incluyen la alcaldía de Roma. El único país europeo con gobierno populista es Grecia. El partido Syriza, no obstante la ayuda de la UE, mantiene la nación en ruinas. No hay en Europa desastre económico ni conflictos de fronteras como en los años veinte del siglo pasado, precisamente por la existencia de la Unión Europea y la moneda única. Sobran demagogos a imagen de los jefes tumultuosos que incendiaron el continente. Errores, exceso de confianza, lenidad en el trato, ausencia de políticas comunes para un fenómeno regional, menosprecio del populismo y sus dirigentes, es jugar a la ruleta rusa.

De los libros

Podemos tener todavía tiempo para meditar nuestros pasos y para mirar al mundo con nuevos ojos. Los acontecimientos se encargan del porvenir inmediato de Europa, y su destino próximo no está ya en manos de ningún hombre. Los sucesos del año entrante no serán trazados por los actos deliberados de los estadistas, sino por las corrientes desconocidas que continuamente fluyen por bajo la superficie de la historia política, de las que nadie suele predecir las consecuencias. Sólo de un modo podemos influir en estas corrientes: poniendo en movimiento aquellas fuerzas educadoras y espirituales que cambian la opinión. La afirmación de la verdad, el descubrimiento de la ilusión, la disipación del odio, el ensanchamiento y la educación del corazón y del espíritu de los hombres deben ser los medios.
En este otoño de 1919, en el que yo escribo, estamos en la estación muerta de nuestro destino. La reacción de los esfuerzos, los temores y los sufrimientos de los cinco años pasados ha llegado a su máximo. Nuestra facultad para sentir y tratar otras cuestiones que las inmediatas de nuestro propio bienestar material, se ha eclipsado temporalmente. Los mayores acontecimientos, fuera de nuestra experiencia directa, y las más temerosas predicciones no nos pueden conmover (p. 191)

John Maynard Keynes (2013): Las consecuencias económicas de la paz. Austral. España

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