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Estudiar en la Universidad se convierte en un reto

Estudiar en la Universidad se convierte en un reto


Muchos jóvenes venezolanos quieren culminar sus estudios universitarios, pero ante la crisis que vive el país el sueño se convierte en un reto, en razón de los innumerables obstáculos que encuentran en el camino. Además de las becas, los altos índices de inflación y falta de recursos.

Estudiantes de diversos recintos académicos, públicos y privados, consultados por EL IMPULSO, coincidieron que es necesario más de un sueldo mínimo (6.746 bolívares fuertes) para cubrir los gastos mensuales durante un semestre o trimestre, por los altos costos que registran los libros, copias, uniformes, materiales para prácticas y pasajes.

Cabe destacar que la mayoría de los bachilleres dependen económicamente de sus padres y son ellos quienes hacen imperiosos esfuerzos para que sus hijos se conviertan en destacados profesionales.

José Mujica, oriundo de Carora y estudiante del sexto semestre de economía en la Universidad Centroccidental Lisando Alvarado (UCLA), dice que sus progenitores son verdaderos héroes, porque devengan salarios paupérrimos de docentes jubilados y sin embargo, le envían 4.000 bolívares para la residencia, un pequeño cuarto cerca del Decanato de Administración y Contaduría. Adicionalmente, 1.000 bolívares para el mercado quincenal.

“Con esto compro comida para el desayuno, ya que comer en cualquier cafetín es muy caro. Hay que tener en el bolsillo 300 bolívares o un poco más”.

Mujica, explica que el monto asciende a 7.000 bolívares al incluir la cuota de las guías, así como también pasajes para movilizarse en Barquisimeto y en ocasiones viajar hasta el municipio Torres, donde vive su familia.

“Todo está muy caro. Como estudiante valoro el esfuerzo de mis papás, que también apoyan a mis dos hermanos. Trato de gastar lo menos posible, de esta manera puedo sobrevivir. Compañeros de escasos recursos se ven obligados a abandonan la carrera, pero yo no quiero.

Deseo contribuir con el desarrollo del país y como economista buscar soluciones”, manifestó esperanzado Mujica. Esta realidad la viven otros estudiantes de zonas foráneas como Quíbor, El Tocuyo, Sanare, Sarare o estados vecinos como Yaracuy y Portuguesa.

Poca bibliografía

David Maza cursa el segundo semestre de economía en la UCLA. Explica que gran parte de la población no puede adquirir libros por los altos precios. Ejemplares de semestres más bajos rondan los 4.000 bolívares, mientras los superiores superan los 5.000.

“Economía es una de las carreras más nuevas, por eso hay pocos textos. En la biblioteca conseguimos material, gracias a los convenios de la UCLA con el Banco Central de Venezuela. Eso nos sirve de mucho, también son válidos los intercambios de apuntes y guías entre los mismos compañeros”, apuntó.

Aunque trabaja en la mañana, reconoce que el dinero no le alcanza. Eso le genera mucho estrés, más aún cuando su pilar, su madre, docente contratada de Fundaescolar, tampoco puede auxiliarlo, porque el sueldo lo recibe a destiempo.

“Se requieren como 2.000 bolívares semanales para resolver. Sin duda, hay que sacar lujos como ropa, zapatos y paseos”, declaró el universitario.

Demandan becas

Alejandra Sáez inicia el segundo semestre de Comunicación Social, en la Universidad Yacambú (UNY), en Cabudare. Ella es del estado Portuguesa. Cuenta únicamente con el apoyo de su papá.

La inversión en este caso es mayor, porque estudia en una universidad privada, que está bajo la modalidad de trimestre, el cual oscila entre los 7.000 y 8.000 bolívares. Todo depende de la cantidad de unidades de créditos inscritas.

Asimismo se suma el gasto de la residencia en la urbanización La Mora, 3.150 bolívares, además del condominio, que son 1.200 bolívares, 420 bolívares de electricidad y agua.

“Hay que estirar el dinero, porque de lo contrario sería imposible seguir aquí”, dijo tras destacar la importancia de las becas para los estudiantes.

En las privadas la ayuda es prácticamente completa, pero la demanda es alta, lo mismo pasa en las públicas, pero la cantidad es insuficiente, oscila los 600 bolívares.

Emigran a otros puntos

Miguel Fuentes fue asignado por la OPSU en la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda (Unefm) en Coro, estado Falcón.

Dice que la oportunidad es única, pero desde el punto de vista económico el golpe es duro. El monto para garantizar su estadía se incrementa cada mes. A diario requiere 300 bolívares, para distribuirlo entre transporte, desayuno y fotocopias.

La universidad cuenta con el servicio de transporte, pero los horarios de salida o entrada no concuerdan con el de las unidades, por lo que debe movilizarse en colectivo.

El almuerzo y la cena lo ofrece el comedor, solo que las cantidades son insuficientes. No alcanza para toda la población, por lo que un gran grupo ese queda fuera. Aquellos que tienen beca-comedor tienen asegurados los platos.

Cuando queda rezagado come en la residencia. Cocina parte de la comida que lleva desde Barquisimeto, porque en Coro los productos de primera necesidad están escasos.

“Tengo que llevar comida. Eso me dura poco más de un mes. Como estudiante se sufren muchas calamidades, sobre todo cuando se está lejos de casa”, aseveró Fuentes, al indicar que los recintos de educación superior deben mejorar los servicios para que ofrezcan mejor atención a los estudiantes.

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