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ETA llega a su fin: Entrega 120 armas de fuego, tres toneladas de explosivos, miles de detonadores y munición (Videos)

ETA llega a su fin: Entrega 120 armas de fuego, tres toneladas de explosivos, miles de detonadores y munición (Videos)


La organización terrorista ETA, esquilmada y presionada desde todas las direcciones, se rindió  el sábado en el Ayuntamiento de Bayona (Francia), en un acto histórico en el que entregó la geolocalización de ocho zulos con armamento y material al Estado francés, representado por su Fiscalía. Pocas horas después, los agentes de la Gendarmería se desplazaron a los enclaves señalados, todos en territorio francés, para controlar el contenido de los depósitos entregados.

Según el listado proporcionado por ETA a través del grupo que se ha autodenominado como artesanos de la paz, en ellos hay almacenadas 120 armas de fuego, tres toneladas de explosivos y varios miles de detonadores y munición. Al cierre de esta edición, la policía francesa ya había recogido buena parte del material entregado, pero aún no había realizado un inventario exhaustivo.

Pese a su rendición, la entrega de armamento de la banda terrorista distó mucho de ser «total», como había anunciado la organización. Los representantes de ETA, los artesanos, habían asegurado recientemente que la organización iba a entregar ocho veces más material que el incautado en diciembre del pasado año -se hablaba de subfusiles, revólveres y pistolas-, pero no ha sido así.

Del robo de 350 armas realizado por los terroristas en 2006 en la localidad francesa de Vauvert, quedaban todavía 150 por incautar. A estas habría que sumarles otras unidades acumuladas a lo largo de los años cuyo número debería superar en mucho el de 120 ofrecido ayer. La escasez de la cantidad entregada probablemente dificulte la resolución de muchos de los crímenes que quedan por resolver. Las armas restantes podrían estar en zulos que no controla la actual dirección, en almacenes que los etarras no han querido tocar por si están controlados por las Fuerzas de Seguridad o sencillamente ETA puede haber decidido no darlas.

A la pregunta de si el arsenal anunciado constituía el 100% de las armas en poder de la banda, Michel Tubiana, uno de los artesanos que comparecieron ayer en Bayona, respondió visiblemente molesto que no estaban allí «para alimentar las investigaciones policiales». Consideró que ese asunto «es poco relevante» porque el hecho es que ETA «estará desarmada al final de la jornada».

La ceremonia de capitulación fue organizada por los representantes elegidos por ETA dentro de los límites establecidos por el Gobierno francés, que les dejó un amplio margen de maniobra que supieron aprovechar. «Las autoridades francesas manifestaron que este día no lo iban a obstaculizar y nos alegramos de que así haya sido», se congratuló Tubiana, dando a entender que todo había sido producto de un pacto.

El margen de maniobra fue amplio. Las autoridades francesas permitieron que el acto en el que se constataba que ETA entregaba sus armas al Estado -al que siempre ha considerado su enemigo- fuera privado. Y además, dejaron que los elegidos por la banda designaran a 172 «observadores» acreditados para que estuvieran en los zulos a la llegada de los agentes policiales.

El proceso de entrega de la lista con la geolocalización de los ocho zulos se desarrolló en el Ayuntamiento de Bayona, donde el grupo de los ‘artesanos’ entregó la información al grupo de los verificadores. A continuación, un representante de estos últimos abandonó el Consistorio, se montó en un coche que estaba esperando y llevó el listado a la Fiscalía.

La banda aseguró en su último comunicado, difundido el pasado jueves, que lo que estaba haciendo era devolver las armas al pueblo que se las había dado y los artesanos, para maquillar la crudeza de la realidad, habían afirmado que sus militantes iban a estar en los zulos para simbolizar que la banda no entregaba sus posesiones a la policía, sino a la «sociedad civil». Llegado el momento, supieron evitar a los implicados posibles consecuencias legales por esta función explicando que los «observadores» estaban allí sólo para garantizar que las armas se las llevaban las autoridades francesas y nadie más.

Aun con todo, ETA no ha obtenido nada a cambio de entregar su armamento. Arnaldo Otegi, el líder de la izquierda abertzale, tuvo que arengar ayer a sus seguidores en la misma Bayona asegurando que continúa la batalla por la salida de los presos de las cárceles y por la salida de las Fuerzas de Seguridad del País Vasco, que eran la moneda de cambio de la banda. Pero ETA no ha podido sentarse a negociar con nadie, como esperaba; no ha podido destruir su armamento en privado y ante agentes internacionales, como pretendía; y no ha podido lograr que fuesen los «observadores» los que físicamente se apoderasen del armamento, como un trasunto de «sociedad civil», para dárselas a la Gendarmería, como pretendía. ETA ha tenido que acudir a una institución democrática y hacérselas llegar al Estado.

La jornada se inició muy a primera hora cuando Jean-Noël Etcheverry cruzó las puertas del Ayuntamiento de Bayona para, en representación de ETA, entregar los datos de la capitulación. Los organizadores trataron de impedir que EL MUNDO captase el significativo momento de la entrada. Ya estaban allí el presidente de la Comisión Internacional de Verificación, Ram Manikkalingam; dos sacerdotes, Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, y Harold Good, representante de la Iglesia Metodista de Irlanda; el alcalde de Bayona, Jean-René Etchegaray, y el procurador (fiscal) del Departamento de Bayona. La reunión era a puerta cerrada, aunque un equipo de la BBC pudo acceder. Al fin y al cabo, toda la parafernalia de ayer estaba principalmente dirigida a conseguir propaganda internacional.

Tras la certificación del acto, el alcalde calificó el momento de «histórico» y Ram Manikkalingam se complació en asegurar que «este paso es el desarme». Lo hizo después de años de desengaños y de tomaduras de pelo por parte de ETA. Desde su punto de vista, había quedado desarmado el último «grupo autóctono de Europa» y se había establecido «un nuevo modelo de desarme y verificación» en el que se ha estado tratando con dos Estados directamente involucrados. Reivindicó los seis años de idas y venidas de la Comisión de Verificación, agradeció al lehendakari Iñigo Urkullu su apoyo y mencionó a los empresarios, sindicatos y partidos políticos que habían «respaldado este esfuerzo». En ningún caso se refirió a ETA como organización terrorista -se limitó a hablar de «violencia»- y en ningún momento concedió ni un ápice de mérito sobre la desintegración de la banda a las Fuerzas de Seguridad del Estado. No explicó cuál era la función de los religiosos en la convocatoria.

Mientras la prensa atendía a estas reflexiones y después a las de los artesanos en presencia muda de los representantes de la Iglesia -los mismos que esperaban en un hotel a la delictiva destrucción de armas en diciembre-, Etcheverry se escabullía para hacerse la foto de propaganda en los zulos. Los gendarmes estaban al caer para materializar la derrota y rendición de ETA.

Fotografía facilitada ayer por los mediadores elegidos por ETA, posando delante de un zulo de la banda con varios bidones antes de la llegada de la policía. | EFE

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