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Felipe Pérez Martí: Un testigo a favor de Antonio Ledezma y Chúo Torrealba

Felipe Pérez Martí: Un testigo a favor de Antonio Ledezma y Chúo Torrealba


Felipe Pérez Martí, economista y  el ex ministro de Planificación (2002-2003) del gobierno de Hugo Chávez, ha escrito una carta abierta a Nicolás Maduro en ocasión del secuestro de Antonio Ledezma, acusado de conspiración, y de la constante difamación al secretario ejecutivo de la MUD Jesús Chúo Torrealba. Pérez Martí también adelanta unas líneas sobre lo que debe hacer el gobierno de Maduro para evitar una crisis económica mayor.

Un testigo a favor de Antonio Ledezma y Chúo Torrealba

Estimado Nicolás:

Como probablemente sabe, desde enero desde el 2013 he estado impulsando, con un conjunto de compañeros, una propuesta económica y política para enfrentar los problemas de tu gobierno y de nuestro país, llamada Qué Hacer. Estaba dirigida a ti,  Nicolás, para cambiar el curso de lo que veíamos claro, desde entonces, como una avanzada hacia el abismo. No nos equivocamos, ni en las predicciones económicas, ni en las políticas.

Como parte de las propuestas, se veía la necesidad de hacer cambios fundamentales en política económica, pero también la necesidad de llegar a acuerdos políticos para rescatar al país y evitar el desastre. Como parte de este esfuerzo de buscar salidas, me he estado reuniendo, por iniciativa propia,  con algunos líderes de oposición, del sector privado y líderes intelectuales y sensores de opinión, como el maestro Pompeyo Márquez, Antonio Ledezma y Chúo Torrealba, Jorge Roig, Luis Vicente León, entre otros.

Con el maestro Pompeyo y con Antonio Ledezma me he reunido un par de veces. Lo mismo con Chúo Torrealba. Quiero testificar aquí algo importante de esas reuniones. Como analista, les comentaba lo que se sabe que he dicho, que un golpe de estado era posible entre las opciones que veía venir. Por la sencilla razón de que tu gobierno había perdido el liderazgo, la representatividad, la gobernabilidad, y la legitimidad en grado muy importante. El descontento con la situación económica y social es tal, que más del 70% de la población quiere un cambio de gobierno ya. Quiere que salgas.  Sin embargo, la oposición no había logrado nuclear ese descontento. Para el momento de mis afirmaciones, no había la cifra que vemos hoy en Datanálisis, donde se muestra que la oposición cuenta con la intención de voto de casi el triple (60% de la población) que la de tu gobierno (poco más que 20%). Los desubicados en esta polarización eran la mayoría. La explosividad social que se venía venir podía implicar que, en esta suerte de vacío de poder, de liderazgo, de legitimidad y de gobernabilidad, podía ocurrir lo que en muchos lugares y épocas pasadas  ha ocurrido: que la salida viene de parte de quienes tienen el gatillo en la mano, el poder de las armas. Si había que poner orden, sobre todo ante la inminencia de un descontento generalizado, similar al Caracazo, la parte de la fuerza armada descontenta con la conducción de tu gobierno de la situación, podía asumir el control, decía yo.

No me he equivocado tampoco en esta apreciación, pues ya vemos que ha habido intentonas de golpe, aunque fallidas.

Pero lo que te quería contar es lo siguiente: en las reuniones con el maestro Pompeyo y con Ledezma, éste último, acusado ahora de golpista, siempre insistía que la salida debía ser constitucional, ajustada a derecho, democrática, rechazando de plano un golpe de estado. Igualmente con Chúo Torrealba, máximo líder de la MUD, acusada por ti de ser parte de esa misma conspiración.

Alguien podría decir, como lo he oído, que soy un ingenuo, pues una cosa es lo que dice la gente, y otra lo que piensa, sobre todo de parte de políticos “tan sospechosos”, como califican algunos a los referidos líderes políticos. Reconozco que en esto no soy un conocedor, ni mucho menos. Además de la presunción de inocencia que profeso como convicción, en particular en estos casos, quiero comentarte algo, Nicolás, que puede ser de tu interés. Se trata de análisis estratégico muy sencillo pero de cierta relevancia, a mi entender.

Estamos en una situación política que se puede caracterizar como “guerra de desgaste”, como se le llama en Teoría de Juegos. Imagínate dos jugadores que se disputan un territorio. Pero a medida que se desenvuelve la guerra, uno de los jugadores va perdiendo más y más terreno: se desgasta más rápido que el otro. En nuestra situación, quién gana más, de cara a las elecciones, por ejemplo, si la situación sigue como sigue, y el gobierno no cambia de rumbo económico? Claramente la oposición, como bien lo muestran las encuestas. Van arriesgar ellos la posibilidad cierta, por primera vez en muchos años, de una victoria aplastante, promoviendo un golpe de estado que interrumpe y descalabra esa posibilidad real de éxito político? Recuerdo muy bien que uno de los referidos personajes me decía que con un gobierno militar nunca se sabía qué iba a pasar. Obviamente no era confiable para ellos, más allá de que con esto tu gobierno pudiera ser cambiado para abrir un nuevo juego político. Pero esa misma posibilidad, por vía más cierta y controlable, se podía hacer por la vía democrática, pensaban ellos. Como en efecto lo es.

Cuál es el desenlace predecible, por cierto,  en este tipo de conflicto clásico de guerra de desgaste? Siempre que los jugadores estén conscientes de su situación, al jugador que se va desgastando más a medida que pasa el tiempo, le conviene mucho llegar a un acuerdo para terminar la guerra. Pero al otro le puede convenir siempre y cuando se le ofrezca algo más atractivo, o igual de atractivo, que las ganancias que obtendría si la guerra sigue, descontando los costos de seguir peleando.

En la situación venezolana, pues, no es a la oposición, en particular a Ledezma o Torrealba, a quienes les interesa romper el juego de desgaste con un golpe militar. No sería racional, pues no va en su propio interés. Por eso concluyo esta parte diciendo que lo que me dijeron Ledezma y Torrealba en esas reuniones no eran pensamientos dirigidos a engañar: ellos no van a estar apoyando un golpe que no les conviene. Más allá de la presunción de inocencia, hay fuertes indicios, pues, de que Ledezma y Torrealba no parecen tener las motivaciones para cometer un crimen de la naturaleza que tú estás presumiendo, como se hace normalmente en un análisis en un juicio.

Pero hay algo más que te interesa mucho, Nicolás, y al pueblo venezolano, de este análisis. Realmente a quienes más les conviene un diálogo para salir de la situación en que nos encontramos, es a tu gobierno, y al chavismo como movimiento político con futuro. Si la cosa sigue como va, el chavismo no solo van a perder el poder. Sino que nunca más va a poder regresar como opción democrática, pues va a ser recordado como el gobierno más nefasto que ha tenido Venezuela en toda su historia. Si tú realmente quieres garantizar un futuro para el legado de Chávez, con sus mejores elementos, como el tema de la justicia social, la democracia, y el verdadero socialismo, debes buscar una solución, debes dar un golpe de timón. Y esa solución es la que han estado aconsejándote sus amigos, como Lula: un gobierno de coalición traducido a nuestra circunstancias, fruto del diálogo en el contexto de UNASUR.

Y aquí enlazo con mi último punto. Probablemente no te has dado cuenta. Pero una solución a los problemas que tenemos, sobre todo económicos y políticos es sumamente fácil. La política económica está tan desquiciada, que un mínimo de cordura logra milagros. Pero esa cordura mínima requerida, que beneficiaría a los pobres, a la clase media, y a los empresarios emprendedores, perjudica a cierto sector: los corruptos, los contrabandistas, los bachaqueros, y los muy ricos que no pagan impuestos ni siquiera a los estándares de Colombia y Chile, países que nadie podría calificar como socialistas.

Incluso a lo precios petroleros que tenemos, se puede garantizar un salario mínimo de unos ciento cincuenta dólares mensuales. Unos seis mil setecientos bolívares a la tasa única de equilibrio en el mercado cambiario, de unos 45 bolívares por dólar. Ese salario estaría por debajo del de Colombia, unos 250 dólares. Pero es que nuestra productividad ha decaído tanto en estos años, que no podemos aspirar a eso para empezar, siendo realistas. Se sitúa a niveles anteriores del boom petrolero, del año 2005. Pero es que, con la debacle productiva, y con los actuales precios petroleros, después de no haber ahorrado para prevenirnos, tenemos que asumir las consecuencias.

Sin embargo, eso sería mucho mejor que la situación actual. Años luz de la debacle actual, que te tiene tan angustiado, y de la cual no pueden sacarte las políticas que se han anunciado por parte de tu equipo económico. Por ejemplo, la inflación, ahora galopante, se frenaría por completo y empezaría a bajar, a unos 40% el primer año, 20% el segundo y a menos de 10% el tercero. Muy diferente de la inflación que estamos viendo ahora, que se puede disparar a unos 300% en el año, pudiendo llegar incluso a 1000% si se sigue con las políticas actuales. Por otro lado, el sector productivo por fin podría respirar, y arrancar con pie firme, apuntando a rescatar el principio socialista de que lo que hay que remunerar es el trabajo, no la viveza, con un sistema de precios estables y predecibles, que oriente las decisiones de inversión, que debe contar con garantías mínimas para trabajar. Habría repatriación voluntaria de capitales y de cerebros.  Se eliminaría por completo el problema de la escasez. Y se iniciaría una onda expansiva de la producción y el empleo formal. El salario mínimo sería unos 150 dólares, es cierto, pero no serían los míseros 30 a 40 que demasiada gente está obteniendo en la práctica, con las colas, los sobreprecios de buhoneros y bachaqueros, en una situación desesperante.

Qué se requiere para lograr esto? Muy sencillo. Abandona el modelo estalinista de capitalismo de estado, y entra a un régimen de socialismo endógeno, en que conviven el mercado, el estado y la solidaridad. Como Suecia, pero con el ingrediente del poder popular, la democracia participativa, la minimización de la lucha de clases, en que el pueblo sea empoderado en materia productiva y política, los pobres dejen de serlo, y la clase media se fortalezca en número y en poder económico, y se minimicen las diferencias de ingreso. Pero el estado debe ser cuerdo: debe regular adecuadamente al mercado, no sustituirlo.

Para esto es imprescindible, primero que todo,  cerrar la brecha fiscal, que se puede colocar en 20% del PIB como van las cosas, o más. Con lo cual tendrías que seguir imprimiendo dinero ante la falta de ingresos suficientes para financiar los gastos. La idea es tener ingresos de verdad, y no de mentiras. Para eso tienes que hacer tres cosas fundamentales: sincerar el tipo de cambio, con un régimen como el que yo impulsé en el 2002, que combina el mercado y el estado: precios de mercado, pero con bandas de flotación que controla el estado, que impiden, de manera creíble, que el el tipo de cambio de dispare sin control. Eso prácticamente cierra la mayor parte de la brecha. Te han metido muchas mentiras los corruptos y quienes no saben de esto, Nicolás. El régimen cambiario actual no beneficia a los pobres, sino fundamentalmente a los corruptos, los contrabandistas y los bachaqueros. Esos sí que sufrirían con el cambio, pues el fisco recibiría más de $40 mil millones, que básicamente se los están llevando ellos, sin beneficiar prácticamente nada a la población pobre y de clase media. Claro que tienes que reorganizar el sistema de subsidios, para que realmente le llegue a quien lo necesita, de manera efectiva, eficaz, y eficiente.

Lo segundo, es abandonar Petrocaribe. Puedes dar cuando tienes. Pero cuando necesitas, si tus amigos son solidarios, tienen que darte ellos a ti. No desangrarte y condenarte a la muerte. Pide un Petrocaribe que implique que recibes solidariamente ahorita, no que te desangras más y más. Lo tercero, subir la gasolina, que no se puede seguir regalando. Con medias compensatorias adecuadas, conocidas, efectivas. Lo tercero en lo fiscal es iniciar una reforma impositiva en forma, progresiva, a los estándares por lo menos de Colombia. Los ricos deben pagar sus impuestos. Sin duda alguna.

Si no tienes déficit, no tienes que financiarlo emitiendo dinero, que es la causal fundamental de la inflación que hemos tenido. En esto hay consenso total entre las corrientes del pensamiento económico: la política monetaria activa es muy conveniente. Pero el abuso que hemos tenido es inflacionario y contraproducente. Hay que arreglar, sanear, las cuentas de la casa. El banco central, pues, tiente que cumplir su papel y controlar la inflación. Lo productivo es claro: debes llegar a acuerdos básicos de respeto al sector privado. Pero no para darles más renta. Sino para que tengan condiciones para que produzcan.

Por último, conectando con lo inicial: como está la situación, no puedes arreglar las cosas arreglando solo lo económico. Hay una cosa que en economía se llama “equilibrios de coordinación”:  Si la gente no cree que la cosa va a ir bien, la cosa va mal. Para liderizar las expectativas positivas, necesitas llegar a acuerdos que signifiquen que la gran mayoría de la gente cree que la cosa va a ir bien. Para que tome acciones conducentes, y la cosa realmente vaya bien, de acuerdo a profecías auto-cumplidas. Pero la oposición, el otro jugador que mencionamos arriba, no se va a conformar con conchas de ajo para llegar a un equilibrio de coordinación. De hecho te conviene nombrar a árbitros confiables en el juego democrático, como en un juego de fútbol: para que un equipo juegue, debe confiar en que el árbitro va a ser imparcial. Como parte del acuerdo político, necesitas poner árbitros confiables en el TSJ, la Fiscalía, la Contraloría, la Defensoría, el CNE, y el Banco Central. Si no haces eso, no haces nada, en absoluto. Eso es lo que significa una suerte de gobierno de coalición en nuestras circunstancias, no que vas a compartir el poder ejecutivo con ministros de la oposición.

Pero te conviene hacerlo, como le convino a Ulises, que, como se amarró al mástil, pudo pasar por primera vez el mar de las sirenas, que le decían que se echara al mar, en aguas turbulentas, siguiendo sus encantos engañosos. Hay que ser realistas, y sabios.

Finalizo diciéndote que esto no va a ser nada fácil para ti, Nicolás. Pues, como dije, el ajuste lo van a pagar los corruptos, los contrabandistas, los poderosos que tienen capturado a tu gobierno, y usufructúan la renta petrolera con el cuento del socialismo estalinista, fracasado. No te van a soltar fácilmente los captores. Tienes que ser rescatado de quienes te tienen capturado. Y ellos no van a querer soltarte, con miles de argumentos engañosos. Paradójicamente te van a acusar de traidor, de abandonar al chavismo, etc. Pero vas a estar garantizando un futuro para el chavismo en el largo plazo. Quizá pierdas las elecciones, de todas maneras. Es lo más probable, a estas alturas, aunque hagas esto. Pero es lo único que va a garantizar un futuro para el chavismo, por un lado, y que va a permitir al resto de los venezolanos recuperar la esperanza.

Termino diciéndote: déjate rescatar, por las fuerzas que pueden hacerlo, entre ellos la oposición representativa, democrática, y el sector productivo, y los trabajadores, estudiantes y el pueblo organizado, en diálogo constructivo. Busca ayuda y consejo entre tus amigos en el contexto de UNASUR, como Brasil, Ecuador, Bolivia, Nicaragua. Países que han aprendido de su pasado, y han sabido resolver el problema económico, y político, orientados, no hacia el pasado fracasado del socialismo estalinista del siglo XX, sino al futuro, al socialismo democrático y endógeno, con inclusión de todos los venezolanos.

Cordialmente, éxitos y pendientes,

Felipe

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