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Gente que se va: “Ya no espero nada de mi país. Me largo”

Gente que se va: “Ya no espero nada de mi país. Me largo”


Aunque no sea el nombre con el que figura en su cédula de identidad venezolana, Ricardo ya cruzó el puente de los 60 años y ha decidido marcharse de su país hacia España, específicamente a Barcelona, donde le aguarda un sobrino muy querido para tenderle una mano.

Ricardo es natural de Caripito, en el estado Monagas, pues su padre fue uno de los tantos venezolanos que en los años 40 y 50 emigraron a los campos petroleros, huyendo de la pobreza del campo.

Su padre se mudó en los 60 a Caracas y allí se compró una casa en la urbanización California Sur, lugar donde pasó toda su adolescencia y parte de su primera juventud.

Ricardo militó en una organización de izquierda, ya desaparecida, y creyó firmemente en la redención humana y en la igualdad entre los hombres. Se abrazó como tantos jóvenes a la recuperación del paraíso perdido.

Disfrutó del boom petrolero del extinto presidente Carlos Andrés Pérez, una época en la que el escocés 12 años abundaba en las mesas de las familias venezolanas, incluyendo a las más pobres, pues en aquel entonces el bolívar era una moneda fuerte y el dólar era de venta libre.

Se graduó de economista en la Universidad de los Andes, ubicada en la ciudad de Mérida, en el occidente de Venezuela. Pero colgó el título en una pared, porque eso de ser empleado de 8 a 5 no era con él.

Se introdujo en el mundo del comercio y vendió desde baldosas, pasando por ron y terminando encaramado en un camión, recorriendo la geografía de su país, ofreciendo a los grandes almacenes chinos que están esparcidos por todo el territorio sandalias y otras mercaderías menores.

Ricardo jugó con la suerte, pues tuvo apartamento y buenos automóviles, pero los vendió para capitalizarse, no imaginando que la quinta república lo dejaría finalmente en la carraplana.

En uno de esos viajes por la provincia conoció accidentalmente a una chica barinesa, hija de una familia conuquera y se enamoraron. Ella tiene 32 años menos que él y le dio una hija que hoy tiene 3 años. Algo que muchos denominan papá abuelo. Pero él no hace de eso un tema, y manifiesta disfrutar de la compañía de su pequeña Oriana, nombre con el que la bautizó. Viven los 3 en un apartamento en Mérida que le prestó un amigo de la juventud.

Participó en las guarimbas que se desarrollaron entre febrero y abril del 2014 y apostó a una salida fácil del régimen chavista. Sin embargo, la propuesta del fundador de Voluntad Popular, Leopoldo López, bautizada como “La Salida”, resultó ser otro atajo de un sector opositor radical que fracasó rotundamente, al igual que el golpe de Estado del 11 de abril del 2011 y el paro petrolero entre diciembre de 2002 y enero de 2003.

Ricardo no titubea al confesar sentirse decepcionado del pueblo venezolano, y al que califica sin tapujos como “cobarde, acomodaticio y mendigo”. Dice tener conciencia del riesgo que implica marcharse con la tercera edad a cuestas a otra nación, pero expresa que no tiene nada que perder. “Ya no me siento orgulloso de ser venezolano. No espero nada de mi país. Me largo”.

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