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“Gobierno involucra en ‘bachaqueo’ a todo el que hace cola, cuando lo que debe solucionar es su política económica”

“Gobierno involucra en ‘bachaqueo’ a todo el que hace cola, cuando lo que debe solucionar  es su política económica”


“Es muy cómodo para el Gobierno Nacional envolver en el término ‘bachaqueo’ a una variedad de actividades vinculadas con las circunstancias económicas que vive el venezolano, en general, y en particular, a quienes requieren de insumos para trabajar en lo que siempre han hecho”.

Así percibe el director general de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios (Atraem), Alfredo Padilla, la denominación que el sector oficial ha conferido al citado fenómeno: “Es una injusticia decir que es un especulador todo el que compra con ansiedad o que compra mayor cantidad de lo que normalmente requiere; además, genera una enorme confusión y cabalga sobre la percepción inmediata que tiene el ciudadano común sobre lo que está ocurriendo en las colas”, afirmó.

Para el experto, el ‘bachaqueo’ es producto de erráticos lineamientos económicos del Ejecutivo. “Debemos considerar que la ansiedad por comprar deriva de la incertidumbre de adquirir hoy lo que quizás no podamos encontrar mañana; esa es la consecuencia psicológica por una situación que ha generado el Gobierno con sus políticas, las cuales han promovido una gran escasez en productos que son demandados con muchísima necesidad por los consumidores”.

No son todos los ‘bachaqueros’ que están ni están todos los ‘bachaqueros’ que son

Padilla advierte que, en primer lugar, hay que saber diferenciar la ‘economía colaborativa’, que se verifica cuando alguien acude al mercado y sabe que una persona cercana, un pariente, le urge algún insumo – por ejemplo, un adulto mayor que necesita pañales – y ve oportunidad de auxiliarlo. “Esa es una persona que tiene sentido de la colaboración con sus semejantes, no es un ‘bachaquero’; o un trabajador que va a comprar y su jefe le pide el favor de que aproveche y le traiga algo, de manera que se explica por qué una persona compra más de un producto a la vez; también hay productores de alguna actividad – quien hace tortas requiere más azúcar -; y existe una tercera categoría que es por razones especulativas”.

Para el experto, quien conceptúa al ‘bachaqueo’ como aquel que desarrolla el contrabando en entidades fronterizas, no se puede aplicar dicha palabra al común de los ciudadanos, porque sería involucrar a seis millones de personas que viven del trabajo por cuenta propia.

 Cómo dan trabajo las estadísticas sobre desempleo y descontrolan los controles

“El Gobierno se luce cuando dice que casi no hay desempleo porque suma el que trabaja por cuenta de otro, en el sector público o privado – en el orden de 50 y tanto por ciento -, y el que trabaja por su cuenta que, de acuerdo con el INE, abarca 42 %;  lo cual arrojaría unos niveles de empleo fenomenales. Entonces, a ese 42 % se le califica de especulador y no se le brinda la oportunidad de trabajar por su cuenta. Por ejemplo, el estilista que labora en peluquería y lo visita a usted en su casa necesita acetona, necesita tinte, y no puede estar todo el día en una cola, tiene que comprarle a alguien que le provee de lo que el Gobierno no, y esa persona incurre en unos costos que es el tiempo invertido en hacer la cola para comprar esos productos”, destaca el director general de Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios, al referir las dificultades en las cuales coloca la crisis económica a quienes trabajan por su cuenta.

“Hay que estar alertas porque el Gobierno intenta pasar del ‘Dakazo’ al ‘bachacazo’ con el objetivo de explicar su mala política económica, buscando fijar en la mente del ciudadano que todo el que está en la colas es un delincuente”, señaló Padilla, agregando que concuerda con la tipificación ofrecida por el director de Datanálisis, Luis Vicente León, quien estima que el ‘bachaqueo’ se ha convertido en un factor estabilizador, desde la óptica social. “La relación con el ‘bachaquero’ es a veces de ‘te odio y te quiero’ ”, mencionó el declarante.

Además, para el portavoz de Atraem, el mercado negro y los controles se presentan como complicaciones adicionales al problema. “Verbigracia, en el mercado de divisas: cuando Ud. va a conseguir que le den la planilla de liquidación a lo mejor debe hacer algo para apurar el trámite, y cuando llega la mercancía al puerto para hacer que desembarquen el contenedor algo tiene que hacer para que baje más temprano, y si se traslada el contenedor en unas gandolas hacia el destino final algo hay que hacer para que en el camino no se la roben los malandros, y cuando llega a la bodega alguna colaboración tiene que dar con los militares que hicieron posible que llegara bien la mercancía”, enumeró.

“Al completar el día, el Gobierno controla el 100 % de todas las cosas que estamos hablando, pues, en lo concerniente a los controles, donde hay exceso de trámites, de permisos, cada trámite genera una oportunidad de cobro”, indicó el vocero, denunciando que el mercado negro hace que se encarezca el producto porque “el buhonero le paga más al bodeguero, que a su vez le paga plata por fuera al de Mercal, que a su vez le trae el producto que no debería tener en exceso allí, y el de Mercal está conectado con el del depósito privado que también está conectado y le dice al amigo ‘yo te aviso cuando lleguen las cosas aquí, por detrás, en la noche, cuando ya no esté el gerente’; todo eso lo ha desatado una economía que no funciona”, subrayó.

 Gobierno debe darse cuenta de que hay un universo de 6 millones de personas en economía informal

Alfredo Padilla sugirió al presidente de la República, tras la convocatoria a diálogo que el titular de Miraflores le formulara a los factores económicos del país – “los llama ‘pelucones y luego los invita a conversar”,  comenta Padilla – que cite también a las organizaciones que representan a quienes trabajan por su cuenta.

“Hay un mundo de 6 millones de personas que lo está pasando muy mal, a quienes se les han prometido muchas cosas y solo se les usa como estadística: trabajan, no tienen  protección social, les cuesta mucho conseguir los productos y, encima de eso, les aplican un decreto, 1348, mediante el cual la policía les decomisa la mercancía en la calle”, acotó.

Asimismo, según el analista, también privan los “costos ocultos”, los cuales están presentes en todos los sectores de la economía, especialmente, en la economía popular: “Nadie va a decir cuánto pagó para conseguir los dólares a 6,30, ni nadie va a decir cuánto pagó para que le pusieran el contenedor adelante en el puerto, ni nadie va a decir cuánto le pagó al policía para que te deje vender en la plaza, ni se va a decir cuánto se le paga al malandro para que no se la roben; y cuando alguien se atreve a revelar cómo obtuvo las cosas, entonces, viene el llamado de atención, que no es, precisamente, de cortesía ideológica”, ironizó Padilla.

Para el director general de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios, la escasez y la inflación mantienen al ciudadano, tal como reza el argot taurino, ‘entre cacho y quijada’: “La inflación es un tema de ingresos y de costos reales porque si tú mides los productos como los pagas al final es mucho más de lo que establecen las estadísticas. Si tú estás 16 horas a la semana metido en una cola, ¿qué estás pagando? Estás pagando con oro, que se llama tiempo, y ese tiempo en lugar de dedicarlo a cuidar a tú mamá o al niño o a descansar, lo tienes que invertir o lo invierte otro, y tienes que pagarle la diferencia porque te hizo el favor de comprar”.

 Una empanada que sabe a nada

Padilla opina que los decretos sucesivos de incrementos salariales constituyen una burla: “El aumento de salario es de 22.3 bolívares: eso es lo que cuesta un bolibomba, eso es media empanada, un poquito menos de media empanada diaria, eso es nada. Es más lo que se gastará en tinta y papel para decir que un trabajador va a ganar 22 bolívares más al día, que lo que realmente le van a dar al final. No es que sea malo que a uno le aumenten el salario, lo que es malo es que aumenten el costo de la vida; si aumentan el salario pero el costo de la vida tiende a bajar o se mantiene estable, no hace falta que aumenten mucho el salario, lo que se necesita es que me bajen lo que cuestan las cosas”, explicó.

Propugna, además, una sinceración de la política cambiaria y de los costos para que se acabe la ansiedad. “Si el dólar cuesta 200 bolívares, eso es lo que cuesta, el que quiera comprar dólares en 200 bolívares los compra, el que quiera importar con 200 bolívares importa, pero si Ud. no le da al comercio para que importe ni le da al sector de repuestos, por ejemplo, para que importe, con el dólar negro ellos tienen que adquirir los repuestos; por eso, se va a conseguir un repuesto muy barato o muy caro porque se adquirió con dólar del mercado paralelo o con divisas preferenciales. Toda esa ‘loquetera’ con los dólares incide bárbaramente en la situación del país”, expresó Padilla.

 Con trabajo de hormiguita se remedia el ‘bachaqueo’

Como una solución al problema del ‘bachaqueo’, Alfredo Padilla sostiene que las autoridades nacionales deberían abocarse a los registros que poseen las direcciones de comercio informal de las 335 alcaldías del país, sobre los permisos para ejercer la actividad, acerca de los cuales se exige renovación y sobre los que privan ordenanzas municipales.

“Si el Gobierno le distribuyera a ese sistema de, por lo menos, 3 millones de personas que están en la calle vendiendo cosas, así como les distribuye a los mercados privados, resolvería el problema del ‘bachaqueo’. Se les distribuye a los que legalmente venden productos. ¿Cómo sabe quiénes son? Pregúntele a cada alcaldía quiénes son: el que no esté en esa lista no es del trabajo informal, es sospechoso de ser un revendedor abusivo. Es decir, con la misma consideración que se le tiene a la cadena privada de supermercados, distribuya también a los trabajadores que Ud. ha reconocido como tales y que están registrados en cada ayuntamiento. La otra opción es violenta”, planteó Alfredo Padilla, director general de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios (Atraem).

Nota de Prensa

 

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