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Grecia decide en las urnas por Sí o por No su destino y el futuro del euro

Grecia decide en las urnas por Sí o por No su destino y el futuro del euro


Expectativa mundial por el referéndum convocado por Atenas.Votan a favor o en contra de nuevas ayudas a cambio de más ajustes. Si gana el Sí, el gobierno griego dijo que renuncia. Si vence el No, el riesgo es que el país salga del euro, un gran fracaso para la moneda común.

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Los griegos deciden este domingo en referéndum el futuro de Europa y el papel que su país jugará en el continente. Humillados y llevados al límite por una política de ajustes que dura más de un lustro, hundidos bajo la losa de una deuda impagable y acusados de corruptos, vagos y aprovechados, los ciudadanos griegos votarán hoy OXI (no) o NAI (sí) a la propuesta de los acreedores para firmar un nuevo programa de créditos a cambio de más ajustes. Según las encuestas hay una fuerte paridad con inclinación hacia el SI.

El gobierno de izquierda del primer ministro Alexis Tsipras –con su carismático ministro de Finanzas Yanis Varoufakis al frente–, pide el NO. Europa pide el SÍ pero ya no amenaza con enseñarle la puerta de salida del euro a los griegos. Una puerta que los europeos ni siquiera imaginaban que existiera hace pocos años.

El referéndum se ha convertido en un plebiscito sobre la gestión de Tsipras y, por elevación, sobre la política económica europea. En una elección entre la peste y el cólera. Y en el primer desafío abierto, casi un motín, desde el sur de Europa a las capitales del norte.

La campaña del miedo es brutal. El diario Financial Times publicó el viernes que Grecia prepara una quita del 30% a los depósitos superiores a 8.000 euros. Andrea Eria, presidente de la Autoridad Bancaria europea, salió ayer a desmentirlo.

A los griegos se les ha dicho que si votan NO pondrán a su país en la puerta de salida de Europa, pero el miedo a que la presión fuera contraproducente hizo girar en los últimos días a los máximos dirigentes de las instituciones europeas.

Prefieren el SÍ porque seguramente conlleve la salida de Tsipras, el primer líder de un país europeo que resistió hasta el final la presión y la formación de un gobierno provisional de tecnócratas con el que negociar antes del 20 de julio, cuando Grecia tiene un vencimiento de 3.600 millones de euros con el BCE.

Los ministros de Finanzas del euro no confían –y buenas razones tienen ante los tumbos que ha ido dando Tsipras estos meses– en el dirigente griego, pero ellos también intentaron bloquear la publicación de un informe del FMI que les quitaba la razón porque ve indispensable reestructurar la deuda griega y casi inevitable una quita de al menos el 30%.

Tsipras, amigo de usar la épica en los mítines de campaña, se ha convertido en el enemigo público número uno de la dirigencia europea. Conservadores y socialdemócratas unen fuerzas porque su triunfo sería el de la “amenaza ideológica”, como lo tachó el vice canciller alemán Sigmar Gabriel.

Pero Tsipras también ha cometido errores de bulto en su negociación, creyendo que los europeos cederían antes y calculando mal el peso que tenían en las negociaciones los que preferirían ver a Grecia fuera del euro. Porque creen que así refuerzan la Eurozona cortando el cordón con su miembro más débil o simplemente por cálculo político, asegurando que no pasa nada porque el tren deje atrás un vagón averiado. El referéndum en la práctica arreglará poco y supone una piedra más en la montaña de la desconfianza, pero también supone un precedente. Cuando haya que apretar las tuercas a otro país siempre estará presente el antecedente de Grecia.

La economía griega se ha parado. A la situación de más de un 25% de desempleo y una pobreza que afecta a más de un tercio de la población, el desafío del gobierno de Tsipras a los acreedores ha puesto a la banca griega al borde de la quiebra.

Los bancos tienen liquidez para pasar el fin de semana pero más allá podrían derrumbarse si el BCE no aumenta su financiación de emergencia, que ha ido recortando desde hace semanas para aumentar la presión sobre Tsipras. Si el BCE quiere achicharrar a Tsipras le bastará con cerrar el grifo el lunes.

Gane el SÍ o el NO, se vaya o se quede Tsipras, el elefante en la habitación seguirá siendo la deuda, en torno al 180% del PBI, más de 323.000 millones de euros. Europa sabe que es prácticamente impagable pero no quiere entregar el caramelo de la reestructuración a la izquierda griega.

El economista francés Thomas Piketty decía el sábado en una entrevista al diario Le Monde que los acreedores están jugando a “aprendices de brujo que imaginan que pueden disciplinar y estabilizar la Eurozona expulsando a un país”.

La política económica europea del último lustro ha sido incapaz de poner fin a la crisis de un país que representa el 1,3% del PBI de la UE (2,07% de la Eurozona) y el 2,2% de su población. Pero la salida de Grecia sería un grave fracaso para el proyecto de integración europea, su primer gran paso atrás.

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Clarín

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