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Guerra abierta por el liderazgo del peronismo en Argentina

Guerra abierta por el liderazgo del peronismo en Argentina


Desplazado del Gobierno de Argentina y de su histórico bastión, la provincia de Buenos Aires, el peronismo encara el fin del ciclo kirchnerista con la doble tarea de elegir a un nuevo líder y consolidarse como oposición con la vista puesta en las legislativas de 2017.

“Se pueden perder elecciones pero no se pueden perder las convicciones. Estamos trabajando para volver”, aseguró Andrés “Cuervo” Larroque, diputado y secretario general de La Cámpora, la organización que aglutina a las juventudes kirchneristas.

Solo 2,7 puntos separaron al candidato del Frente para la Victoria (FpV), Daniel Scioli, del nuevo presidente argentino, Mauricio Macri, en las últimas elecciones, un porcentaje que confirma la fuerza del principal partido de Argentina pese al desgaste acumulado por los últimos doce años en el poder.

Pero antes de organizarse para volver, el peronismo debe elegir un líder capaz de superar la fragmentación y cerrar las heridas abiertas por la derrota.

Mientras un sector apuesta por elecciones internas en el peronismo, aglutinado en el Partido Justicialista (PJ), otro mantiene a la expresidenta Cristina Fernández como la conductora de un espacio que históricamente se ha escudado detrás de los candidatos que triunfan.

Máximo Kirchner, diputado e hijo de Fernández y del fallecido expresidente Néstor Kirchner, asegura que su madre es todavía la conductora del peronismo.

La prueba, apunta Kirchner, es la multitudinaria movilización que despidió a Cristina Fernández en la Plaza de Mayo el pasado 9 de diciembre, la víspera de la investidura de Macri.

Fernández, ahora en un discreto segundo plano, no ha desvelado sus planes de futuro pero, en sus últimos mensajes, dejó clara su intención de “acompañar” a los militantes peronistas.

Mientras preparaba su retirada, la expresidenta desplegó sus fichas para asegurar que su círculo más íntimo quedara colocado en la nueva gestión.

Como parte de esa operación su hijo Máximo entró en la Cámara de Diputados y su cuñada Alicia Kirchner se alzó con el gobierno de Santa Cruz (sur), cuna del kirchnerismo.

En la visión de Máximo Kirchner, el peronismo debe convertirse en un “Frente para la Victoria (FpV) grande que incorpore muchas más visiones, que sea incluyente y policlasista”.

Para lograrlo, tendrá que vencer a peronistas no kirchneristas, como el renovador Sergio Massa, que logró un 21 por ciento de votos en las presidenciales, al exgobernador de Córdoba José Manuel de la Sota o al mandatario de Salta, Juan Manuel Urtubey, quien recientemente se ha erigido como una de las voces más críticas contra la conducción del kirchnerismo.

Urtubey es partidario de convocar elecciones internas en el Partido Justicialista y ha encontrado apoyo en algunos barones de la provincia de Buenos Aires, como Fernando Espinoza, alcalde de La Matanza, un distrito históricamente fiel al peronismo.

“En 2016, tendría que haber elecciones internas en el peronismo para elegir una conducción nacional”, opina Espinoza, que defiende las posibilidades del “peronismo bonaerense” de liderar el movimiento.

Sin un líder definido, el peronismo ha sufrido ya sus primeras divisiones en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, gobernada por primera vez por una mujer, María Eugenia Vidal, estrecha colaboradora de Macri.

En el Congreso nacional, donde el FpV es primera minoría en Diputados y mayoría en el Senado, aún no está claro cómo se definirán las lealtades de los legisladores para el nuevo curso político, a partir del 1 de marzo del próximo año.

EFE

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