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“Hecho en Socialismo”, por Eskeila Guerra

“Hecho en Socialismo”, por Eskeila Guerra


Eskeila Guerra / @eskeilag

Los anaqueles vacíos, las largas colas para comprar productos en los supermercados y el anuncio de la tarjeta de abastecimiento seguro son resultado de una política económica equivocada y fracasada, de la aplicación de fórmulas que se han mostrado ineficaces no solo en socialismo sino también en democracia. El control de precios, siendo una de ellas, se aplicó bajo algunos gobiernos de la mal llamada ‘cuarta república’, y el recurso de los decretos-ley para regular los precios y hacer frente a la inflación se utilizaba en nuestra economía ya desde 1939. A pesar de que el gobierno repite incansablemente en su discurso que el gran responsable de todos nuestros problemas es ‘la cuarta’, sigue aplicando las mismas medidas que en el pasado no dieron resultado. Sin dejar de lado que culpar a la administración anterior por los problemas que existen era una tradición de los gobiernos de ‘la cuarta’ que ahora la revolución ha institucionalizado. Por otra parte, la fijación y el aumento de precios por decreto también fue utilizada en la URSS y en Cuba con consecuencias nefastas.

El control de precios lleva ya 11 años de aplicación y no ha dado ninguno de los resultados esperados. Como casi todas las medidas del gobierno, fue una decisión ‘reactiva’ para hacer frente a las consecuencias del paro petrolero y para frenar la inflación, anunciado como una medida en principio temporal. Como siempre el responsable de todo era un tercero: el paro y ‘la cuarta’. 11 años después del paro seguimos con control de precios y ahora con unas consecuencias nefastas para la economía. Y una vez más los responsables de la situación son otros, el enemigo necesario que luego de 11 años se encuentra en los empresarios y comerciantes especuladores del sector privado que son culpables de la escasez y el desabastecimiento, y ‘la cuarta’ obvio. Ese enemigo necesario le permite al gobierno justificar estas medidas económicas, que pueden resultar impopulares, recurriendo a la tesis de la ‘guerra económica’.

Medidas como esta generan más problemas de los que esperan solucionar si no son aplicadas con suma disciplina y mesura. Este mecanismo debe ser revisado frecuentemente, de lo contrario la creciente inflación y la devaluación desestimularan la inversión por parte de los productores y les generara pérdidas. Además, si se dejan de revisar los precios con la frecuencia necesaria ocurren al menos dos cosas: al momento de realizar el ajuste deben hacerse aumentos muy bruscos, y mantener un precio bajo o regulado aumenta el consumo y la demanda de ese bien hasta el punto de agotarlo.

Valga destacar que el control de precios no es el único responsable de la situación de escasez y desabastecimiento que vivimos ahora. A ello también se deben sumar otros factores como el control de cambios, la inflación, las expropiaciones, la falta de seguridad jurídica, la importación de productos y alimentos básicos, los subsidios, entre otros. Todo ello afecta de manera negativa al empresario, al inversor, al pequeño y mediano productor, al dueño de la finca, etc., quien necesariamente se ve obligado a sacrificar sus niveles de inversión y sacar sus capitales del país en el mejor de los casos. Y es que nadie está dispuesto a producir a perdida, a menos que seas el gobierno y prefieras sacrificar la economía para conseguir apoyo popular.

La lógica ortodoxa socialista le dicta al gobierno establecer más y más controles sobre la economía para restringir el libre mercado a cambio de tratar de conseguir una ‘justa’ –equitativa e igualitaria- distribución de los bienes y servicios. Ello es así porque los precios que establece el mercado no son equitativitos ni garantizan el acceso de todos por igual a los bienes. En el proceso de igualarnos se generan estas distorsiones económicas que producen escasez y desabastecimiento, entonces todos por igual no podemos tener acceso a esos bienes que nos quieren garantizar que podamos comprar. Consecuentemente, controlar la especulación se vuelve ‘un problema titánico’ porque el valor de un bien que no se consigue en la economía puede ser infinito.

El gran problema reside en que la economía socialista se basa, entre otras, en una planificación centralizada de la economía. En nuestro caso, no podemos decir ni siquiera que tenemos tal modelo porque la planificación centralizada implica producción y eso aquí casi no existe, a menos que hablemos de petróleo. Se planifica que y como se va a producir, cuanto y para quienes. Se establecen prioridades y objetivos a alcanzar, y se fijan los precios. Todo ello guiado por una mística de distribución equitativa e igualitaria de los bienes y servicios. En el mejor de los casos en Venezuela tenemos una economía de racionamiento centralizado, que trata de distribuir los escasos bienes de forma equitativa e igualitaria.

Las contradicciones de nuestro socialismo del siglo XXI son severas: crítica al pasado y lo responsabiliza de nuestro presente, pero aplica muchas de las mismas medidas que se mostraron erradas en esa época; a pesar de que se denomina del ‘siglo XXI’ utiliza las mismas recetas de experimentos socialistas de los siglos XIX y XX que no solo fracasaron sino que han sido hartamente estudiadas y revisadas; quiere imponer el cambio desde la cúspide del poder en una sociedad sin aparato productivo, destruido precisamente por los férreos controles económicos.

La revolución no ha innovado en nada ni ha creado mejores soluciones para los problemas que atraviesa el país. No ha superado las deficiencias en materia económica del socialismo ni tampoco representa una experiencia exitosa bajo este sistema. Más bien ha contribuido a seguir profundizando esa mala fama que se han ganado los gobiernos de izquierda alrededor del mundo. Nos hemos convertido en uno más de esos ejemplos fracasados que señalan las economías de mercado de países desarrollados cuando en sus naciones se asoman pretensiones de izquierda. La revolución se ha mostrado cíclica, retrograda y conservadora. Lo que sí ha conseguido son cifras record de escasez e inflación conjuntamente, algo que no ocurrió en ‘la cuarta’. Eso sí fue hecho en socialismo.

Blog: http://eskeilag.wordpress.com/

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