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Historias del siglo XXI: La vida atroz de los jornaleros mexicanos de tabaco

Historias del siglo XXI: La vida atroz de los jornaleros mexicanos de tabaco


César Rodríguez quería ser fotógrafo, pero el miedo y la falta de confianza en sí mismo le resultaron abrumadores. En cambio se dedicó a abrir una chocolatería en Tepic, la ciudad mexicana donde nació. Le fue bien y se olvidó de la fotografía. O al menos eso creía.

Cinco años después de estar al frente de su tienda, una fotografía que por capricho envió a un concurso (una imagen en la que retrataba a los clavadistas de La Quebrada, un acantilado de Acapulco), le dio notoriedad. Pensó que podía regresar a tomar fotos y tal vez viajar a lugares remotos para captar las imágenes exuberantes y bucólicas que siempre había visto en National Geographic.

La casa de Antonio Escobedo, un jornalero del tabaco, durante la temporada de cosecha. Durante cinco meses, duerme, come y trabaja aquí. 
“Al final me di cuenta de que en Nayarit, mi propio estado, había muchas historias que nadie estaba contando”, dijo el fotógrafo de 32 años. “Es mi responsabilidad dar testimonio. Si vivo aquí, tengo que ayudar a mi comunidad y hacer algo por ella. Así fue como comencé a buscar un tema”.

Lo encontró a unos 90 minutos de Tepic, en las plantaciones de tabaco donde los trabajadores migrantes de ascendencia indígena trabajaban en condiciones penosas e inhumanas, expuestos a los elementos y pesticidas. Contó que no tenían agua potable ni sanitarios. Cuando recibían su paga —cerca de 35 dólares a la semana por familia— la gastaban en comida, agua e incluso en combustible para las lámparas que les ayudan a trabajar durante la noche.

Esta paga que recibe cada familia (no tienen sueldos individuales) es tan precaria que muchos renuncian a ir al médico para no dejar de comer. No hay ropa de protección, solo las mismas vestimentas que se desgastan tanto que terminan por tirarlas al final de la estación.

Juan Chávez trabaja de noche. Tenía una lámpara pequeña que se amarraba a la cabeza con un paliacate, para poder trabajar hasta las 3 o 4 de la mañana A las 6 de la mañana se levanta para continuar con su labor.CreditCésar Rodríguez

Las escenas de personas que se resguardan en chozas con techo de paja, con la piel en carne viva por los químicos, y niños de apenas seis años que trabajan en el campo o se bañan en canales de riego, bien podrían haberse tomado hace una generación. La idea de que las cosas han cambiado tan poco motivó a Rodríguez para continuar su proyecto.

El fotógrafo explica que los miembros del grupo indígena huichol llegan desde los estados de Nayarit, Jalisco y Durango, huyendo de la pobreza y sobreviviendo penosamente del cultivo de la tierra. La temporada del tabaco se extiende de enero a junio, y en los campos se ven familias enteras.

Vicente selecciona hojas de tabaco, mientras su hermano juega con la caja de plástico que usan para transportar las hojas.

Para Rodríguez, ganarse su confianza no fue fácil. La vida en esos campos donde las escasas posesiones de los jornaleros están al aire libre, les ha enseñado que están a merced de los ladrones. Al principio, miraban al fotógrafo con recelo.

“Te ven como un fuereño”, explica. “Algunos se negaron a que les tomara fotos. Otros dijeron que sí, pero no me hablaban. Muchos de ellos ni siquiera hablan español. Tienes que pasar tiempo con ellos para ganarte su confianza. He regresado tantas veces desde 2013, que, más o menos, ya me tienen confianza”.

Javier y Jovita juegan en la plantación de tabaco, donde sus padres y hermanos cortan hojas bajo temperaturas de hasta 33 grados centígrados.

Además de fotografiarlos, Rodríguez entrevista a los trabajadores para hacer una obra multimedia sobre sus condiciones laborales infrahumanas, y se ha a comprometido a continuar con el proyecto para ver si logra algún cambio: quiere que las compañías que compran el tabaco de esas plantaciones usen su influencia para exigir cambios.

El fotógrafo comentó que British American Tobacco México, la compañía que compra el tabaco cosechado por los huicholes, recientemente fue nombrada como una de las empresas donde la gente quería trabajar debido a las buenas prestaciones y su eficiente cultura laboral. Esa compañía no respondió a las solicitudes de comentarios sobre este trabajo. “Es un buen lugar para trabajar”, dijo Rodríguez. “Pero la gente que trabaja ahí tiene esos cargos gracias a la gente que trabaja arduamente en la provincia”.

 The New York Times
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