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“Hotel de los corazones rotos” por Carlos Raúl Hernández

“Hotel de los corazones rotos” por  Carlos Raúl Hernández


Carlos Raúl Hernández / @CarlosRaulHer.

Los seres humanos somos errores y aciertos que caminan, gracias a ambos hay evolución y cambio social y de no ser así viviríamos en cavernas. Mientras los éxitos y fallos personales afligen o alegran nuestras vidas privadas, los cometidos en política o en el poder afectan a muchos, los desventurados o afortunados que siguen a los líderes. Por eso una de las constantes del pensamiento político ha sido definir cómo hacer lo correcto, lo conveniente para lograr los fines, porque paradójicamente el traspié es un acierto lost in traslation. El que yerra lo hace obnubilado por pasión, sordera-ceguera, vanidad, por complacer grupos o seguidores, por mala suerte, o simplemente por necedad. Nassim Taleb añade recientemente como origen de las equivocaciones el efecto lobby. Pone de ejemplo a los corresponsales de guerra o que cubren eventos trascendentales.
De diversas nacionalidades, ideologías, lenguas y con simpatías políticas diferentes o contradictorias, de todas maneras convergen en hoteles de cinco estrellas. Allí desayunan, trabajan, esperan, fuman y beben juntos, e intercambian datos sobre los acontecimientos observados a partir de las mismas matrices de opinión. Espontáneamente aparean las informaciones, las procesan y trasmiten a sus lectores, aunque con sesgos personales naturalmente. Son de esa manera objeto de una especie de deriva génica informativa, de degaste en la novedad del producto, al reproducir fórmulas establecidas o convencionalmente válidas. Taleb recomienda por eso buscar fuentes distintas, alejadas de estos nidales de uniformidad, salir del útero de opinión, del cerco del confort intelectual.
Se me cayó la pelota
Y esa identidad de puntos de vista ocurre en todos los entornos, desde los partidos hasta las maras. Los grandes conductores de masas lo son porque quiebran paradigmas en desafío de nociones convencionales, dicen y hacen cosas inusuales. Felipe González mandó muy largo a su partido, que colapsó cuando él exige en la convención romper con el marxismo, y ya en el ejercicio del poder, se separó del estatismo tradicional, promovió herejías tales como la apertura económica de España y su incorporación a la OTAN. Pero en la comisión de errores lineales frente a acontecimientos obvios, lo que priva es la necedad. Quienes se ocupan de tomar decisiones están allí porque otros les reconocen un criterio superior a la media y según el relato de García Márquez cuando un maestro del billar falla una jugada bola a bola, es augurio de que va a pasar algo malo.
Si al short stop se le cae el flaicito, un vagido colectivo de contrariedad recorre el stadium. Para varios pensadores la pifia común en la política y en la guerra consiste en actuar sin querer contra los propios intereses y los del grupo o causa que se defienden, y suele ocurrir por desestimar criterios contrarios a los prejuicios y los sintagmas del círculo. ¿Por qué Moctezuma se empeñaba en creer que Cortés era Quetzacoalt que retornaba, luego de cumplir su pena de exilio del cielo? Una gran maquinaria de espías siguió a los españoles durante el largo año que tardaron deliberadamente en recorrer los 800 Km entre el puerto de Veracruz y Tenochitlán. El emperador disponía de profusa, abrumadora información sobre Cortés y debía saber que no era ningún dios. Pero empeñarse en esta absurda e inexplicable creencia lo hizo entregarse a él, a la prisión, la desgracia, y luego a la pedrea de su gente que no creía el cuento y lo consideró traidor.

Culpable soy yo
Aun mejor y con mayor documentación, se analizó el monumental traspié de los confederados ¿Por qué el General Lee decide atacar a los unionistas en Gettysburg, batalla que inclina a favor de Lincoln la Guerra de Secesión y cambió la Historia? En el estado mayor de Lee varios proponían no enfrentar al Ejército del Potomac desplegado con ventaja topográfica en la cima de una colina, lo que hasta en los manuales concede ventaja operacional. Pero el General hizo lo que le dio la gana, engreído de su fama de talento estratégico y confiado en la superioridad numérica de la tropa. Dicen que masacrada su gente, recorría el valle de la muerte y repetía “…yo soy el único culpable” ¿Por qué Atahualpa accede a reunirse con Pizarro en Cajamarca y deja el ejército fuera de la ciudad, lo que permitió su secuestro por los españoles? La pregunta vale para Emiliano Zapata, el gran caudillo revolucionario del Sur mexicano.
Él acepta ir sin escolta, a lo mero macho, a comer con un sospechoso desertor del ejército federal, que le había regalado un caballo y prometía lotes de armas. Lo alertaron, pero insistió ir a la masacre. En los errores políticos privan también la carencia de visiones sólidas, articuladas y los cambios de estrategia sin solución de continuidad, actuaciones en dirección contraria a las de poco antes, lo que confunde a los seguidores y los pone a defender torpemente lo que anatematizaban. En vez de mantener el timón, sus sacudidas mueven al capitán y el barco pierde la ruta. En la política como en la ciencia, las grandes ideas triunfadoras son al principio disparates que enojan al colectivo. Maquiavelo y Galileo, dos titanes de la misma época, de los primeros que hablaron del mundo tal cual era y no como se creía que era, e hicieron lo que había que hacer y no lo que la gente creía que había que hacer. Hoy siguen vigentes.
El Universal, 14 de agosto de 2016

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