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Humorista Emilio Lovera: El que no ha pensado en irse del país está mintiendo

Humorista Emilio Lovera: El que no ha pensado en irse del país está mintiendo


En las instalaciones de un estudio de grabación en proceso de construcción, con escasas sillas y paredes rústicas, espera un hombre de baja estatura, una camisa verde que le cuesta mantener abotonada, jeans y zapatos marrones como el color de su piel.

Emilio Lovera no luce diferente a como se ve en la televisión, donde trabajó por más de 23 años, de los 55 que tiene. Se muestra sonriente y dispuesto a comenzar la entrevista. Lo caracteriza su seriedad al responder, aunque no puede evitar decir ocasionalmente un chiste.

Su trayectoria por Radio Rochela determinó su vocación: hacer reír a la gente. Numerosas presentaciones y producciones para televisión e Internet han marcado su larga carrera.

-¿Qué opina de la situación teatral actual?

-Desde que empezó la crisis dura en Venezuela muchos factores hicieron que el teatro surgiera como una alternativa de diversión y de trabajo para nosotros. Al cerrar Radio Caracas Televisión (Rctv), las otras televisoras se encargaron de decir que no hay competencia y empezaron a disminuir sueldos y oportunidades para los artistas. Esto hizo que quedara un gran número de actores sin empleo y su trabajo natural es el teatro, por eso empezaron a surgir obras para las tablas, sitios para trabajar y las ganas del público de asistir porque no tenían televisión. La cartelera de teatro de este país se modificó y llegó a ser de dos páginas llenas de ofertas. Eso por una parte es bueno. Yo creo que se ha obligado al público venezolano a buscar el teatro como alternativa de diversión y esto nos ha favorecido a un grupo que fuimos populares en televisión. La gente no es tonta, no va a ir a una obra de alguien que jamás ha conocido.

-¿Cómo ve la asistencia del público a las obras de teatro en cartelera?

-Es evidente que la gente está yendo menos al teatro por la inseguridad. Ya no van a sitios nocturnos como antes. Eso disminuyó. Todavía hay teatros que tienen horarios más tarde. Como el teatro Santa Rosa de Lima, que tiene estacionamiento y es cómodo. Sin embargo, las personas siguen asistiendo y los teatros tienen funciones más tempranas.

-¿Qué receptividad ha tenido su obra de teatro?

Laureamor y Emidilio está desde el año 2002 y nada más se presenta entre febrero y marzo, solo por el día de los enamorados y siempre vendemos todo. Muchas personas han ido a verla. Este espectáculo convoca a masas que quieren reírse y desestresarse, no escuchar que van a matar gente ni nada sobre una bolsa Clap. Quieren algo que los saque de eso.

-¿Y qué temas toca su obra?

-El amor de pareja, las etapas de la vida en pareja desde el flechazo hasta el divorcio y el momento en el que no te quieres enamorar otra vez, todo eso se toca en ese show.

-¿Qué tan costoso es producir una obra actualmente?

-Hay teatros que cobran 1 millón y medio de bolívares por el alquiler diariamente, o sea, se tiene que presentar Elton John para recuperar ese dinero. Los costos son altos para uno, porque para el público el precio de la entrada significan 2 dólares, es decir, “bolos”. El espectáculo público es como el casino: tú sabes con cuánto dinero entras pero no con cuánto sales. Te puede ir bien o mal pero no puedes ir sin real, tienes que tener algo para meterle. Tenemos que tener un fondo para pagar sonido, luces, el alquiler del teatro. Tú apuestas 100 mil bolívares, por ejemplo, y puedes salir con 50 mil ó 200 con mil bolívares.

-¿Cómo empezó a hacer teatro?

-Empecé en el año 1983. Tenía espectáculos públicos en bares o fiestas privadas. Por recomendación de gente de Radio Rochela, me dijeron que ahí era donde estaba el dinero. “No vas a vivir de la tv, ahí pagan muy poco”, me decían. Era un buen sueldo porque ganaba mucho más que el mínimo. Pero siempre obtuve más con presentaciones que en televisión. Desde que empecé hacía ocho espectáculos a la semana, la juventud lo permitía. Hoy en día hago ocho cada dos meses.

-¿Qué anécdota recuerda de manera especial en su carrera teatral?

-Un día vino mi maestra de preescolar. Me llevó una media de mujer con un estambre arriba y me dijo: “Esta fue tu primera caracterización. Lo primero que tú hiciste fue ‘El payasito saltador’ y este fue el gorrito que tu mamá te hizo y yo lo guardé”. Lo tengo aquí en la oficina guardado como un gran recuerdo.

-Ser humorista actualmente es un reto, ¿se siente coartado al trabajar?

-Quien nos coarta es el mismo público. Si quieren oír hablar de política, nosotros hablaremos de eso. Si no quieren, también los escuchamos. Una vez una señora me dijo “Ay no, a Chávez ni imitado”. Este espectáculo de Laureamor y Emidilio como no tiene nada de política tiene muy buena acogida. Otros que yo presento como “El malandro” tiene mucha política, actualidad, idiosincrasia y la sala se llena igual.

-¿Alguna vez el Gobierno lo ha vetado para una presentación?

-El brazo armado del Gobierno comprende varias ramas, dependiendo de quién esté manejando ese sector. Entre 2002 y 2005 tuve problemas para tener pasaporte. Me tuvieron días enteros esperando hasta que alguien me dijo: “chamo vete, no te lo van a dar”. En otra ocasión, el Seniat intentó nombrarme contribuyente especial como persona natural. Una vez salió una entrevista en el ABC de España y teníamos presentación en Carabobo, Lara y Miranda, y el mismo día cerraron los tres teatros. Son descarados. Esto pasa cuando hay declaraciones públicas. Creo que lo que les molesta es no poder meternos presos y buscan la forma de acorralarnos como a los demás opositores.

-¿Cuál es su opinión del humor que se hace actualmente?

-Al menos en la televisión no hay humor. Pareciera ser una señal, porque el humor es disidencia y oposición. No da risa el humor adulador, porque tiene que retar a la autoridad para que sea gracioso.

Ahora está de moda el stand up. Yo me crié con chistes, monólogos, imitaciones y rutinas sobre situaciones comunes. Ahora hay unos puristas del stand up que no les importa si hace reír o no, sino que hagan bien el género. Para el público es negativo porque ellos van a reírse.

-¿Cómo se puede recuperar el humor que existía antes?

-Con una mente que admita la disidencia, porque si fuera así entonces sí sería algo democrático. Si fueran inteligentes lo permitieran. El humor tiene un nivel, tú te puedes propasar y al hacerlo, la víctima es de quien te estás burlando, tú puedes poner al asesino como un angelito porque la gente perdona a través del humor.

-¿Cómo entró en el mundo del humor?

-A mí me sorprendía que la gente ganara dinero con eso. En la época cuando estaba chamo, ser humorista no era una profesión. Teníamos que estudiar para ser médicos, abogados o arquitectos, lo que sea. Pero, ¿salir a echar broma? Eso era una falta de respeto. Yo encontré que la gente ganaba dinero con eso, que había demanda y que la gente lo consumía. Descubrí que tenía un poder cuando estaba en bachillerato. Yo decía “fíjense en esto” y todos hacían silencio para escucharme y era efectivo. Por otro lado veía a los payasos del salón y no eran tan buenos como yo veía que podía serlo. Me di cuenta que tenía una forma de decir las cosas que a la gente le daba risa, pero nunca pensando que podía sacar dinero de eso. Yo pensaba que Joselo, el humorista del momento, tenía estudios y luego me di cuenta de que no. Cuando me empezaron a pagar en Radio Rochela me di cuenta que podía vivir de esto.

-¿Cómo se decide el tema a tocar en las presentaciones?

-Yo no decido eso. Los que hacen Stand Up sí, pero a mí me llega la inspiración. Además, lo va a determinar el público, uno tiene un instinto para ver cómo hacer reír en ese momento. Pero al final es el público el que va a decidir qué parte del chiste es la que le gusta más o qué dijiste que les dio risa. Hasta que se ríe el público te das cuenta dónde están los chistes realmente. Nunca es una rutina perfectamente aprendida, nunca es el orden, siempre va variando.

-¿Cómo se desarrolla un día en su agenda?

-Esta semana estoy acondicionando este piso para tener un estudio de grabación. Esta mañana me levanté, me puse la camisa llena de pega y me puse a cortar y a tratar de acomodar ese mesón, y ya después en la tarde no me queda mucho por hacer sino algunas correcciones pendientes. Cuando tengo presentación lo que hago es comer poco y descansar.

-¿Ha pensado en irse del país?

-El que te diga que no ha pensado en irse te está mintiendo. Todos hemos sido tocados por el hampa, nadie se ha salvado. Eso hace que la gente haya pensado en emigrar. Sin embargo, hay un rumor de que yo me mudé, pero yo vivo aquí. Lo que pasa es que viajo mucho, especialmente a España, Estados Unidos y Colombia. Yo no sé vivir en otro lado, no me acostumbro. No por la ley porque yo ando derecho, sino por la gente. Yo me siento muy bien aquí. Después de que tú ves el trato de agradecimiento que te da la gente por 35 años de comedia, vas a otro país y ves que no es lo mismo. No tengo intenciones de irme, menos después de viejo. Lo que me gusta es que la gente en el exterior vea lo que hacemos.

-Su trabajo es hacer reír a la gente pero, ¿es difícil hacerlo reír a usted?

-A mí me hacen reír mis compañeros de trabajo. Con Carlos Rodríguez, Laureano, Charlie Mata, Amilcar, Wilmer, ellos son un vacilón. Como espectador he ido a ver a los chamos nuevos que están haciendo muchas cosas buenas como Ale Otero, Nanutria, Reuben Morales. De los viejos he ido a verlos a todos. El Che Gaetano echa el mismo chiste todo el tiempo y siempre me río. La energía que usan para hacer el chiste es lo que me hace reír.

 

 

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