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Iglesia católica en crisis tras auge de nuevas religiones

Iglesia católica en crisis tras auge de nuevas religiones


El número de católicos disminuye en el país mientras que los templos e instituciones religiosas de otras denominaciones se multiplican en los últimos años

El año pasado, la Iglesia Católica se enfrentó a cambios trascendentales y a la renovación de sus máximas autoridades. En 12 meses el anterior papa Benedicto XVI renunció a su cargo, un hecho que no se había presentado desde 1415 y abrió la brecha para el cambio.

Semanas después, los máximos representantes del catolicismo eligieron al primer papa latinoamericano, el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien adoptó el nombre de Francisco y ha sido visto como el papa de las transformaciones, de las reformas.

En Venezuela, el pluralismo religioso está en la calle, en las cientos de salas de cine convertidas en templos de adoración religiosa y en iglesias evangélicas, en las yabós que caminan vestidas de blanco por las calles, en la comunidad musulmana que crece cada vez más y en cultos esotéricos como los de María Lionza, la Corte Malandra, el Negro Primero y muchas otras manifestaciones espirituales. La fe de los venezolanos es cada vez más diversa y heterogénea, de acuerdo con diversos estudios que revelan el declive del número de católicos en relación con otras religiones. Mientras en 1991 se estimaba el número de católicos en 86% de la población venezolana, hoy ese número se calcula en cerca de 70%.

La Iglesia Católica busca renovarse en medio de una crisis que ha sacudido sus cimientos: los escándalos de abuso sexual, corrupción y pérdida de fieles en todo el mundo, que le han hecho perder terreno en Europa y Latinoamérica. En apenas meses de haber sido elegido, el papa Francisco triplicó la cantidad de asistentes a actos en el Vaticano, según informó la Santa Sede la semana pasada.

En Venezuela, el número de instituciones religiosas inscritas se incrementó 41%. Una revisión a las Memoria y Cuenta del Ministerio del Interior, Justicia y Paz, revela que 281 instituciones religiosas se registraron legalmente ante la Dirección General de Justicia y Cultos en 2011. Esta cifra ascendió hasta alcanzar 398 en 2012. También el número de agrupaciones que recibieron el visto bueno, paso previo para lograr su inscripción para funcionamiento legal, creció de 585 a 725 entre 2011 y 2012.

Aunque en los documentos oficiales no se precisa el credo o filiación de las instituciones, sí permiten corroborar que la población venezolana experimenta un proceso de diversificación religiosa, que también es llamado como la “descatolización del país” por diversos investigadores nacionales.

Se trata de los efectos del crecimiento y expansión de otros grupos o denominaciones cristianas: evangélicos y sus corrientes, pentecostales, bautistas, adventistas, protestantes, presbiterianos, etc.

Cerca de 17% de la población es evangélica, afirma Samuel Olson, presidente del Consejo Evangélico de Venezuela (CEV), quien precisa que el número de fieles de esta corriente religiosa ha crecido entre 6 y 7 por ciento en los últimos 14 años. Están agrupados en dos grandes instituciones que son el CEV (con 160 organizaciones) y la Confederación Evangélica Pentecostal, que tiene en sus miembros a otras 150 congregaciones.

De qué va el asunto. El sacerdote jesuita Jesús María Aguirre se pregunta si los venezolanos entendemos por religión a cualquier rito: “¿Es eso religión? ¿o es espiritualidad? ¿Esoterismo? ¿Magia o representaciones?”. Cree que debe delimitarse la religión como un conjunto de creencias que posee cuerpo, que está respaldada por una institución, en una organización, con líderes, y que, además, tiene bien definidos sus ritos y prácticas.

Además, explica que por cristiano se entiende a todo aquel que cree en Cristo y no exclusivamente a las corrientes evangélicas o no católicas.

“Religión es un sistema de representaciones que postulan o suponen la idea de un dios o de dioses para darle sentido a la vida y a la existencia. Es un sistema de creencias, que supone referencias a lo último sagrado (sic). Son también instituciones y organizaciones que canalizan la adherencia de los miembros; el conjunto de los dogmas (creencias), y que reglamentan también unas prácticas”, explica.

Su argumento coincide con el de Michelle Ascencio, antropóloga y docente de la Maestría de Historia de la Universidad Central de Venezuela, y autora del libro De que vuelan, vuelan, un texto que explora la religiosidad popular y las prácticas esotéricas ligadas al culto a María Lionza.

Allí Ascencio delimita religión y religiosidad: “Llamo religión al sistema de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas (un panteón de dioses, mitos y dogmas, ritos y ceremonias, un cuerpo sacerdotal, calendario litúrgico y lugares del culto, reunidas en una misma comunidad de fieles llamada iglesia)”.

Esta antropóloga afirma que las religiones son instituciones sociales sometidas a la historia y las diferencias de la religiosidad: “Llamo religiosidad a la forma o manera como se vive cotidianamente la religión. El estudio de esta religiosidad comprende el comportamiento de los diversos grupos sociales y de los individuos que profesan una determinada religión. Lo religioso es una categoría que incluye a la religión y a la religiosidad”.

Diversidad religiosa. El pastor Samuel Olson no cree que la feligresía cristiano-evangélica sea la única que crece.

“En Venezuela hay musulmanes, ortodoxos, hay hindúes, budistas, cultos esotéricos que no son cristianos; otros grupos que no son monoteístas. Hay una infinidad de variaciones que conforman el microcosmos religioso del país. También están los mormones, los Testigos de Jehová. Ninguno de ellos son evangélicos. Además, hay ateos y agnósticos. Hay otras expresiones que no son ni protestantes, ni evangélicos, ni católicos romanos”.

Este pastor, que dirige una de las iglesias evangélicas con más fieles en Las Acacias, en Caracas, afirma que en Venezuela se produjo una apertura religiosa que asegura está basada en el reconocimiento: “El Gobierno ha sido muy abierto. El evangélico ya no siente que sus creencias sean tabú. Es casi como si el evangélico saliera del closet. Hoy la gente no siente pena de que lo miren mal por su religión, que sucedía mucho en el pasado. Todos declaran en lo que creen y a la gente no le importa. Eso es apertura, es reconocimiento”.

Pese a que el catolicismo se mantiene como la religión dominante en Venezuela, su crecimiento relativo es menor al de otras denominaciones, asegura el sacerdote jesuita y director del Centro Gumilla, Jesús María Aguirre.

Aguirre es investigador del tema y autor del texto Radiografía religiosa de Venezuela, publicado en 2012. Este estudio profundiza en el análisis de datos demográficos y estadísticos que dan cuenta de los cambios religiosos en Venezuela y Latinoamérica. Este académico de hablar pausado afirma que “el valor de la religión no está en el número de fieles. Se trata de relaciones y conexiones humanas”.

Mientras que la población mundial de cristianos creció a un promedio de 1,27 millones anuales durante la última década, la de católicos lo hizo a una tasa anual promedio de 780 mil en el mismo período, según una investigación del demógrafo y profesor belga Franz Damen, que Aguirre cita en su trabajo.

Los cristianos evangélicos crecen a un ritmo mayor al de los católicos. Esta tendencia se ha reproducido en Venezuela pese a las limitaciones para el financiamiento extranjero a misiones religiosas que se instalaron en el país desde mediados del siglo pasado. La Ley de Defensa de la Soberanía Política y Autodeterminación Nacional, aprobada en diciembre de 2010, prohíbe el financiamiento extranjero a Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

La crisis del catolicismo no pasa desapercibida en Venezuela, que apunta en su Concilio para el Plan Trienal 2012-2015 algunas de las dificultades por las que atraviesa esta Iglesia en Venezuela: “La sociedad está muy centrada en el templo: se espera que los fieles acudan a él en vez de ir a su encuentro… Las formas tradicionales de acción pastoral no son suficientes para llegar a todo el pueblo de Dios; en muchas circunstancias y situaciones los miembros de la Iglesia no hemos llevado a cabo una decidida acción por los pobres”.

Declive. Cerca de 71% de la población venezolana se declara como católica, según el estudio Gustos y deseos de la población venezolana, publicado en 2011 por GISXXI con una muestra de 2.500 entrevistas y un margen de error de 2%. La distribución de los encuestados se repartió mayoritariamente (80%) entre los estratos D y E de la población venezolana.

Esta encuesta también reveló que casi la mitad de los consultados (47%) negó creer en el Papa, mientras que 54% respondió que no creía en los sacerdotes. La valoración de la Iglesia Católica como institución disminuye notablemente en los sectores más pobres.

El padre Alejandro Moreno -psicólogo, teólogo, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) y director del Centro de Investigaciones Populares (CIP)– reconoce la penetración de otras denominaciones cristianas, como las corrientes evangélicas y sus variantes, en las barriadas y sectores populares, aunque no deja de cuestionar el vínculo.

“Es verdad. Hay ciertamente más afiliación porque se han metido ahí de lleno. Aunque ellos no tienen muchas exigencias. No hay exigencia de matrimonio, de caridad con el prójimo. La única exigencia es declarar que uno se entrega a Jesucristo y dejo de fumar y de beber. Es casi una experiencia individual: es creer en Dios y tener una sensación psicológica que tiene mucho que ver con lo mágico”, esboza Moreno, quien vive desde hace décadas en Petare y ha coordinado trabajo social en barrios desasistidos. Este teólogo también reconoce que hay grupos evangélicos “serios” que gozan de credibilidad.

Pero parte de este crecimiento de la feligresía evangélica tiene que ver con un éxodo o migración de fieles desde el catolicismo. El pastor evangélico Ángel Rondón atribuye a varias razones el cambio en la creencia de muchos ex católicos. Cita la “búsqueda de alternativas” como una necesidad de los creyentes ante las adversidades; el trabajo social de la Iglesia Cristiana Evangélica y el distanciamiento de los líderes religiosos de la realidad que viven sus seguidores.

“Hay iglesias que se han alejado del trabajo social. A las personas hay que canalizarles no sólo las necesidades espirituales, sino también las necesidades tangibles: comida, educación, vivienda, cobijo. La oración no basta. Tú puedes orar, pero hay que actuar también. Hay que convertir la oración en acción social”.

Moreno desestima este argumento de manera rotunda: “¿Quién hace acción social en los barrios? ¿Quién brinda una labor educativa? Ellos no hacen acción social. Quizá un pequeño grupo. Pero es la Iglesia Católica la que trabaja en los barrios. Ni el Gobierno, ni los evangélicos. ¡Es que no los he visto! Es la Iglesia Católica la que hace labor social y de caridad en los barrios. ¿Quién le cobra impuestos a los fieles? ¿La Iglesia Católica? No. Son los grupos evangélicos los que cobran el diezmo. Quizá algunos atienden, pero sin mucha capacidad técnica porque muchos pastores no están preparados teológicamente”.

Moreno enfatiza en que “la Iglesia Católica no es un club”, una idea que intenta explicar que la pertenencia a ella no puede estar más alejada de la frivolidad que supone otorgarle valor por el número de miembros y popularidad. “Es una institución que predica la Palabra de Dios según la entiende, e insta a sus seguidores a hacer el bien por los demás”.

Casi en el mismo tono, el pastor Olson cree que no se trata de cambios o transformaciones interreligiosas, sino más bien de la “búsqueda de una mejor relación con Dios y con Cristo”.

“Lo importante es la convicción de que Cristo es parte de tu vida. La gente lo asume y lo cree. Eso los hace buscar la religión, que es su relación personal con Cristo, su búsqueda. La gente se siente feliz cuando logra esto. Se sienten llenos y luego quieren compartir eso con los demás”.

El centro de Investigación Pew Research, de Estados Unidos, muestra en su web que Venezuela tiene 25.890.000 cristianos, de los cuales 22.500.000 son católicos. Pero también hay en el país más de 5 millones de evangélicos, entre 500 mil y un millón de musulmanes, 157.795 mormones, cerca de 9.000 judíos y un número creciente de adventistas, testigos de Jehová y seguidores de la religión yoruba.

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