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“¿Inflación sin solución?” por David Uzcategui

“¿Inflación sin solución?” por David Uzcategui


David Uzcategui / @DavidUzcategui.

¿Por qué no se puede abatir este fenómeno que engulle el salario de los trabajadores?

Entre los titulares de prensa de los últimos días, nos encontramos con que, según el informe mensual de precios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, la inflación alimentaria de Venezuela fue de 7,5% en enero pasado.
Si anualizáramos este índice inflacionario, llegaríamos al 90%, en caso de mantenerse igual en promedio durante los 11 meses posteriores. Y estamos hablando solamente del sector alimentos, el medular para la supervivencia de la gente.

Según el mismo organismo, la inflación de alimentos alcanzó en América Latina y el Caribe un 1,2%. Y detalla que en Bolivia fue un 1,9%, en Brasil y Colombia un 1,5%, en México 1,4%. Esta muestra detalla cómo Venezuela sigue mostrando sostenidamente un índice inflacionario muy superior al resto de la región.

En principio, debemos considerar que la inflación es el aumento ge- neralizado de los precios de los bienes transados en una economía. Es una de las variables económicas más importantes, ya que manteniéndola bajo control se garantiza el ingreso real a la población y la competitividad de los productos en el mercado nacional e internacional.

Hablando en términos más especializados, se considera un nivel de inflación bajo entre el 0 y el 10%, moderado de 11 a 30%, alto de 31 a 100% e hiperinflación más del 100%. Según cifras del Banco Central de Venezuela, la inflación de alimentos en 2014 alcanzó el 102,2%, con lo cual ya pisamos el peligroso terreno de la hiperinflación.

Las estadísticas del organismo emisor dejan ver que el grupo de alimentos se situó en más de 33 puntos porcentuales por encima del promedio nacional de la inflación, hecho que podría confirmar la hipótesis de especialistas en cuanto a que Venezuela cierre el 2015 con una inflación general por encima de 100%, dejando muy atrás la de 2014, que fue de 68,5%, la más alta en 14 años. Tomemos en cuenta que, en la región, todos los países, -a excepción de Argentina con 24,2%- tienen una tasa por debajo de 10%

¿Qué nos sucede? ¿Por qué no se puede abatir este fenómeno que engulle el salario de los trabajadores? ¿Por qué nuestro desempeño es tan distinto al de los países que nos rodean?

Una de las prioridades urgentes del actual gobierno nacional debe ser el equilibrio fiscal, lo cual significa que hay que ajustarse para no gastar más que lo que se percibe. También debe revisarse la política para gasto y endeudamiento público, ya que al no respetar el principio previamente mencionado, termina por atentar contra la estabilidad económica del país.

Por otro lado, los controles de precios -reiteradamente cuestionados por economistas- no contribuyen a resolver el problema de la inflación, y muy por el contrario, la disparan. Los controles de precio a nivel mundial no son utilizados para controlar la inflación, y ello se puede ver en que ninguno de los países con menores índices de inflación tiene control de precios alguno. Definitivamente la solución no va por allí, aunque de entrada pueda parecer la mejor idea. Pero recordemos aquel refrán: “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

El Universal, 20 de marzo de 2015

También la excesiva complicación del control cambiario hace lo suyo. Ya son habituales las quejas de los empresarios que no reciben a tiempo las liquidaciones de dólares a tasa oficial para adquirir productos de primera necesidad, lo cual lleva a que no estén presentes en los estantes, a que tengan que ser importados a tasas superiores a la oficial, o a que aumenten los precios de las unidades existentes, por simple ley de oferta y demanda. Si se consiguen pocas unidades de un producto que es buscado por muchos, esas unidades subirán su precio. La economía es una ciencia exacta y no cambia por órdenes.

Por tanto, otra de las soluciones es producir. Producir mucho y en cantidad. Por el sector privado y el público. Cada uno por su lado y ambos en alianza. Escuchar a quienes han dedicado su vida a producir, porque saben como hacerlo.

Y propiciar que los particulares creen empleo, para que no quede al Estado la responsabilidad de tener a todos los venezolanos en una nómina exhausta que se carga al gasto público que hay que disminuir para que la economía nacional pueda marchar hacia los ajustes que permitan su estabilización.

Para finalizar, vale la pena recordar aquella cita bíblica que dice: “Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer”. La reconciliación y unificación de los venezolanos en torno a un proyecto de país común, es factor clave para sanear la economía, reducir la inflación y logran nuestros objetivos como país. Tenemos los recursos y la gente, esa es la buena noticia. Con una administración adecuada de estos activos, podemos convertir en poco tiempo a la inflación en un fantasma indeseable que nadie querrá recordar.

El Universal, 20 de marzo de 2015
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