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Insatisfechos pero sin arrepentimientos, hijos de la revolución cubana se jubilan

Insatisfechos pero sin arrepentimientos, hijos de la revolución cubana se jubilan


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Cuando la revolución de Fidel Castro cumple 56 años, sus primeros hijos rondan los 60 años y tienen historias de sacrificio e idealismo por construir un país diferente al que se jubilan, con insatisfacciones y frustraciones, pero dicen que sin arrepentimientos.

“Fuimos parte de una época estremecedora, romántica, contradictoria, quizás irrepetible”, dijo a la AFP el periodista y escritor Manuel Juan Somoza (69 años).

“Teníamos la certidumbre en el triunfo y actuamos en correspondencia, con una disposición al sacrificio personal y un grado de honestidad que ahora algunos califican de idealismo, pero que nutrió el sentido de nuestras vidas”, señaló a la AFP ex diplomático y politólogo Jesús Arboleya (67).

Protagonistas de las grandes campañas de los años 60 y 70 como la alfabetización, “fuimos una generación comprometida y optimista, que vivió con intensidad”, según Arboleya, pero “subordinada de manera incondicional al criterio conclusivo que siempre preservó la generación triunfante”, señaló Somoza, autor de un estremecedor testimonio generacional, “Crónica desde las entrañas”.

Silvio Rodríguez, cantor de esa generación, resumió en un verso ese empeño: “virar esta tierra de una vez”.

Esta generación la forman más de un millón de personas, el 9% de la población, muchas de las cuales alcanzaron títulos universitarios y forman el núcleo de la inteligencia cubana actual.

“Tuvimos una preparación académica, ética, social que, aun con presiones y ortodoxias, fue muy elevada en valores y conocimientos”, dijo a la AFP el escritor Leonardo Padura (59).

Pero también “están en la burocracia” y desde puestos de segundones frenan las reformas emprendidas por el presidente Raúl Castro, dijo a la AFP un uruguayo residente en Cuba.

Oyeron a hurtadillas a los prohibidos Beatles y oraciones religiosas, marginadas por un estado marxista y ateo, así como fueron universitarios en el “quinquenio gris” (1971-76), una época de exclusión política en la cultura, en la que también se persiguió a los homosexuales.

Algunos piensan que la suya fue la generación que menos emigró, pero Padura señaló que “la proporción sería avasallante a favor de los hijos de mi generación”, los cuales se marcharon a otros países donde poder realizar proyectos personales de vida.

– Generación “guevarista” o “escondida” –

El sociólogo Luis Suárez (64) la denomina la generación “guevarista”, por la influencia del guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara.

“Sentimos que nos entregaba un proyecto de vida ético asociado al internacionalismo, a los valores morales, a pensar de manera distinta del marxismo”, dijo.

Pero Padura la considera la generación “escondida”.

“No tuvimos un verdadero rostro social durante muchos años” y si algunos ocuparon cargos importantes, lo hicieron “sin haber tenido por ello un gran poder de decisión”.

El vicepresidente Carlos Lage, depuesto en 2009, y el ex ministro de Cultura Abel Prieto son los dos de esa generación que más cerca del poder llegaron.

“No creo que estemos tan escondidos, aunque es cierto que tampoco se nos ha tenido en cuenta como se debiera, incluso ahora”, señaló Arboleya.

“Nuestra generación tuvo muchas metas, más de lo normal quizás, cumplidas solo algunas, pero para mí valen”, dijo a la AFP el experto en demografía Antonio Aja (61).

– Sin saborear las mieles del poder –

En 2018 la generación fundacional de la revolución debe ceder el poder a un relevo que se prepara.

Los tres dirigentes que despuntan son el vicepresidente Miguel Díaz-Canel, el ministro de Economía, Marino Murillo, y el canciller Bruno Rodríguez, todos de poco más de 50 años, quienes forman parte otra generación, de la llamada “revolución institucionalizada”.

“Debido a la juventud relativa también de la (generación) fundacional, nunca se produjo un cambio generacional normal y finalmente nos pusimos viejos”, acotó Arboleya.

Más que no haber llegado al poder, para Aja cuentan “las vivencias de los miles y miles que no hablan, de los que no están, los que cayeron en el camino. Esos me duelen más que los que no llegaron a la cima”.

“Lo más justo y lógico es dejar espacio, de una vez, a los más jóvenes, que ya no somos nosotros”, indicó Padura, pues al final ya “somos una generación un poco desfasada a lo que es la realidad del siglo XXI”.

Algunos se van de la escena con un sabor agridulce, con jubilaciones bajas, esperando cambios que justifiquen que “tanto sacrificio valió la pena”, señaló Somoza.

Otros dicen que aunque las cosas no fueron como esperaban, no se lamentan.

“No tengo nada de que arrepentirme, aunque no todo se haya desarrollado como más me hubiese gustado”, indicó Arboleya.

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AFP

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