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Irak: Una guerra tan viva como hace 10 años

Irak: Una guerra tan viva como hace 10 años


Diez años después de la invasión liderada por EE.UU. Irak sigue desangrándose. La herida interna abierta entre las dos grandes sectas del Islam ha devuelto al país «a las puertas de la guerra sectaria», advirtió el ministerio de Interior iraquí tras hacer balance de un mes de julio que ha dejado 1.057 muertos y 2.326 heridos, según la ONU. Desde abril de 2008 no se habían registrado cifras tan altas de muertos. El pasado sábado más de sesenta personas murieron en una cadena de atentados con coche bomba en los barrios chiíes de Bagdad. Y sin embargo, pese a la carnicería, la noticia apenas ha llamado la atención. La sangría de Irak ha dejado de interesar.

La mayor parte de ataques tienen como objetivo a las fuerzas de seguridad y a la población chií –representa entre el 60 y 65 por ciento de los iraquíes- y llevan la firma del Estado Islámico de Irak, brazo de Al Qaida en el país árabe que a comienzos de marzo alertó de su intención de lanzar una «lluvia de atentados» contra el Gobierno de Nuri Al Maliki, primer ministro chií, al que acusan de favorecer los intereses de su secta. «No veíamos unos números así desde hace cinco años, tras la guerra civil. Hago una llamada urgente a los líderes políticos para adoptar las medidas necesarias para detener el baño de sangre y prevenir la vuelta a los días oscuros del conflicto sectario», pidió Gyorgy Busztin, miembro de la ONU en Bagdad.

Las llamadas a la reconciliación entre ambas partes no tienen efectos prácticos sobre el terreno y el nuevo Irak post Sadam es un país dividido entre chiíes, suníes, secta que ocupó los cargos de poder durante el régimen baazista, y kurdos, cuya región autónoma se ha convertido en una de las zonas más prósperas y seguras de la región. A la hora de buscar los motivos del auge de la violencia y la oleada de atentados, especialmente localizados en Bagdad, donde hubo 238 muertos en julio, expertos consultados con amplia experiencia en el país apuntan a la «mala gestión de las protestas anti Maliki que estallaron a comienzos de año y al empeoramiento de la crisis en la vecina Siria».

Protestas suníes

La provincia de Al Anbar, fronteriza con Siria y de mayoría suní, es el epicentro de un movimiento de protesta que estalló en diciembre y cuyas demandas principales son: libertad de los presos políticos, igualdad en el acceso a cargos públicos y justicia. La comunidad suní denuncia la persecución a sus líderes políticos a los que «bajo la acusación de apoyar el terrorismo realizan juicios farsa y les condenan a muerte, por eso no tienen más remedio que escapar. Es una purga contra los altos cargos de nuestra secta», señalaba a este enviado especial Abed Diab Al Yali, ex ministro de Educación, en una reciente entrevista mantenida en Bagdad. El ex vicepresidente Tarek Al Hashemi permanece refugiado en Turquía desde diciembre de 2011 y el ex ministro de Economía, Rafi Al Issawi, no abandona Al Anbar donde lidera las protestas semanales tras la oración del viernes.

El país permanece políticamente estancado desde las elecciones de 2010 y no parece que la próxima cita de las urnas en 2014 vaya a solucionar el problema. Los partidos son incapaces de tender puentes entre ellos y el único sector que avanza es el del petróleo, aunque con una gestión marcada por la corrupción. Irak podría convertirse pronto en el segundo exportador mundial, pero pese a nadar en oro negro los recursos no llegan a una sociedad en las más de siete millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza, según datos de la ONU.

En Irak no pierden detalle de lo que ocurre en la vecina Siria y muchos piensan que «en cuanto terminen con Assad será el turno de Irak. La división parece imparable y el apoyo de Qatar y Arabia Saudí a la oposición es decisivo para la inestabilidad, en el fondo a ellos no les interesa un Irak unido y tranquilo que pueda erigirse en el segundo productor mundial de petróleo», lamenta un diplomático europeo con dilatada experiencia en la región.

En marzo el Estado Islámico de Irak anunció que el Frente Al Nusra es su «extensión» en Siria, que juró «fidelidad» a Al Qaeda. Una unión que marcó un punto de inflexión en la crisis siria y que mostró la nueva hoja de ruta de una insurgencia sin fronteras y que quiere un emirato en toda la región.

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