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Kimberly-Clark, otra empresa que se suma al capitalismo de Estado en Venezuela

Kimberly-Clark, otra empresa que se suma al capitalismo de Estado en Venezuela


El Gran Cacique Maracay libra después de muerto una de sus batallas más difíciles: tratar de borrar del estamento industrial venezolano el nombre de Kimberly-Clark, el conglomerado que desde la capital aragüeña fabricaba más de una docena de líneas de producción de consumo masivo.

¡Qué compromiso el que le ha encomendado el gobernador de Aragua Tareck El Aissami, tras la intervención de la planta por orden del Presidente Nicolás Maduro! Y es que las cosas han cambiado un mundo desde el siglo XVI, cuando el cacique resistía con sus flechas al imperio español.

Kimberly-Clark es la más reciente pieza de colección de los avances del Socialismo del Siglo XXI en el terreno industrial, bajo el argumento del complot internacional para subvertir el orden e intentar derrocar al Gobierno. El nuevo patrono de los 971 empleados que absorbió el Ejecutivo tras la decisión de la corporación de dejar de producir toallas sanitarias, papel tualé y otras líneas tan íntimas como públicas, celebró su primer mes al mando de la gerencia.

Toallas y papel. El balance del primer mes de operaciones de la planta da cuenta de una producción de dos millones de toallas sanitarias que serán distribuidas por los Clap y otros organismos oficiales, dentro del decreto de Emergencia y la Gran Misión Abastecimiento Seguro. Basta saber si las toallas ingresarán al mercado con un nombre diferente al de Kotex, marca registrada por el consorcio texano, consideración que vale para los otros artículos de uso personal. Se espera en medios oficiales que otras líneas de producción como papel sanitario, pañales, toallas faciales, servilletas, etc., sigan el ritmo.

Recuperación. Para el gobernador El Aissami, el mayor acierto de la empresa socialista es haber remplazado la materia prima importada como lo ha solicitado el Presidente, y atender las líneas de producción de papel higiénico e industrial. El pasado 12 de julio, en un contacto televisivo con Maduro, El Aissami se había comprometido en recuperar en la brevedad posible la producción y señaló como otro objetivo, reactivar la exportación. Kimberly-Clark operaba con once líneas de producción; algunas de ellas habían sido detenidas progresivamente, tras los problemas con la adquisición de insumos importados, como apuntó el gobernador.

El Aissami exaltó en esa oportunidad el trabajo y la calificación del equipo que pudo recuperar la actividad en las máquinas supuestamente saboteadas. Milagroso José Gregorio. En menos de 72 horas de la declaración oficial de la Kimberly-Clark, el Gobierno Nacional decidió intervenirla y colocar al frente a José Gregorio Hernández Martínez, exdiputado oficialista por el estado Aragua, exalcalde y exconcejal de Mariño, en calidad de presidente de la renombrada empresa.

EL PLAN DE DEVOLUCIÓN DEL QUE LOS CHIVOS NO QUIEREN SABER

En conversaciones con la almohada, el propio sector gubernamental reconoce sus desaciertos en mantener los estándares de producción, una vez tomadas las industrias privadas. Las cifras en rojo y las pérdidas se justifican, sin embargo, porque se trata de empresas de carácter socialista, alejadas del lucro capitalista.

La hoja de ruta que siguen las empresas bajo control gubernamental abren grandes interrogantes al futuro de esta nueva incursión, al punto que el vice Miguel Ángel Pérez Abad ya está fuera del tren ministerial. Al socialismo con cara de Darth Vader le cayó mal lo dicho por el vice: “En los seis meses del Consejo Nacional de Economía Productiva, casos de industrias expropiadas, algunas paralizadas o en bajo rendimiento, han sido identificadas y hemos logrado avanzar con el sector privado para reanimar esas industrias. En otras empresas que no son estratégicas, no son medulares y tienen poca importancia, puede haber un plan de devolución y entrega dependiendo del caso”.

Como eso de devolverse no es bueno, ni siquiera para los chivos, hoy el ministro del Trabajo y Seguridad Social Oswaldo Vera defiende la decisión, porque eso de que 135 mil venezolanos hayan cruzado la frontera para abastecerse, de papel tualé, entre otros productos, es índice de mala higiene. Vera, figura ligada al medio sindical oficial defiende además a los trabajadores liquidados oportunamente por el consorcio, antes de regresar al exterior por no poder continuar sus operaciones.

DIVISAS A UNOS Y A OTROS NO

700 millones de bolívares y 22 millones de dólares, a través del Fondo Nacional para el Desarrollo Endógeno, aprobó el Presidente Nicolás Maduro a la empresa “recuperada por los trabajadores”. Kimberly-Clark, bautizada como Gran Cacique Maracay cerró sus puertas, justamente, por no disponer de divisas para cumplir con sus clientes, representados en un 20 por ciento del mercado de higiene personal en el país. Además de sus requerimientos de materia prima, trascendió en medios allegados a la industria que la firma tenía una deuda con sus proveedores que ascendía a más de 45 millones de dólares.

Los aportes del Ejecutivo que le permitirán, en teoría, funcionar hasta el 31 de diciembre se vio como un acto de discriminación. El Ingeniero Juan Pablo Olalquiaga, presidente de Conindustria, observó como una contradicción que, por una parte se otorgaban divisas a la empresa para reactivar la producción, mientras que al sector privado industrial se las niegan por causa de la crisis económica.

Olalquiaga vio algo más en el gesto oficial, en declaraciones a un medio radial capitalino: “Si hubiese una guerra económica el Gobierno habría podido arrancar operaciones en Kimberly-Clark sin inyectarle millones de dólares”. Sobre el mismo tema, el presidente de Fedecámaras Francisco Martínez cuestionó que no se le hayan dado opciones para que Kimberly-Clark se quedara en el país. Martínez dijo no saber si se repetirá el mismo esquema que fue utilizado con Clorox en su momento, finalmente añadió que él no había visto los productos de Clorox, en los anaqueles, después de la intervención oficial.

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