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La comunidad internacional está viendo lo que Maduro no quiere reconocer

La comunidad internacional está viendo lo que Maduro no quiere reconocer


Venezuela vive uno de los momentos más críticos de su historia. La situación ha sido percibida con especial preocupación por la comunidad internacional.

No en vano este jueves, el vicecanciller de Paraguay Oscar Cabello Sarubbi, pidió ayuda a la ONU en nombre de 30 países para “afrontar la crisis en Venezuela”.

En otra acción diplomática, seis cancilleres suscribieron una declaración conjunta “a través de la cual expresaron inquietud” por las maniobras del Consejo Nacional Electoral para postergar el revocatorio para el 2017.

Tanto la propuesta de los 30 países, como la nota suscrita por los cancilleres de Argentina, Brasil, México, Chile, Paraguay y Perú, tienen como objetivo alentar el diálogo en Venezuela, para como expresaron los cancilleres, “promover la estabilidad política, la recuperación económica y el pleno respeto de los derechos humanos”.

Zeid Ra´ad al Hussein, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos humanos, resumió la situación en solo dos palabras: “crisis humanitaria”.

Esta visión internacional, que no es compartida por el gobierno -porque sería aceptar el fracaso de sus políticas públicas, basadas en un erróneo y anacrónico modelo ideológico- ha llevado a millones de venezolanos a vivir en un cuadro de hambre, violencia, enfermedades y penurias de todo tipo.

Ante esta realidad, que no es nueva en el menú de crisis nacionales con la que ha debido lidiar en las últimas décadas, la ONU no ha entrado en el análisis ideológico. Abstraído de esos postulados políticos, se ha fijado en las consecuencias: hambre, violencia, desestabilización, crisis económica y las violaciones de los derechos humanos.

El gobierno

El problema de los gobiernos fracasados es recurrir a la retórica como manifestación externa de su incapacidad o impotencia para solucionar los problemas. Siendo el aferramiento al poder el único objetivo al que apuntan las políticas, una vez estalla la crisis.

En el caso venezolano, la más excelsa evidencia de la retórica ha sido la denuncia de una supuesta “guerra económica”. Figura intangible de unos también intangibles enemigos, que sirve para individualizar las culpas en los adversarios políticos del momento.

Mientras tanto, en un tratar de correr la arruga hacia no sabe donde, día a día desabastecimiento y escasez se van turnando en apremiar a los venezolanos. Teniendo la inseguridad como permanente telón de fondo.

Si hoy podemos comprar un paquete de arroz, lo más problema es que luego escasee por varios meses. Así ocurre con todos los productos.

En las últimas semanas ha venido ocurriendo un fenómeno un tanto más perverso. El experimento iniciado en el Zulia, de permitir el paso fronterizo de productos de la cesta básica, se ha extendido a todo el país.

Estos productos pueden ser adquiridos, sin racionamiento de captahuellas, terminales de cédula, ni limitaciones en las cantidades, pero a precios de dólar negro. Lo que da una impresión de que los estantes de los supermercados vuelven a estar repletos de productos.

Es una falsa ilusión. A 2.600 bolívares el kilogramo de arroz o azúcar brasilero, o a 3.150 bolívares por 400 gramos de café importado, los venezolanos no tienen suficientes ingresos para comprarlos.

Esta estratagema logra, que sea el propio venezolano quien se racione a si mismo, sin que el gobierno imponga antipáticas medidas de racionamiento.

Esa ilusión tiene todas las características de revertirse a corto plazo en contra del gobierno, que termina con ilusionarse con las ilusiones que siembra.

Un pueblo con hambre, que ve los productos en la vidrieras porque no tiene con que comprarlas, termina rompiendo los cristales.

Entre las macro decisiones tomadas por el gobierno, ha tenido a bien militarizar la economía. Detrás de cada familia de productos escasos y caros, ha colocado un general.

Para el común de las personas, lo que es un tema de las conversaciones diarias, es que es una “raspada de olla”, “se están llenando”, “no dejan nada para nadie”, “solo ellos van a comer”, entre otras apreciaciones.

Aanlizando a futuro,  aparecen las incoherencias. Ha sido un productor agropecuario de Guárico quien mejor expresó la magnitud de los graves problemas alimentarios.

Preguntándose ¿Qué es lo mejor que puede pasar?, responde “que salga Maduro y los chavistas y que vengan otros a gobernar”.

A lo que agrega “si esto fuera así y ya, y los que vienen hacen lo que tienen que hacer, es tal el daño que le ha hecho el gobierno a la producción nacional, que en un año la situación puede ser hasta peor”.

Eso es, entre otras cosas, lo que los otros países están viendo que puede ocurrir en Venezuela. Ven que se puede desatar una violencia nunca antes vistas, que agravaría aún más la crisis que estamos sufriendo.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

 

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