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La crisis: En el hospital Victorino Santaella le sirven a los pacientes arroz con melón

La crisis: En el hospital Victorino Santaella le sirven a los pacientes arroz con melón


Entre saciar el hambre y aplacar sus dolencias se debaten pacientes recluidos en los hospitales; una inquietud contra la que deben lidiar para intentar recobrar la salud, que hoy se les desvanece silenciosamente por la escasez de alimentos que acecha a los servicios asistenciales de la ciudad. A la falta de insumos, que alcanza 95% en las instituciones,  las sociedades médicas suman una nueva voz de auxilio: no hay comida.

Durante una visita realizada ayer al Hospital Vargas de Caracas, el presidente de la subcomisión de Salud de la Asamblea Nacional, José Manuel Olivares, aseguró que los enfermos tienen un mes sin comida. A propósito de la crisis humanitaria de salud, declarada en enero por la AN, Olivares expone que la falta de alimentos recrudece la coyuntura. “Los pacientes deben comprar todo, suero, jeringas y se deben practicar los exámenes de laboratorio fuera de la institución”, afirmó y aseguró que  el Vargas, responsable de la “historia médica del país”, funciona al mismo nivel que un ambulatorio.

El desabastecimiento de alimentos, insumos y material médico quirúrgico han detonado esta semana cinco protestas de médicos y pacientes a las puertas de los hospitales, entre los que se cuentan el J.M. de los Ríos, El Algodonal, la Maternidad Concepción Palacios, el Vargas y el Pérez de León.

El Victorino Santaella, en Los Teques, no está al margen de esa realidad. Allí los pacientes alternan sus comidas entre pasta con calabacín y arroz con melón, denuncian familiares.
“La situación está tan crítica que no se están respetando las dietas especiales que requieren pacientes con diabetes o hipertensión, a todos le sirven lo mismo y en porciones cada vez más pequeñas”, denunció una camarera que se amparó en el anonimato.  “Hace tiempo que los pacientes no saben qué es carne, pollo o pescado”, dijo.

La denuncia también se repite en las clínicas de los Altos Mirandinos. En algunas incluso piden a los familiares de los pacientes que compren comida. “Antes era sopa, seco y postre, pero ahora si acaso te sirven gelatina porque es lo más barato y fácil de hallar”, dijo Irma Velázquez, enfermera de una clínica en Los Teques. “Prácticamente se está haciendo un menú único para todo el mundo, sin discriminar por patología. Últimamente se están incluyendo más vegetales y hortalizas y no precisamente porque sean más saludables, sino porque es lo que hay”.

En la Maternidad de Carrizal no varía el panorama. Una fuente vinculada el hospital señaló que ni los trabajadores se escapan de la precariedad. Los milicianos que custodian la entrada, dijo, piden a los visitantes que les lleven comida.

Johana Rodríguez y Julio Materano/El Universal

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