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“La humillación de Villa” por Rosa Roberto Giusti

“La humillación de Villa” por Rosa Roberto Giusti


Roberto Giusti / @rgiustia.

El penoso espectáculo de Villa Rosa donde un Presidente es rechazado con furor desatado, no solo confirma lo que ya sabíamos (su estrepitosa pérdida del apoyo popular) sino, sobre todo, la torpe ceguera de una dirigencia negada a reconocer la nueva realidad política y electoral. En la suposición de que los años dorados de Chávez y sus seguidillas de comicios triunfantes se han prolongado hasta el presente, cerraron los ojos ante la contundente demostración de la Toma de Caracas, en sentido contrario, exponiendo la frágil y extraviada figura presidencial a la humillación de una masa enfurecida por toda clase de penalidades, carencias y frustraciones.

Ese desconocimiento del cambio, en plena vigencia, puede atribuirse a la idea de que lo que está ocurriendo es lo que siempre ocurre y debe ocurrir cuando se trata de aplicar la receta marxista. Por tanto, la construcción de una sociedad secuestrada por el totalitarismo y uniforme en la pobreza y la resignación, necesariamente debe pasar la prueba de las privaciones, la violencia y en general la demolición del viejo orden burgués. De manera que toda arbitrariedad y crimen que se cometan están permitidos y se justifican en aras de la consumación del proceso revolucionario. Solo que ahora no cuentan con la aprobación popular y esta diferencia es la que pretenden ignorar con las nefastas consecuencias ya anotadas.

Otra hipótesis, radicalmente diferente, es aquella según la cual detrás de los amagos ideológicos se esconde, puro y simple, el apego al poder luego de casi dos décadas de acostumbramiento a ejercerlo con toda impunidad. Así, la disposición arbitraria del tesoro nacional y un tren de vida regalado, que contrasta con las penurias de las grandes mayorías, los llevaría a intentar el mandato vitalicio, amparados por el único poder, el de las armas, que los mantiene sobre el frágil tinglado de la presunta revolución.

En todo caso, podríamos contemplar un tercer escenario, aquel de la combinación de los dos primeros, valga decir, el desarrollo de un proceso que comenzó con muchas ilusiones y buenas intenciones y que por el camino fue degenerando hasta el punto de la decadencia total que hoy experimenta. Decadencia donde ya ni siquiera se acude al reclamo de la utopía y de la sociedad perfecta e igualitaria para justificar la permanencia indefinida en el poder. El problema, presente en los tres casos, es que a diferencia de anteriores experiencias, los venezolanos no han bajado la cabeza y antes que la aceptación fatalista de la pesadilla socialista, la resignación y el miedo, asumieron la protesta democrática y pacífica para enmendar casi veinte años de ignominia y no pocas equivocaciones electorales.

El Universal, 6 de septiembre de 2016

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