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“La indiferencia es pecado” por Tulio Hernández

“La indiferencia es pecado” por Tulio Hernández


 Tulio Hernández / @tulioehernandez.  

Borges decía que el azar no existe. Que lo que llamamos azar no es otra cosa que nuestro profundo desconocimiento de las reglas que conducen el destino. No sé si era una apreciación con pretensiones científicas o uno más de sus desplantes provocadores.

Pero esta semana que hoy concluye he tenido la suerte de ser partícipe de uno de los hechos de esas buenas coincidencias en el espacio y el tiempo. El día 28 de noviembre, lunes, se cumplieron 100 años del nacimiento del doctor Ramón J. Velásquez y el día 1° de diciembre, un jueves, asistimos al acto en el cual Carole Leal, antropóloga egresada de la UCV y profesora de la Universidad Simón Bolívar, fue incorporada a la Academia de la Historia asumiendo el lugar que en vida ocupara Ramón J Velásquez.

Fue un acto emocionante. Como suele hacerse en estos casos, antes de presentar su ensayo de incorporación, Carole Leal ofreció a los presentes su Elogio de don Ramón J., Velásquez en el que resumió de manera brillante los aportes del insigne tachirense a quien –otra vez el azar y la necesidad, diría Monod– le correspondió llevar a puerto seguro el barco roto de la democracia, al asumir provisionalmente la Presidencia de la República luego de que una élite pervertida decidió defenestrar en 1992 a Carlos Andrés Perez.

Leal se paseó por prácticamente todos los aportes de la vida pública de Ramón Velásquez. Sus cargos políticos, como senador, ministro, secretario de la presidencia de Rómulo Betancourt, presidente de la Comisión para la Reforma del Estado, Copre. Por su gran aporte a la construcción de la memoria histórica del país desde el momento, en 1959, cuando creó el Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, pasando por esa obra monumental titulada Pensamiento político del siglo XX, sin olvidar otra colección extraordinaria, la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses que ya debe estar llegando a los 200 títulos.

Subrayó de manera especial su papel, en un momento difícil de esta empresa periodística, como director de el diario El Nacional, recordando que entre sus grandes logros estuvo el haber creado el cuerpo C, que trajo de regreso las firmas de Aníbal Nazoa, Jesús Sanoja Hernández, Héctor Silva Michelena y Julio Febres Cordero, y de haber incorporado las de Luis Herrera Campins, Elio Gómez Grillo, Manuel Caballero y Pedro león Zapata como diario caricaturista.

Pero tal vez lo más importante de su Elogio, lo más resaltante desde el punto de vista del historiador que también fue Ramón Velásquez, y que en medio de sus múltiples actividades, siempre a caballo entre la política, el periodismo y la actividad editorial a veces se olvida, fue destacar el valor de dos de sus grandes obras, Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez y La caída del liberalismo amarillo. Tiempo y drama de Antonio Paredes.

La autora del Elogio nos dijo que en las Confidencias se reúnen las tres pasiones de Velásquez. El periodista que fue desde los 15 años cuando comenzó a ejercerlo. La del historiador que “buscó desentrañar a través del pasado nuestro presente”. Y la del político, la pasión que le acompañaría toda la vida.

Sobre La caída del liberalismo Leal resaltó dos hechos. Primero, que estamos ante un texto escrito para que el hombre de la calle “pudiera mirarse en el espejo de la historia” y, segundo, que se trata de un libro que rescata la vida de un hombre olvidado, una manera poco usual de contar la historia no desde el punto de vista de los vencedores, sino de los derrotado. En este caso, hablamos de Antonio Paredes, y cito textualmente a la autora, “de un hombre caído con honor”.

Antes de cerrar este artículo escrito apresuradamente luego del acto en el que Inés Quintero, encargada de responder el discurso de Leal, nos recordó la descomunal manipulación de la historia realizada por el régimen fundado por Hugo Chávez, quiero recordar la frase de nuestro querido doctor Velásquez con la que Carole Leal comenzó su intervención: “La indiferencia ante el acontecer nacional es pecado”.

Solo agrego, más aún en tiempos de militarismo apuntando con una ametralladora en la sien a la democracia.

El Nacional, 4 de diciembre de 2016

 

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