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“La Inquisición parlamentaria”, por Charito Rojas

“La Inquisición parlamentaria”, por Charito Rojas


Charito Rojas / @charitorojas

“La palabrota que ensucia la lengua termina por ensuciar el espíritu. Quien habla como un patán, terminará por pensar como un patán. Hay una estrecha e indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción. No se puede pensar limpiamente, ni ejecutar con honradez, lo que se expresa en los peores términos soeces. Es la palabra la que crea el clima del pensamiento y las condiciones de la acción”. Arturo Uslar Pietri (1906-2001), abogado, periodista, escritor, productor de televisión y político venezolano.

Sin pudor alguno, los inquisidores de la Asamblea Nacional han asumido ser los jueces anticorrupción de Venezuela. El mismo individuo que pasó de la nada a usar corbatas Louis Vuitton, el mismo cuyas fiestas de nuevo rico han inundado de escandalosas fotos la red, el mismo que fue capturado por un lente indiscreto en un lujoso hotel de Las Vegas, ahora es el gran inquisidor que juzga sin piedad ni escrúpulos a los diputados y gobernadores de oposición.

Convertido en el Torquemada del congreso (aunque con un vocabulario soez que el inquisidor español se libró bien de utilizar) ha levantado expedientes, óigase bien, “expedientes” y no investigaciones, contra líderes de oposición, en medio de una andanada de insultos, vilipendios, acusaciones, groserías y hasta expresiones homofóbicas, por cierto rechazadas por la cantidad de trans que votan rojo y se sienten ofendidos por este vulgar personaje.

Capriles, Mardo, Pérez, Falcón, Salas Feo, Machado, Caldera, son algunos de los enjuiciados y condenados sumariamente por este diputado inquisidor solo de los “enemigos de la revolución”, porque es incapaz de pronunciar siquiera una palabra de desaprobación sobre el desfalco del Fiem o de Bandes, de las 170.000 toneladas de comida putrefacta de Pdval, de los 800.000 dólares de Antonini Wilson, del asalto del Fondo Chino, de las pérdidas mil millonarias en aventuras temerarias como la de la plataforma Aban Pearl y los accidentes de las refinerías o del fraude con el fondo de jubilaciones de Pdvsa. Mucho menos voltea hacia los lados de su bancada para ver cómo, al igual que él, han prosperado y engordado sus congéneres rojos a cuenta de esa abundante revolución.

Con tal descaro, se han atrevido a pedir una Habilitante para que Maduro “luche” contra la corrupción. Maduro… el mismo que siguiendo el ejemplo de su comandante utiliza recursos del Estado para movilizaciones políticas, hace propaganda a sus candidatos a través de los medios públicos, viaja para arriba y para abajo como un jeque. Ese es quien va a luchar contra la corrupción, junto con el inquisidor y su camarilla, digo, camaradas.

Hasta el vicepresidente hace sus pininos de inquisidor cuando en abierta amenaza y extorsión advierte que “quien se oponga a la Habilitante pasa a ser sospechoso”. ¿De qué? ¿De ser opositor? Buscan el voto del diputado 99 para lograr una Habilitante. Tal vez lo encuentren. La grasa que afloja todos los tornillos no es de la República sino de la revolución. Tienen casi 15 años usufructuándola sin vergüenza alguna. Todavía no explican cómo es que necesitan una ley más para luchar contra sí mismos. Porque esa verdad la sabe todo el país: Quiénes son los corruptos y dónde están.

Tal vez no han leído historias de inquisidores. Por eso, gratuitamente les voy a contar una, dedicada a este pichón de inquisidor y su claque.

Maximilien de Robespierre, un abogado radicalmente opuesto a la monarquía, se convirtió en el gran inquisidor de la revolución francesa. Líder de los Jacobinos, se mantuvo desde el “Comité de Salvación Pública” (donde eliminó a sus compañeros Marat y Danton para quedarse él solo con el poder), con dos premisas: Lograr la paz con las potencias extranjeras porque una guerra exterior -que impulsaban sus enemigos los girondinos- debilitaría el régimen, y controlar a sangre y fuego la insurrección contrarrevolucionaria.

Para ello disponía como hombre fuerte de la revolución del control de las finanzas públicas y de la administración de justicia, con lo cual mantendría el empobrecimiento de las masas para tenerlas sumidas en la ignorancia -aunque con el discurso populista de las premisas de igualdad de la revolución- y pasar por la guillotina a quien estuviera un milímetro fuera de la línea de Robespierre.

Llevó su rigor revolucionario hasta el fanatismo: El apoyo del pueblo llano (los “sans culottes”, un equivalente a “descamisados”) le dio poder para implantar una dictadura bajo el pretexto de que si no lo hacía, la revolución fracasaría. Así impuso una sangrienta represión, aprobando leyes que recortaban las libertades y simplificaban los trámites procesales en favor de una «justicia» revolucionaria tan expedita como arbitraria. Completaba el mecanismo represivo un sistema de delación extendido por todo el país mediante 20.000 comités de vigilancia. En 1794 eliminó físicamente a la extrema izquierda y a los revolucionarios moderados, al tiempo que perseguía sin piedad a toda clase de contrarrevolucionarios, monárquicos, aristócratas, clérigos, federalistas, capitalistas, especuladores, rebeldes, traidores y desafectos. En un año llegó a aplicar pena de muerte, casi siempre por guillotina, a 42.000 franceses.

Buscaba así eliminar el disenso y cohesionar a la población en torno al Gobierno revolucionario y al esfuerzo de guerra. Adoptó medidas sociales encaminadas a ganarse el apoyo de las masas populares urbanas, como la congelación de precios y salarios.

El éxito obtenido en la batalla de Fleurus (1794), que detuvo el avance de los ejércitos austriacos y prusianos hacia París, culminó la obra de Robespierre. Pero tal triunfo fue también el inicio de su caída, pues al desaparecer la situación de emergencia, resultaban aún más injustificados los excesos del régimen, llamado el “Terror” por sus contemporáneos.

Una coalición de diputados de diversas tendencias obtuvo de la Convención el cese y arresto de Robespierre y sus colaboradores, en una turbulenta sesión en la que se impidió hablar a los acusados y en la que el propio Robespierre resultó herido. Fue inútil el conato de insurrección popular que protagonizaron los “sans-culottes”: Robespierre fue juzgado por sus propios métodos y guillotinado en la plaza de la Revolución, poniendo fin al “Terror” y dando paso a un periodo de giro hacia posiciones moderadas. La cabeza de Robespierre fue exhibida y su cuerpo enterrado con cal viva en una fosa común, para que nadie lo rescatase nunca.

Como decía mi profesor de historia universal Aureo Yépez Castillo: “Conozcan el pasado para que sepan lo que puede pasar en el futuro”.

AQUÍ ENTRE NOS

*Concluyeron con todo éxito las Ferias de Nuestra Señora de la Begoña de Naguanagua y arrancan las Ferias de San Agustín en Guacara. Pequeños oasis que hacen olvidar momentáneamente la dureza de la vida diaria que en Carabobo como en todo el país (ya ni siquiera se puede excluir a Caracas) se ceba en los ciudadanos: Cortes programados de electricidad para que creamos que Jesse está trabajando y apagones hasta de 2 días que acaban con los electrodomésticos; agua escasa, de mala calidad y a veces ausente de los grifos; alimentos desparecidos que obligan a hacer excursiones de supermercado, perdiendo valioso tiempo laboral; colegios y clínicas a punto de cierre por el cepo regulador impuesto por un Gobierno que ignora todo sobre educación y salud; vías que destrozan cauchos y trenes delanteros; delincuencia que se lleva el fruto del trabajo de años, cuando no la vida, en segundos. Este país asfixiado dentro de una caldera de vapor requiere de urgentes y sensatas medidas que, sin revoluciones de pacotilla de por medio, liberen la libre empresa, la competitividad y la iniciativa privada para que se pongan nuevamente en marcha los mecanismos de producción y de mercado que puedan controlar la inflación que devora los bolsillos de los venezolanos.

*Laboratorios, clínicas especializadas, comercio, sufren tremenda parálisis por la ausencia de divisas. En el sector salud es grave la situación: Carecen desde prótesis hasta piezas para reparar equipos médicos. Los laboratorios han paralizado la producción de medicinas con elementos importados, afectando gravemente a los pacientes. Los bioanalistas advierten en cartelones cuáles exámenes pueden hacer y cuáles no, porque no tienen reactivos. Poco a poco, Venezuela se va paralizando, mientras el Gobierno se agota en un discurso agresivo y divisor que ya tiene hartos a todos por igual. Hay cuenta regresiva para que las líneas se crucen. No digan que no se los dije.

*La Casa Páez, una edificación colonial que guarda tesoros históricos en su interior, así como frescos de importantes pintores, tomó un destino incierto desde que la Secretaria de Cultura de la Gobernación, Emir Giménez, sexóloga con un doctorado en educación superior, desalojó a quienes durante décadas han sido los veladores de la Casa y sus tesoros: La Sociedad de Amigos de Valencia y la Academia de la Historia del Estado Carabobo, en puertas de la celebración de su evento anual a beneficio del sostenimiento de esta casona, hogar del General José Antonio Páez y de su mujer Barbarita Nieves en Valencia. Desde ese momento nada se sabe de lo que sucede allí adentro. Una exagerada versión me dice que la llave de la Casa la lleva en su cartera la Dra. Giménez. Sería conveniente y justa una explicación pública de por qué fueron desalojados los tradicionales veladores de la casa y cuál es el manejo y destino que está dando la Gobernación a este patrimonio de todos los carabobeños.

Hasta el próximo miércoles

 

Publicado en Notitarde

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