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“La larga noche colombiana” por Douglas Zabala

“La larga noche colombiana”  por Douglas Zabala


Douglas Zabala.

 

No se pudo refrendar los acuerdos de la Habana. De seguro Juan Manuel Santos, se reunirá ahora, tantas veces haga falta, con Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, los dos exmandatarios críticos antes las negociaciones con las FARC, para tratar de buscar una salida al trance plebiscitario.  No ha sido fácil y no lo será, porque salir de una guerra como la vivida por la sociedad neogranadina, pasa por asumir el perdón de lado y lado como garantía de que en el futuro habrá una verdadera conciliación y paz.

 

Contaba Marulanda, cómo el día cuando asesinaron a Gaitán, él llevaba un arreo de mulas con una encomienda de queso, que su tío le había dado para la venta en el mercado del pueblo, y como a partir de ese momento los conservadores, iniciaron una matazón contra todo lo que se sospechara le oliera a militancia o simple admiración por el líder de Bogotá.

 

Años después, este humilde campesino, junto a cuarenta hombres y dos mujeres, cansados de tanta matanza de labriegos, resolvieron entrar en beligerancia, creando un grupo armado y declarando con ello, la autonomía de un gobierno popular en el poblado de Marquetalia.

Desde aquellos días hasta el sol de hoy, tanto liberales como conservadores, se habían mantenido unidos en un solo objetivo: no reconocer, ni darle beligerancia a una de las guerras más largas y cruentas que haya conocido este continente, y por supuesto, el valeroso pueblo colombiano.
De tal forma, que este tema nunca fue una herejía plantearlo, ni tampoco ha dejado de existir en el transcurrir histórico de las fuerzas en pugna.  Al respecto, ya en 1984 bajo el gobierno de Belisario Betancourt, se firmó el primer acuerdo de “Cese al Fuego, Tregua y Paz”, mejor conocido como “Los Acuerdos de la Uribe”.
También en los Gobiernos de Virgilio Barco y Cesar Gaviria, se produjeron ciclos de conversaciones con las fuerzas insurgentes, y fundamentalmente con el Secretariado de la FARC-EP, ronda de conversaciones que hicieron posible, la primera reunión entre el gobierno de Cesar Gaviria y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, en Caracas, Venezuela en el año 1991 y la segunda en Tlaxcala, México, a mediados del 1992.
La beligerancia y el reconocimiento de las fuerzas guerrilleras, como hecho político en la vida de la sociedad colombiana, tuvo su máxima expresión en 1998, con la visita del Presidente electo Andrés Pastrana, a los campamentos guerrilleros de la FARC-EP y la entrevista con el Comandante en jefe, Manuel Marulanda Vélez. Y lo de más reciente data, del cual el mundo entero sirvió de testigo, se realizó el 7 de enero del año 1999, cuando quedaron instalados los diálogos de paz, en san Vicente del Caguán, Caquetá, uno de los cincos municipios despejados por el gobierno nacional a exigencias de la FARC-EP para iniciar los diálogos.
El acuerdo del fin de la guerra firmado en Cartagena entre Santos y Timochenco, así como el resultado del plebiscito, indica que, a la luz del conflicto mismo, estos dos hechos no sólo obligan a las partes a sentarse de nuevo, sino a tomar muy en cuenta a esa mayoría silente que alcanzó más del 60% de colombianos, la cual no participaron de la consulta, quizás hastiada de ver como el país a pesar de perder más de 200.000 seres queridos en los enfrentamientos, todavía no ha entendido la necesidad de salir  de esa larga y oscura noche, comenzada con la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y  lo sucedido después en Marquetalia.

 

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