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“La marcha ¿Fue un éxito?” por Alexis Alzuru

“La marcha ¿Fue un éxito?”  por  Alexis Alzuru


Alexis Alzuru / @aaalzuru.

Las decisiones que no responden al mandato de un individuo dejan un mayor número de personas satisfechas y comprometidas que aquellas que expresan el deseo de una sola voluntad. De hecho, algunos historiadores de la ciencia económica han comprobado que las sociedades tribales evitaban que el interés de un sujeto privara en el canje de mercancías. Esas primeras comunidades fueron entendiendo progresivamente que las decisiones negociadas producían resultados muy superiores en calidad, cantidad y estabilidad que aquellas que provenían de las expectativas de un individuo. Desde bien temprano el mundo occidental avanzó hacia la despersonalización de los acuerdos, decisiones y reglas del trueque; lo cual permitió que esa actividad diera paso al comercio y sus beneficios se extendieran y multiplicaran.

 Que apellidar las decisiones es una forma expedita de acelerar la destrucción de los acuerdos, organizaciones y países es otra idea que ha sido corroborada por economistas y especialistas de distintas ramas de las ciencias sociales. Para estar de acuerdo con los resultados de sus investigaciones no hace falta leerse unos libros ni definirse liberal, socialista o chavista; basta con mirar el saldo que ha dejado la caprichosa manera con la que Nicolás Maduro gobierna.

 Anteponer la palabra de un dirigente a la voz de las organizaciones es cavar la propia tumba. Por cierto, este es el riesgo que corre la oposición si permite que se personalice la lucha que el pueblo está librando en contra del gobierno. En ese escenario en las parlamentarias obtendrá una victoria pírrica o una derrota. Por supuesto, algunos sostienen lo contrario. Incluso, hay quienes presionan para que el mensaje y la agenda de la oposición se disuelvan en el parecer y cronograma de Leopoldo López.

Quizás de buena fe algunos suponen que a mayor personalización de la crisis los candidatos de la oposición aumentarán sus posibilidades de arrasar en las elecciones. Tal vez por eso argumentan que la presencia de una parte de la militancia opositora en la marcha convocada por el jefe de VP es el preludio del éxito que se tendrá en las parlamentarias. De allí que recomiendan promover una asociación entre la resistencia que desde la calle se materializa en contra de Nicolás Maduro y aquella que desde Ramo Verde realiza Leopoldo López.

 Pensar que la plataforma líder-partido es la vía para sumar las voluntades y los votos que se necesitan para derrotar al PSUV es un error que 30 millones de venezolanos podrían pagar muy caro. Otro asunto es que Leopoldo López y su partido tengan capacidad para convocar a una porción del electorado opositor. Sería una desgracia que el segundo partido de la MUD no tuviera fuerzas para congregar a sus más consecuentes seguidores.

El asunto que los venezolanos se están jugando no es que algunos dirigentes logren movilizaciones más o menos concurridas; tampoco se trata del liderazgo de una persona o de apalancar unos votos más para los candidatos de la MUD. La unidad social es el objetivo que se necesita alcanzar para derrotar en las urnas al partido del presidente.

 Los problemas de Venezuela no deberían continuar analizándose a través del ojo de una aguja; pues en esta oportunidad la república enfrenta una cuestión política en estricto sentido: Para renovar la administración del poder se deberá conseguir una solución negociada en colectivo, no por una persona.

Es momento de reconocer que el voto duro opositor es insuficiente para ganar la mayoría absoluta del parlamento. Argumentar lo contrario es cerrar los ojos ante lo evidente. Sobre todo, es suponer que todos los seguidores de la MUD asistirían a las urnas; lo cual es imposible estadística y materialmente. A lo mejor esa conjetura se cumpliría en una situación ideal; pero no en el mundo real. Lo cierto es que cada día miles de personas se irán del país; mientras que otros se deprimirán, enfermarán y morirán. A esos miles se deberán agregar aquellos que dejarán de votar por escépticos o porque sentirán temor por las amenazas del gobierno, del PSUV y de los grupos paramilitares; así como los que se quedarán en sus casas decepcionados por la personalización de los postulados, mensajes y decisiones de la oposición.

 

 

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