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La nueva vida de Astrid Carolina Herrera

La nueva vida de Astrid Carolina Herrera


Miranda Carolina se levantó a las 3:00 de la mañana. No volvió a dormirse hasta las 5:00. “Hijita, cuando una tiene que hacerse fotos al día siguiente, no puede despertarse a esas horas. Si no, nos salen los ojos hinchados, ¿entiendes?”. La infractora, de diez meses de edad, sonríe candorosamente. Hace ojitos. Desarma. “Si la vas a regañar por algo, mira para otro lado. Se hace la loca. Después te sonríe y se te olvida”.

Desde que nació su hija, Astrid Carolina Herrera no ha vuelto a ver una película completa. Los baños que superaban los 20 minutos pasaron a ser un lujo. “La gente te lo adelanta, pero nunca te imaginas que de verdad se requiere una atención tan intensiva, de segundo a segundo. Es un rol muy comprometido y, a la vez, muy mágico. Te ven con esa carita y te dicen mamá y nada te pesa”, afirma.

Aún está adaptándose a dividir su agenda entre esa faceta y la vida sobre las tablas. Hoy debía decidir si pasar su primer Día de las Madres viajando en carretera con su hija, para presentar una función, o si era más seguro dejar a la niña con sus abuelos y celebrarlo después. En la pieza teatral Venezolanos desesperados —de gira en varias ciudades del país— Herrera está interpretando a una actriz que se muda a Miami. El suyo es uno de cinco personajes que cuentan las vicisitudes de vivir afuera. “No criticamos al que se va y aplaudimos al que se queda. No se puede juzgar a ninguno de los dos, simplemente hablamos de la fibra tan particular que mueve esa decisión; la conclusión la saca el público”.

Además de esta obra, que se llevará a varios países próximamente, también prepara el monólogo Pechos de seda, en el que representa las inquietudes de una mujer de mediana edad que sobrevivió al cáncer. “No es un drama. Son las vicisitudes y preocupaciones, vistas de manera jocosa, de vivir la cotidianidad femenina a pesar de una circunstancia difícil”.

Instinto y devoción. Asegura que ser mamá ha cambiado su vida. “Si oigo que un bebé llora, se me descuadra todo. De verdad es como decía Andrés Eloy Blanco, yo veo a mi hija en cualquier niño… Cuando ves por primera vez a tu bebé te sientes especial, bendecida; sientes que Dios te ha confiado algo muy importante”. Resume que su filosofía como mamá es el amor. “Así llegue a mi casa destruida de cansancio, le doy el tetero a Miranda con amor. Quiero que se sienta siempre querida, deseada, que no sienta otra cosa que haber sido esperada por muchos años y con mucha ilusión. También me gusta explicarle todo: te estoy cambiando, vamos a bañarnos, vamos a dormir, ayúdame a ponerte esto. Es chiquita pero la trato con respeto”, señala.

Algo todavía le desconcierta cuando se habla de su maternidad. “Hay gente que se toma la atribución de suponer qué clase de madre es uno, pero en realidad nadie sabe cómo son las cosas en la intimidad de cada familia. Hay personas que creen que yo tengo un séquito de empleados que se encargan de Miranda y que nada más la cargo para las fotos, cuando yo misma limpio mi casa y atiendo a mi hija porque no tengo a nadie fijo que me ayude. Si se la doy a mi mamá para que la cuide, le dejo los teteros hechos. Lo que no plancho ni para mí, lo plancho para ella”, explica. “No es mejor mamá la que hace para el cumpleaños de su hijo una torta de diez pisos que la que prepara unos ponquecitos, ni la que da o no da pecho, ni la que parió naturalmente o por cesárea, ni la que se queda en la casa todo el día o la que sale a trabajar. No hay puntos de comparación porque cada circunstancia es distinta. Cada una es la mejor madre que puede, la que le tocó ser. Para mi hija, yo intento ser la mejor”.

La decisión

“Evidentemente nunca me propuse esperar hasta los 50 años para ser mamá. El detalle fue que tuve parejas que realmente no querían tener hijos y yo no lo sabía o con las cuales no me veía construyendo una familia. Por eso, cuando se me fue acortando el reloj, en vez de hacer una coproducción, decidí tener una producción independiente. Siempre quise ser mamá”, explica la actriz. “En mi familia hubo opiniones encontradas sobre hacerlo sin pareja y uno mismo se debate, ya que es una decisión muy difícil, pero luego estuve muy clara en lo que quería. Con todo respeto, los demás pueden opinar, pero lo importante es lo que tú elijas. Yo conté con el apoyo de un médico excelente, Alfredo Martell, que me apoyó en todo momento en un proceso que fue muy largo y costoso y en el que recibí la ayuda de mucha gente. Nunca me imaginé que existían tantas mujeres en mi situación, ni tantas que iban a sentirse inspiradas por mi decisión. Siempre me preguntan qué hacer y les digo que se pongan en manos de un doctor confiable y comprometido, y que no desistan porque los milagros existen. El mío se llama Miranda Carolina”.

Cosas de mamás

¿Un ritual favorito?

Todas las mañanas paso a Miranda de su cuna a mi cama y jugamos como una hora. Le canto, la beso. Quiero darle siempre los buenos días con alegría.

¿Una paranoia?

A veces casi no duermo chequeando que esté respirando. También me pongo nerviosa si estoy ocupada en otra cosa y siento que ella se queda en silencio absoluto.

¿Permitiría que su hija fuera actriz?

Cuando sea mayor de edad, sí; antes no. Prefiero que tenga un criterio bien formado antes de entrar en este medio.

¿Un sueño para ella?

Que sea feliz y sana. Que sepa usar bien su libre albedrío.

¿Ya tiene alguna respuesta si pregunta por su papá?

Eso me preocupaba hasta que mi mamá me dijo: “Cuando llegues a ese río, cruzas ese puente”. Me pareció un gran consejo y lo estoy siguiendo.

¿Un valor para dejarle?

La honestidad. Que sea sincera, respetuosa y que sepa que la palabra empeñada vale mucho.

 

 

 

 

 

 

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