Visión Global

“La ola goda (I)” por Andrés Hoyos

“La ola goda (I)” por   Andrés Hoyos


Andrés Hoyos / @andrewholes

 

Movimientos subterráneos en las placas tectónicas de la política mundial están produciendo una gran ola goda: Brexit, Putin, Erdogan, Duterte, partidos xenófobos en toda Europa, Álvaro Uribe en Colombia, a todo lo cual se debe agregar la tapa del fenómeno: el reciente triunfo de Donald Trump. Esta potente marea reaccionaria no es uniforme.

Surge en algunos lugares, mientras que en otros, como Canadá, va en el sentido contrario. Hablo de aquellos países en los que impera por lo menos un remedo de democracia, pues los regímenes dictatoriales tienen su propia dinámica, propensa a una larga inmovilidad interrumpida por rupturas súbitas y catastróficas.

Los regímenes de sentido opuesto ciertamente han tenido fracasos recientes. Venezuela por sí sola acabó con el prestigio internacional del populismo de izquierda. Todavía más importante es que la socialdemocracia europea fue incapaz de exportar su modelo al resto del mundo, ni siquiera con las inevitables variaciones que implicaba, y tampoco supo adaptarse a los nuevos tiempos. Imperó en ella la vieja noción según la cual toda concesión se considera permanente y da lugar a nuevos pedidos, de modo que quienes intentaron retrocesos tácticos, se estrellaron contra una pared de derechos adquiridos.

El costado liberal, donde algunos preferimos vivir, se volvió complaciente y permitió la subsistencia de una corriente subterránea opuesta a la economía de mercado, que obstaculizó la modernización de procesos claves. Como se pensaba que el mercado no podía nunca traer efectos benéficos, el Estado, paquidérmico o no, debía dirigirlo todo. Ese mismo costado liberal abandonó sus bases tradicionales y por la vía de la corrección política se dedicó a cultivar minorías, propensas a imponer su norma a las mayorías.

La ola goda no tiene un mero origen socioeconómico, como preconizaba el viejo determinismo marxista, sino que es impulsada por los miedos y las rabias de los perdedores. La gran paradoja, para Marx, sería que en Estados Unidos la fuerza reaccionaria por excelencia es su amada clase obrera. Los obreros son perdedores relativos de la globalización, de la aceleración tecnológica y de la economía del conocimiento y, por lo mismo, hacen sentir su voz, a veces cacofónica y con frecuencia autodestructiva. Con tal de que mueran los inmigrantes, los negros, los latinos y las mujeres —para ellos, los modernos filisteos—, no les importa que muera Sansón.

Obama, por ser negro, desató una oposición feroz. A Hillary no le ayudó ni poquito ser mujer. En Europa, la lejanía y suspicacia que muchos sienten ante el poder delegado en Bruselas promovieron el aislacionismo. Sectas religiosas meticulosamente organizadas, gestionadas con gran profesionalismo y según el “estado del arte” en mercadeo, aportaron millones de votos a Trump y al No colombiano. El núcleo duro es el de siempre: la intolerancia, que toda la vida ha asumido formas locales. El viejo lema de James Bond, “vive y deja vivir”, no gusta a estas gentes. Quieren que los demás vivan subordinados a ellos y les obedezcan.

Por ahí algunos dicen que volvieron los orangutanes y que la democracia está en peligro. Lo primero es indudable, lo segundo está por verse. Implicaría que después de la ola goda no hay regreso. Yo pienso que si estas cosas se dan por oleadas, el fracaso también podría ser contagioso.

La semana próxima me enfocaré en las alternativas liberales que ofrece el tema.

Atras
Visión Global

2013 © Visión Global. Todos los derechos reservados. Contacto: visionglobal.info@gmail.com - visionglobal.ventas@gmail.com - Teléfono: 0212 4186529