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“La segunda derrota de Keiko Fujimori” por Alejandro Arratia Guillermo

“La segunda derrota de Keiko Fujimori” por Alejandro Arratia Guillermo


Alejandro Arratia Guillermo / @ib_americanos_

PPK le ganó a Keiko Fujimori con el 50,15% del electorado. No será una farsa, si dentro de 5 años es innecesario reeditar, con riesgo de tragicomedia, la unificación al límite contra Keiko, o su hermano. El paso del tiempo puede ser implacable con la democracia. Hoy el arte de los gobernantes demócrata-liberales reside en armonizar programas económicos de libre mercado con acciones humanitarias de mejoras inmediatas a los más desfavorecidos para conquistar, sin demagogia, la voluntad popular.

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. La trajinada frase es de Marx en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, publicado en 1852. Un “modelo de lúcida y cruel literatura de combate” en la opinión de Isaiah Berlin. No pretendo equiparar las revoluciones francesas de 1789 y 1848 con las elecciones peruanas de 2011 y 2016 –sería una extravagante necedad- solo deseo expresar en voz alta las asociaciones que me asaltaron con los primeros e inseguros resultados: Pedro Pablo Kuczynski, candidato de Peruanos Por el Kambio (PPK), le ganó a Keiko Fujimori con el 50,15% del electorado, sumatoria de las diversas fuerzas que rechazan el fujimorismo.

ppk keuko

Hace 5 años en la tragedia de escoger entre la hija del dictador y el militar sospechoso de populismo, las elites decidieron y acertaron. De nuevo el reto y vuelven a ganar. Un éxito que produce extraordinaria alegría. No será una farsa, si dentro de 5 años es innecesario reeditar, con riesgo de tragicomedia, la unificación al límite contra Keiko o su hermano. El paso del tiempo puede ser implacable con la democracia si no se superan las condiciones que precipitan la población desatendida a identificarse con promesas demagógicas. Los populistas poseen un arsenal de respuestas para cada problema real e inventan mundos fraudulentos “libres y democráticos”, un discurso que los convierte en enemigos duros de vencer si la confrontación se restringe a los procesos electorales.

Solo desarrollando programas eficaces que reduzcan mes a mes las insuficiencias sociales y económicas, amalgamados con la educación masiva y el desenmascaramiento de los redentores, pueden los demócratas derrotar la política de abalorios. En Perú las series de indicadores de los últimos años (absolutos y comparados con Latinoamérica) son satisfactorios, pero ha quedado demostrado hasta la saciedad que planes macro económicos indispensables para la transformación resultan insuficientes para la confrontación política inmediata, con la ironía de que aun cuando sean exitosos y comiencen a concretarse, por ejemplo, en la creación de empleo -como lo ha hecho España- la demostración y la perspectiva de progreso no penetra en todas las capas de la población.

En el “Panorama Social 2015 de América Latina” la CEPAL informa: entre 2010 y 2014 la tasa de pobreza cayó en la mayoría de 15 países evaluados, encabezados por Uruguay (-14,9 %), Perú (-9,8 %) y Chile (9,1%). En Honduras, México y Venezuela la pobreza subió a un ritmo anual de 2% a 5%. En el 2015 la pobreza aumentó en Latinoamérica y afectó a 175 millones de personas, el 29,2 % de los habitantes. En Perú, para el año 2015 el 21,77% de la población (6.782.000 personas) se encontraban en situación de pobreza; comparado con el 2014 representa una disminución del 1% (221 pobres menos). El INEI, Instituto Nacional de Estadísticas e Informática, considera pobres a los hogares que no pueden adquirir una canasta básica de alimentos y no alimentos (vivienda, educación, salud, etc.).

Peruanos que apenas sobreviven no estudian cuadros de la CEPAL ni del INEI y, en la cultura aprendida del estado benefactor, esperan soluciones desde arriba. Si fueren informados de que Perú entre el 2001 y el 2015 creció 5,3% en promedio -más que Colombia y Chile, el doble que Brasil- pensarán en su parte del pastel y crecerá la desconfianza. Los pobres no están esperando correctas explicaciones del tipo, crecimos en el 2009 un 6%, la crisis, las materias primas, los precios… etc, nos llevó a descender en el 2014 a 2,4%, volveremos a crecer sobre 4%. Hoy el arte de los gobernantes demócrata-liberales reside en armonizar programas económicos de libre mercado con acciones humanitarias de mejoras inmediatas a los más desfavorecidos para conquistar, sin demagogia, la voluntad popular.

Alfredo Thorne jefe del plan de gobierno, declaraba a mediados del pasado año que PPK se va a su casa en el 2021, antes tiene el propósito de cumplir un amplio programa social, atender cuestiones fundamentales como el suministro de agua y el desarrollo rural. Thorner dice que la contribución del trabajo al crecimiento ha sido muy baja. Los trabajadores no se han beneficiado, hay que convencerlos de que la economía puede generar más puestos de trabajo y beneficios laborales. Explicó qué hacer para ampliar el sistema de pensiones sin afectar a sus actuales beneficiarios. Además, argumentó las razones para mantener el salario mínimo. PPK tiene un plan de crecimiento económico y desarrollo social; está en minoría en el congreso pero confía en el apoyo parlamentario.

Nota de cierre. “Los hijos no deben pagar las culpas de los padres”, dicen los defensores de Keiko con fingida inocencia. A los 19 años la hija se convierte en “primera dama” activa e informada, en sustitución de su madre sometida a la tortura por denunciar manejos ilícitos de sus cuñados. Keiko se ha beneficiado de la modernización del Perú que inició su padre en la última década del siglo XX y de la derrota a la sanguinaria guerrilla Sendero Luminoso. Encuentra apoyo en sectores humildes que recibieron migajas de aquel gobierno. Nunca ha repudiado las prácticas mafiosas de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, y agrega al pasado su cuota de intenciones autoritarias: penas de muerte, mano dura, ley seca, confinamiento de los presos, la calle para las fuerzas armadas.

De los libros

“En las últimas elecciones peruanas, el escritor Jorge Eduardo Benavides se asombró de que un taxista de Lima le dijera de que iba a votar por Keiko Fujimori, la hija del dictador que cumple una pena de veinticinco años de prisión por robos y asesinatos. “¿A usted no le importa que el presidente Fujimori fuera un ladrón?”, le preguntó al taxista. “No –repuso éste-, porque Fujimori solo robó lo justo”. ¡Lo justo! La expresión resume de manera insuperable todo lo que estoy tratando de explicar. La evaluación más confiable de los dineros sustraídos por Alberto Fujimori y su hombre fuerte, Vladimiro Montesinos, en sus diez años en el poder (1990-2000), hecha por la Procuraduría de la Nación, es de unos seis mil millones de dólares, de los cuales Suiza, Gran Caimán y Estados Unidos devolvieron hasta ahora al Perú apenas ciento ochenta y cuatro millones. No solo aquel taxista pensaba que este volumen de robo era aceptable, pues, aunque la hija del dictador perdió las elecciones de 2011, estuvo a punto de ganarlas: Ollanta Humala la derrotó por la pequeña diferencia de tres puntos.

Nada desmoraliza tanto a una sociedad ni desacredita tanto a las instituciones como el hecho de que sus gobernantes, elegidos en comicios más o menos limpios, aprovechen el poder para enriquecerse burlando la fe pública depositada en ellos. En América Latina –también en otras regiones del mundo, desde luego- el factor más importante de criminalización de la actividad pública ha sido el narcotráfico. Es una industria que ha tenido una modernización y un crecimiento prodigioso pues ha aprovechado mejor que ninguna otra la globalización para extender sus redes allende las fronteras, diversificarse, metamorfosearse y reciclarse en la legalidad. Sus enormes ganancias le han permitido infiltrarse en todos los sectores del Estado” (pp.138-139)

Mario Vargas Llosa (2013): LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO. Santillana. España

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