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La soberbia de Sanders frente a la victoria de Clinton

La soberbia de Sanders frente a la victoria de Clinton


Es raro que las revoluciones reconozcan una derrota. Así que pese a los resultados contundentes de las primarias de California, y pese a la suma de delegados y a las voces que le piden que renuncie a la carrera por la Casa Blanca, anoche el senador Bernie Sanders subió al estrado y prometió seguir en la lucha.

En un discurso sorprendentemente terco, ignoró el logro monumental de Hillary Clinton, su rival en las primarias del Partido Demócrata, quien se convirtió en la primera mujer en la historia de Estados Unidos que logra la nominación presidencial de uno de los dos partidos principales de Estados Unidos.

Sanders habló durante 15 minutos antes de pronunciar por primera vez el nombre de Clinton. Se refirió a ella casi de pasada, en alusión a una conversación telefónica en la que, afirmó, felicitó a la candidata por su victoria. En ese momento, sus partidarios reunidos en el hangar de un aeropuerto abuchearon y Sanders hizo poco por mitigar esa reacción.

El martes fue, sin duda, la noche de Clinton, un punto de quiebre en la historia de las mujeres en la política y la vida pública 95 años después de que la decimonovena enmienda a la constitución reconociera su derecho al voto en Estados Unidos.

Pero el miércoles por la mañana, todas las miradas convergían en Sanders. ¿Sería generoso o engreído? ¿Seguiría adelante en la lucha o tiraría la toalla? El senador dejó pasar cada oportunidad que tuvo para pronunciar el tipo de discurso de concesión que todos, tanto dentro como fuera del Partido Demócrata, pedían y esperaban.

“Es una oportunidad perdida para tender puentes que serán fundamentales en otoño”, dijo David Gergen, un experto en política estadounidense que ha sido asesor de cuatro presidentes, tanto demócratas como republicanos, y se mostró preocupado porque Sanders se podría convertir en un “viejo gruñón”.

Las matemáticas son irrefutables: Clinton no solo ha superado el umbral de los 2383 delegados necesarios para asegurar la nominación. También cuenta con la victoria en la mayoría de los estados y con el voto popular. En circunstancias normales, este sería el momento en el que un rival derrotado en las primarias reconoce una tendencia irreversible, saluda al vencedor y empieza a trabajar hacia la reconstrucción de un partido dividido.

Eso fue lo que Hillary Clinton hizo hace ocho años, el 7 de junio de 2008, cuando se terminó la competencia contra Barack Obama por la nominación demócrata en una situación más reñida que la actual. “Sabemos que ha sido una competencia dura”, dijo Clinton entonces. “Pero el Partido Demócrata es una familia y ahora es momento de reconstruir los lazos que nos unen”.

El martes, Clinton fue efusiva en su reconocimiento del papel de Sanders y trató de hablarle a sus seguidores. Lo nombró tres veces durante su discurso de victoria en Nueva York. “No nos llamemos a engaños”, dijo, “el senador Sanders, su campaña y el debate que hemos mantenido sobre cómo subir los salarios, reducir la desigualdad o incrementar la movilidad social ha sido bueno para el partido y para Estados Unidos”. Pero Sanders, que se considera un revolucionario, se ha mostrado escéptico ante las tradiciones y expectativas de su partido y a lo largo de su campaña ha visto al partido con sospecha y desconfianza. No parece que la unidad del partido sea su prioridad.

Lejos de dar marcha atrás, Sanders prometió llevar su campaña hasta la convención del partido en Filadelfia en julio. “Seguiremos peleando por cada voto y cada delegado que podamos conseguir”, dijo, y declaró que el movimiento que comenzó “es más que Bernie”. Sonó, a veces, mesiánico. “Nuestra visión se convertirá en el futuro de Estados Unidos”.

Dentro del hangar del aeropuerto de Santa Mónica donde dio su discurso, se palpaba el resentimiento contra Clinton y la clase política a la que representa, una sombra sobre la ventaja electoral de la candidata, imposible de remontar.
Freddie Paull, que tiene 26 años y es de Glendale, California, no estaba interesado en logros históricos. Cree que Clinton es una estafadora. “Podría ser acusada ante la justicia mañana si el sistema no fuera corrupto”. “Me encantaría ver a una mujer como presidenta”, añadió. “Pero no quiero que sea Clinton porque no creo que tenga honor”. Si Sanders se retira, dice que está preparado para votar por Trump.

New York Times

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