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“La tumba de la “Revolución”” por Román Ibarra

“La tumba de la “Revolución”” por Román Ibarra


Román Ibarra / @romanibarra

La aparición en escena –lamentable y cobarde por cierto- de Chávez, y sus golpistas en 1992, producto de un acto primitivo y criminal, significó en principio, tal como quedó demostrado, la derrota militar de un grupo de delincuentes ambiciosos que auspiciaban alcanzar el poder político por la fuerza. Para ello, utilizaron un manifiesto, según el cual, las estructuras del sistema político de entonces estaban podridas y había que sustituirlas cuanto antes, y a cualquier precio.
Esa misma derrota militar, a cargo de las fuerzas leales a la Constitución y al gobierno legítimamente constituido, no fueron suficientes para hacerle entender a las fuerzas políticas acerca de la necesidad de enmendar los errores habidos hasta entonces, en términos del incumplimiento de la demanda social, ni de la aplicación correcta de los instrumentos jurídico-institucionales para meterle freno al golpismo para siempre. Por el contrario, un torneo de irresponsabilidades, y demagogias se apoderaron del espectro de la política para demostrar quien estaba más cerca de ¨la popularidad del golpista¨.
Así, Caldera en un discurso oportunista justificó desde el Congreso la intentona, legitimándola de alguna manera, lo cual desató la vorágine de apoyos interesados para ¨aparecer en la foto¨ de la nueva vedette.
De ahí en adelante, Caldera accedió al poder nuevamente sin que le dejara beneficio alguno a la República, un gobierno gris e innecesario. Con la salida de la cárcel y su incorporación a la política, comenzó Chávez a cavar la tumba de la democracia con la recurrente violación de la Constitución que él mismo estimuló, pero se le convirtió en camisa de fuerza para su ambición totalitaria y megalómana entregándonos a la colonización de una dictadura vergonzosa, y aprovechadora como la cubana. Se entregó en cuerpo y alma a lo que supuso sería el liderazgo de la lucha mundial contra el ¨imperialismo¨, a la muerte de Fidel, pero se impuso la providencia.
Como si fuera poca la desgracia que su largo gobierno causó a nuestro país en términos del secuestro de todas las instituciones para ponerlas a su servicio, como las FAN, el TSJ, la FGR, la anterior AN, la CGR, la DP, así como la persecución a los medios de comunicación privados; la inseguridad estimulada por la impunidad que le garantizó a los ¨buenandros¨, la corrupción desembozada de sus acólitos y asociados en el gobierno, en fin la ruina que nos produjo como nación, nos impuso con su liderazgo negativo y deleznable a un sujeto como el actual presidente Nicolás Maduro, que en realidad es la tapa del frasco en cuanto a mediocridad, ignorancia, megalomanía, y sin ningún sentido del ridículo.
Quienes advertíamos acerca del caos que provocó Chávez con su pésima manera de gobernar, luego Maduro terminó por profundizar el inmenso hueco de calamidades y ruinas de los venezolanos de nuestro tiempo. Ahora sin dinero, toda vez que el caudal inmenso que entró por la renta petrolera ellos se lo robaron; lo regalaron a sus amos de Cuba; lo repartieron a manos llenas entre los chulos del comunismo y el populismo mundial, hoy no son capaces de levantar la producción nacional en manos del menguado sector privado por falta de seguridad jurídica para la inversión, y los controles que llevan más de 13 años.
Por esas razones, los venezolanos estamos dispuestos a seguir luchando para hacer del referendo revocatorio una posibilidad constitucional para salvar la continuidad de nuestro país, hoy envuelto en la peor crisis de su historia, gracias al peor gobernante que hemos tenido. Muera la ¨revolución¨, viva la Democracia.

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