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“La verdad se pierde en el camino” por Ingo Mannteufel

“La verdad se pierde en el camino” por Ingo Mannteufel


Ingo Mannteufel*.

Tras el asesinato de Boris Nemtsov, el Estado ruso y sus medios comenzaron, de inmediato, una deliberada campaña de desinformación para ocultar las verdaderas responsabilidades

También en Rusia, el asesinato del indómito líder de la oposición rusa, Boris Nemtsov, el viernes, y la marcha conmemorativa en el centro de la capital rusa, el domingo, fueron los temas predominantes en los medios de comunicación, durante todo el fin de semana. Este asesinato político es, indudablemente, un trágico y significativo acontecimiento en la historia reciente de Rusia.

Fue interesante observar cómo el Kremlin y los medios de comunicación bajo su comando pusieron a rodar la ya habitual operación de propaganda de desinformación y cortina de humo en torno al asesinato del crítico líder político.

 En Rusia, el Gobierno y sus medios noticiosos callan, por lo general, las actividades de los líderes de la oposición. Esta vez, era imposible callar sobre el asesinato de Boris Nemtzov, quien desde la década de los noventa se convirtió en una figura conocida internacionalmente. Los reportes sobre su asesinato demostraron, de nuevo, la dependencia gubernamental de los medios en Rusia y la manipulación de los rusos de a pie.

¿Una “provocación”?

Poco después del asesinato de Nemtsov, el presidente de Rusia dio la pauta pública a los medios y a la Justicia en el caso. Putin dijo que el asesinato de su crítico era una “provocación”, con el objetivo de desestabilizar el país. Con ello, Putin quiso decir que Nemtsov no era el verdadero objetivo del abominable crimen sino él mismo, Putin.

En ese sentido, el Fiscal General y los medios oficialistas deberían orientar su atención a los conocidos detractores de Putin como posibles culpables del crimen: “estadounidenses, ucranianos, islamistas”, o simplemente, otros grupos que quieren “poner en peligro la seguridad del país”.

Y los medios rusos dependientes del Kremlin no desaprovecharon un elemento para establecer una relación entre el islamismo y el asesinato: el hecho de que Nemtsov era judío. En vista del antisemitismo generalizado en Rusia, el efecto de una información de este tipo en relación con el asesinato es previsible: no es de esperarse que los ciudadanos se solidaricen con el judío Nemtsov, quien además iba acompañado de una bella chica ucraniana. Y a los que aún no quieran creer lo que dicta el Kremlin, los medios bajo su mando les siembran dudas sobre la supuesta oscura proveniencia de los negocios de bienes raíces de Nemtsov.

Las preguntas importantes se pierden

Detrás de las muchas pistas falsas dadas por el Kremlin y su prensa no está el deseo de esclarecer el crimen e informar a la población, sino el de desviar las investigaciones del caso. Lo que no se debate es la responsabilidad del Estado y el Gobierno que, durante largos años, y con la ayuda de sus medios afiliados, han difamado a los críticos. Tampoco se debate sobre por qué, en plena cercanía del Kremlin, las cámaras de vigilancia estaban apagadas o en reparación.

En vista de tantas “verdades” que hay por esclarecer, hay poca esperanza de que algún día se sepa quién mató al crítico de Putin Boris Nemtsov.

* Director de la redacción rusa de DW

DW, 03 de marzo de 2015

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