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Las bolsas CLAP: del fracaso alimenticio a la debacle electoral

Las bolsas CLAP: del fracaso alimenticio a la debacle electoral


El modelo económico instaurado por el autoproclamado “proceso revolucionario socialista” dio finalmente sus frutos en el 2016. La familia venezolana no tiene acceso a todos los alimentos que necesita para comer, ni en cantidad, ni en calidad, ni de forma permanente y mucho menos a precios que su salario le permita comprar.

Los venezolanos no comen lo que quieren, sino lo que a duras penas consiguen, y en condiciones que consideran “humillantes”.

Para combatir la escasez, que dio pié al mercado negro de los bachaqueros, el gobierno anunció en abril que comenzaría a distribuir las bolsas CLAP con productos de la cesta básica.

Este sistema de distribución hoy en día lleva a las puertas de las viviendas las bolsas. Programada para ser entregada cada 15 días, según los beneficiados en tres meses a duras penas se han entregados no más de dos. Como si las personas pudieran dejar de comer para esperar las bolsas.

El sistema solo atiende zonas populares o de clase media baja, dentro de lo que el PSUV –partido de gobierno- ha definido como su “target” electoral.

En efecto, el cuestionario que debe llenar cada familia para acceder a las bolsas, parece más un censo del 1×10 para el día de las elecciones, que el Amazon de la comida venezolana. (Amazon es el portal en internet de ventas), en donde un comprador lo que compra se lo llevan a las puertas de su casa.

Además, estas bolsas son vendidas a precios subsidiados. Lo que no significa que cualquiera pueda pagarla.

Esta semana, en algunas zonas de Caracas aparecieron de nuevo las bolsas CLAP. Después de cinco semanas sin verlas.

Al conversar con familias del oeste de Caracas, confirmaron la llegada de las bolsas, pero se quejaron que fue una “mini-bolsa”.

“Solo trajo una lata pequeña de Diablitos, una lata pequeña de sardinas, una harina Pan, un envase pequeño de mantequilla Mavesa y una botella de aceite, también pequeña, al precio de poco más de 3 mil bolívares”, contaron.

Todos productos que no se consiguen, a menos que se esté dispuesto a formar largas colas desde la madrugada a las puertas de los supermercados. Aunque siempre existe la opción de comprarlos a precios impagables, a los bachaqueros.

Ante el comentario “esto los resolvió en algo”, los beneficiados contestaron “es un abuso”. Refirieron que la bolsa anterior, la primera que recibieron, traía más cosas y a un precio menor.

“Esa si era una bolsa. Trajo un pollo completo, una bolsa de leche en polvo, dos kilogramos de arroz, un pote de mantequilla, 2 paquetes de pasta de medio kilo, una botella pequeña de aceite, y una harina pan. Y a un precio de 680 bolívares”, casi gritó y con signos de hiperventilación.

Cuando se recogen las opiniones de los que tienen políticamente posiciones tomadas frente al gobierno –a favor o en contra- las percepciones se tornan interesantes. Al menos, desde un punto de vista electoral.

Para los opositores a ultranza, que en las zonas populares según las encuestadoras es un segmento de la población en aumento, “se agarra lo que te dan”. La cuenta es muy sencilla. “Nos elimina horas de colas para comprar algunas cosas. Pero con eso, no nos van a comprar”, dicen.

Para los que forman parte del chavismo, y están integrados a los UBCh y al PSUV, los argumentos son otros. Refieren que cuando estaba el Comandante Chávez, las bolsas se las regalaban. “Traían de todo y nos la daban gratis. Ahora las tenemos que pagar”, señalan.

En todo caso no hay alimentos en los estantes de los mercados. Las bolsas CLAP no llegan a toda la población, ni en forma frecuente a los que llegan.

La estrategia de huir hacia adelante, para tratar de convertir un fracaso de gestión en una victoria electoral, no parece estar dando sus frutos. El dakazo alimenticio no está funcionando.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

 

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