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Leopoldo López Gil y Antonieta Mendoza: Servidores de la Patria

Leopoldo López Gil y Antonieta Mendoza: Servidores de la Patria


La convocatoria para una audiencia esa misma mañana, trastocó totalmente la agenda. Antonieta Mendoza, apercibida de esas maniobras de la justicia roja, se alistó rápidamente, impecable, de camisa blanca y pantalones de color caqui. “Discúlpame, respeto mucho tu trabajo, pero me tengo que ir”. Inamovible en su cruzada por los derechos humanos de los presos políticos, visibilizados en instancias internacionales por el rostro de su hijo, el dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López, había blindado su corazón.

Apertrechada emocionalmente, para no conmoverse y que aflorara la tristeza o cualquier otro sentimiento que la debilitara en las posiciones conquistadas. “Apoyamos a nuestro hijo 100%, aunque sabíamos que se estaba entregando a un régimen dictatorial, autocrático y a una justicia injusta. La vida de la familia cambió completamente después que Leopoldo entró a la cárcel de Ramo Verde. Todos estamos amalgamados alrededor de su causa, entretejidas con las circunstancias del país”.

Leopoldo López Gil aún no llegaba, su agenda retrasada ahora solo gira alrededor de todo tipo de gestiones que conduzcan a la liberación del hijo preso por atreverse a convocar a los venezolanos a buscar la “salida” para un mejor país. Presenciaba en la sede del partido Social Cristiano Copei, la firma del mismo manifiesto que horas antes por la misma causa, colocaba tras las rejas al alcalde metropolitano Antonio Ledezma. El tiempo convertido en vértigo, obligaba a Diana, hermana mayor de uno de los reos políticos en la cárcel militar, a disculparse por el trastoque, mientras ofrecía algo de tomar en la antesala de la casa familiar en Sebucán. Apuraba a su mamá, ya el vehículo estaba listo para irse.

“Estoy dedicada las 24 horas del día a la liberación de mi hijo. ¿De dónde saco fuerzas? De adentro. Cuando se tiene un hijo preso injustamente, no se descansa hasta que salga”. ¿También estaba preparada para el linchamiento moral? La imputaron en 2013, por 2 donaciones a la Asociación Civil Primero Justicia en 1998 para los programas de la Justicia de Paz en las escuelas y Educando para la Justicia y el Arbitraje en las cárceles, cuando era gerente de Asuntos Públicos de Pdvsa. “¡Claro! Leopoldo ha sido perseguido desde el año 2008 cuando lo inhabilitaron, no es nada nuevo para la familia”. Llegaba el padre, pausa que aprovechó para zafarse “te tengo que dejar”. El apremio se empoderó.

Se encontraron brevemente como en una encrucijada, afectuosos se saludaron, intercambiaron un par de palabras, “permítame una foto juntos”, solicitó Ubaldo Medina.

Por cortesía no más mira a la cámara, su corazón ya está en el Tribunal 28 de Juicio, el único varón de sus tres hijos había sido trasladado.

II. Sin Culpa

En una hacienda de los Barreto, bajo el sol de Carabobo, Eudoro López, médico político y militar [quien se alzaba en esa época y sabía dirigir tropas adquiría ese rango], fue uno de los que dio el Grito de Queipa cuando el presidente Andrade se robó las elecciones. “Mi padre, recuerda Leopoldo López Gil, fue preso y pasó 17 años de exilio, casi 20 años de su vida política en esos azares”.

El padre de la abuela López, hija del general Ortega, se convirtió en prócer al luchar con los Lanceros del General Páez… Fue levantando los antecedentes genealógicos de los familiares luchadores políticos por el lado de los López y de los Mendoza, por la pregunta fácil ¿De dónde salieron la terquedad y la perseverancia del segundo de sus hijos? “Niño bien” con gen de servidor público… Su abuelo Mendoza fue el ministro más joven [27 años] de Agricultura y Cría… Su tío paterno presidente del BCV… Siguió mencionando linaje y tradición familiar hasta en la Guerra de la Independencia… “Unos por ambición de poder, pero la mayoría por la visión de una mejor Venezuela”.

Recordar aquellos tiempos de exilio y prisión para este disidente político a la luz de realidades presentes tan parecidas, lo entristecen. Comienza la confesión familiar, ahora en la voz del padre de familia.

“Me formé en democracia, no experimenté la dictadura, cuando cae el general Marcos Pérez Jiménez yo apenas comenzaba el bachillerato.

En mi casa se tenía mucho cuidado con algunas conversaciones, nos ordenaban bajar la voz o no decir ciertas cosas, porque mi padre, víctima de un régimen dictatorial, sí conocía cómo opera.

Funcionario público, para el horror de su padre “el día menos pensado puedes terminar preso”, le advirtió.

No ha parado tras las rejas, pero la revolución hurga, acusa, señala. Favoreció a Leopoldo López con una beca Gran Mariscal de Ayacucho en tiempos que ocupaba el más alto cargo en la Fundación. “Leopoldo tenía derecho y pagó 100% de su financiamiento educativo para completar Administración Pública… Me pregunto si el vicepresidente Jorge Arreaza, otro de los beneficiados, canceló completo el que recibió. Si se tiene una viga en el ojo, no acepto críticas sin los datos correctos”.

– En mi casa nunca se ha considerado denigrante la carrera política para una persona bien formada, contrario al sentir colectivo, “cualquier cosa menos la política”.

Lamentablemente, hoy más que nunca pareciera que quienes se dedican a la política, no tuvieran otro oficio por falta de preparación.

Los venezolanos no hemos destacado los valores de un buen servidor público civil. Los héroes de Venezuela son militares en gestas militares pero nadie recuerda la gesta civil… Enumera varios nombres de la democracia 1958-1998.

III. Penando

– Como decía su papá, ¿el político o el servidor público está arriesgándose a que lo metan preso por causas políticas o a ser sometido al escarnio público?

– Responderé parafraseando a Leopoldo: “Prefiero vivir explicándole a mis hijos por qué estuve en la cárcel y no por qué perdimos la patria”.

– ¿Es vivir penando por ser el padre de Leopoldo López?

– Estoy muy orgulloso porque es como prestarle servicios a la patria. He sido condecorado por las fuerzas armadas, precisamente porque quise que se formaran mejor a través de la educación. Nunca he trabajado con la ideología sino con la excelencia, es muy distinto.

– ¿Tienen la conciencia limpia?

– Tenemos nuestra conciencia clarísima.

¿La entrega se planificó? ¿Se discutió la conveniencia del sacrificio?

– Leopoldo estaba preparado para algo así. En repetidas oportunidades lo habían amenazado, incluso estando en vacaciones familiares juntos, libraron una citación con la advertencia de que mejor no volviera al país. Su entrega fue muy debatida, digerida. Sabía que él había tomado la decisión, no quise argumentar mucho. Nos había escrito desde su escondite a Antonieta y a mí una carta contestándonos que había evaluado las consecuencias para Lilian, su esposa, y sus hijos: “Ni el exilio, ni el asilo ni la clandestinidad son opciones para mí. Soy un político para trabajar en Venezuela, de lo contrario me convertiría en un prisionero de mi alma”.

Baja la voz por esa emoción que de cuando en vez se revela. “Es muy incómodo quebrarse, tú sabes, en esta cultura nos han enseñado que los hombres no lloran”.

– ¿Ha valido la pena el sacrificio?

– Él estaba muy convencido que el gesto de darle la cara a la justicia por unas acusaciones absurdas, desenmascararía a este Gobierno y pondría sobre el tapete las razones por las cuales había llamado a protestar pacíficamente para lograr una salida democrática. Se ha desvirtuado la expresión común que utilizamos cuando tenemos un problema “vamos a buscarle salida” no significa llamar a una insurrección. ¿Qué lo diga con vehemencia? ¡Claro! Todos los venezolanos estamos indignados y él es un líder.

– ¿Se imaginó como un apóstol en la cruzada política por “una mejor Venezuela”?

– Me siento otra vez al servicio público, es mi obligación por Venezuela, no exclusivamente por Leopoldo, sino por la democracia y la libertad.

– ¿Cómo se siente con tanta exposición mediática?

– Incómodo quebrarse ante las cámaras… Los hombres tenemos que aguantar.

IV. El perdón

– Momentos de quiebres, que no ha podido disimular

– Varios… sobre todo cuando me toca hablar de mis nietos… Del reclamo de Manuela cuando abría los regalos el 25 de diciembre “el Niño Jesús no me trajo a mi papi”. Me conmoví mucho… Como al cumplirse un año de su reclusión y una periodista me preguntó que hubiese preferido hoy para mi hijo, la cárcel o el exilio. [Se aflige, lo pasa con un sorbo de agua]…Prefiero la cárcel contesté… [pausa]… Desde luego que quiero ver a mi hijo en libertad y el exilio es seudo libertad, pero la cárcel ha sido orgullo, porque las razones que argumentan para mantenerlo preso no son deshonrosas. ¿Tengo sentimientos encontrados? Sí [voz firme], lo prefiero en la cárcel que en el exilio.

– Tanto sufrir sin resultados

– Los cambios sociales, a veces violentos, no van a la misma velocidad de un reloj, su encarcelamiento ha sido uno de los puntos de partida. Lo ha convertido en uno de los ejes de la oposición.

– Por culpa de su hijo Leopoldo, por su grandísima culpa, hay clima de desestabilización, violencia y muerte sentencia el Poder Ejecutivo antes del juicio

– Hay que tomar en cuenta que las armas las desenfundó el Gobierno. Visto lo que hemos visto se puede deducir quiénes estaban interesados en crear ese caos.

– El pecado capital de los venezolanos

– La ingenuidad. No tomar en cuenta la malignidad de los enemigos, así nos tratan militarmente. La lucha sería distinta si fuera entre opositores, no terminaríamos en la cárcel.

– ¿Hay capacidad para el perdón?

– De perdonar sin olvidar

– ¿Su cruz a cuestas?

– Sí, pero como Jesucristo llevó su cruz convencido de su misión.

– ¿Cree que los venezolanos estamos poniendo la otra mejilla?

– ¡Las tenemos adormecidas de tantos golpes que nos han dado!

¿Lo acosan el temor y el miedo por la familia?

– Tengo una efectiva organización de guardaespaldas: El Señor Dios y su legión de ángeles

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