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“Ley del hielo” por Jean Maninat

“Ley del hielo” por  Jean Maninat


 Jean Maninat / @jeanmaninat.

Con un poco de imaginación, o posibilidades tecnológicas, el título de este artículo debería estar cubierto de una fina capa de escarcha, o de un alambre erizado de estalactitas heladas y puntiagudas, para ilustrar, en un flash a 35 grados bajo cero, la gélida soledad en la que se ha adentrado el gobierno por su cuenta. Uno se pregunta si su estado natural es hoy la hipotermia, una pérdida de conciencia, de memoria, de reconocimiento del mundo exterior. El universo hecho una estepa siberiana.
Atrás, pero muy atrás en la ruta del socialismo del siglo XXI, han quedado los abrazos entusiastas con mandatarios de toda especie, las filas de niños agitando banderas binacionales, los parlamentarios de otros países ansiosos de ser recibidos en Miraflores, los militares de otros ejércitos que se cuadraban expectantes ante un gesto de reconocimiento del máximo líder, los intelectuales que llegaban llenos de ideas huecas y partían plenos de divisas extranjeras en el monedero. Todos se han ido convirtiendo en partículas  frígidas de polvo cósmico, difíciles de abrazar, de mamar gallo con ellos. Frío, frío como el agua del río… cantaba Juan Luis Guerra.

La reciente visita de Felipe González al país, contribuyó a subrayar, aún más, la soledad en la que está empecinado en encerrarse el gobierno del presidente Maduro. A quien se le haya ocurrido la idea de organizar batallones de repudio para darle la bienvenida al expresidente español, no tiene la menor idea del prestigio e influencia del que todavía goza en el ámbito internacional, y le hizo un flaco favor al gobierno. Es tal el despropósito, que uno llega a pensar que el susurrante de la iniciativa lo hizo a propósito, para abollar aún más la imagen internacional del presidente Maduro. (Es cierto, no luce probable,  pero son muchas las noches de insomnio que tenemos viendo Scandal, y a uno le pega en el coco). En todo caso, la rabia comunicacional desatada por el oficialismo, sólo propició un gesto de rubor en muchos gobernantes amigos del régimen -que tanto celebraron el empeño democrático de González en horas más complicadas para ellos- y se tradujo en una gélida falta de solidaridad ante la avanzada del conquistador español.

Y, como si fuera poco, con  antelación, se había decidido suspender la entrevista que se tendría con el Papa Francisco, aprovechando la asistencia  del Presidente venezolano a la reunión de la FAO, en Roma. Es harto conocido lo desagradable que puede resultar viajar en avión con una otitis zumbándole en el oído -más aún si se viaja en  un aparato ruso Tupolev de Cubana de Aviación-, pero la posibilidad de ser recibido en audiencia privada por el Papa, no se deja pasar así como así. Digamos, no es una reunión más entre el cura de pueblo, Don Camilo, y el alcalde comunista, Peppone, con cuya zaga deleitó al mundo el escritor italiano, Giovannino Guareschi, en la posguerra europea. La visita a su Santidad, merecía el sacrificio de unas incomodas horas de vuelo; a menos que se quisiera propiciar, con el desplante, una guerra fría con el Vaticano. Además, los Papas suelen hablar muy quedo al oído de sus interlocutores.

El último episodio  -todavía en desarrollo- en la búsqueda internacional del hielo, ha sido acusar a Guyana de ser un instrumento del imperialismo internacional por haber cobijado las exploraciones de Exxon Mobil en el territorio en diferendo con Venezuela.  En vez de haberse dedicado, a tiempo, a contener diplomáticamente las pretensiones del país vecino -como bastante se les alertó- hoy se enfrentan a un hecho consumado que no podrán resolver en base a bravatas. Ahora es cuando el petróleo repartido en el Caricom podría pagar sus réditos, pero éstos, también, están congelados en sus afectos caribeños.

Pasar frío en pleno inicio del verano europeo no es atractivo. Por eso se entiende la decisión de tampoco participar en la Cumbre Celac-UE en Bruselas, que contará con la asistencia de casi todos los presidentes y primeros ministros de ambos continentes. Era otra oportunidad única para encontrarse con los amigos de siempre,  y denunciar la “guerra económica” o la “agresión imperialista”. Pero debe dar como enojo que a uno le apliquen la ley del hielo fuera de su país.

El Universal, 12 de junio de 2015
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