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Llueve… pero escampa “El olvido y el desprecio que merecen” por Miguel Yilales

Llueve… pero escampa “El olvido y el desprecio que merecen” por Miguel Yilales


Miguel Yilales/@yilales.

En estos días me topé con que hay personas que se han dedicado a clasificar a los nazis desde diversos aspectos: que sí los más sanguinarios, que sí los famosos que más los admiraron, que sí los más malvados, que sí los más sexis y una infinidad de categorías que lejos de denotar la importancia que para el mundo tuvo este cruento episodio, muestran cierto morbo, que raya en lo fútil, con que algunos tratan esa tragedia.
Esto me hizo reflexionar sobre la nuestra, la cercana, la de aquí, esa que hemos padecido por casi 18 años y que pareciera no tener fin, y que por momentos hay quienes la han banalizado como un mal chiste, un simple error histórico o un error de la naturaleza (de quién la engendró y de quién la ejecutó) cuando en realidad se asemeja a las peores tragedias de la humanidad.
Una revolución que se rodeó con personajes siniestros (no solo por zurdos, sino por lo diestro en la maldad) que bien pudieran ser comparados con las peores escorias de la historia nazi. La mentira, la manipulación y el cinismo que mostraba Josef Mengele es comparable a la de un par de hermanos resentidos; están los émulos de Goebbles que han tratado de vendernos, a través de esos bodrios que transmiten voluntariamente obligados los medios de comunicación, de que el estercolero en que Chávez y su pandilla volvieron al país es una pujante potencia económica, social, cultural y deportiva y las rémoras de uniformes, que adosadas a la revolución, viven entre lujos, excesos y francachelas como lo hicieron Eichmann, Himmler o Göering.
Mujeres y niños de último
Este significante error histórico, que en el pasado tiró al desagüe de la historia cientos de miles de millones de dólares solo para preservar la figura de un megalómano que deseaba ser inmortalizado como un líder mundial pero que, más temprano que tarde, será rememorado como una aberración que fue capaz de despilfarrar a manos llenas, actuar de forma clientelar y quebrar al país exportador petrolero con mayores expectativas de progreso, hoy nos asemeja al Titanic luego de impactar con el iceberg: sin rumbo, sin timón, con vías de agua, hundiéndose y con insuficientes balsas para que nos salvemos todos.
Aquí lo de niños y mujeres primero es cuento de camino. El que se encuentra aposentado en Miraflores, asediado como está por la impopularidad y el descrédito generalizado, recurrió al maltrecho salvavidas que le quedaba (luego de no encontrar resultados con un supuesto diálogo sin agenda): irse de reposo y designar a un suplente que haga sus labores (una vieja práctica de cuando estaba en la nómina de El Metro y cobraba sin trabajar). Es que un padrino que aguante el coroto es mejor que aferrarse a cualquier cabello (no me refiero a retorcido personaje alguno) o o depender de un desconocido compadre (trato que se daban en el ejército antes de mutar en camaradas).
A él le tiene sin cuidado que la inflación haya destrozado el sueldo de los trabajadores, que la violencia enlute a cientos de miles de familias venezolanas, que haya un éxodo de connacionales en búsqueda del futuro que les niega su propio país, que haya personas hurgando en la basura para encontrar sobras que llevarse a la boca o que, ante un sistema de salud destruido, mujeres, hombres y niños recurran a los ramalazos en busca de salud y bienestar.
Entre Bolívar y Zamora
Maduro cree que sí los militares siembran en las unidades castrenses se abastecerán los anaqueles, que sí ellos distribuyen los alimentos estos no terminaran en los aquelarres con los que ha invadido el “nuevoriquismo” las urbanizaciones caraqueñas y que al reeditar el Plan Bolívar 2000, inicio de las trapisondas revolucionarias (más consecuente con la devaluada realidad del país lo llamarán Zamora 200), logrará poner en marcha los fundidos motores con los que pretendió hacer funcionar a este destrozado país.
Quienes estamos empeñados en salir de estos esperpentos revolucionarios debemos saber que no son una mezcolanza entre Franciscanos, Agustinos, Dominicos y Carmelitas dispuestos a anteponer el bien común por sobre sus intereses particulares sino que son unos demontres a los que les importa las fortunas que han entrado en sus cuentas personales y que solo podrán seguir amasando mientras estén en el poder. Hay que confrontarlos, enfrentarlos y derrotarlos para que ocupen el ignominioso lugar que les toca a todos los destructores de la humanidad: el olvido y el desprecio.
Llueve… pero escampa

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