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Llueve… pero escampa “Estafados y robados” por Miguel Yilales

Llueve… pero escampa  “Estafados y robados” por Miguel Yilales


Miguel Yilales/@yilales.

 

Esta última semana fue de angustia y sobresalto por los anuncios del ejecutivo nacional para garantizar la desestabilización política, monetaria y social del país. Es que nadie en su sano juicio puede creer que la dirección que ha pretendido imprimirle al país el paisano de Santos, Pastrana y Santander no sea el del caos y del desorden generalizado.

Fíjense que para solventar las irresponsables medidas económicas que instauró su predecesor, y que él ratificó (a pesar que todo el mundo le alertó de los errores cometidos), se le ocurrió que todos los billetes de Bs. 100 debían reintegrarse al Banco Central de Venezuela en 72 horas a través de la banca nacional o por intermedio del propio ente emisor en 10 días, luego de haber lanzado a la calle billones de billetes de la más alta denominación, de haber promulgado una resolución que obligaba a la banca pública y privada a cancelar las pensiones con esos billetes y de incrementar los límites diarios para retiros por cajeros automáticos, bajo la amenaza de la desmonetización de los papeles.

En medio del desorden que podía generar la devolución del 48% del dinero circulante en tan pocos días o en ciudades, poblados y caseríos que cuentan con pocas entidades bancarias o que no las tienen, al hijo putativo del huésped eterno del Averno o al genio que le maneja las estrategias comunicacionales (el mismo que que daba partes médicos falsos) no se les ocurrió otra cosa que encadenar a las radios y televisoras (varias veces diarias) para agradecer a los venezolanos por la buena acogida de la “medida antimafia”, sin percatarse que en las calles había cualquier cosa menos buena receptividad a tan desatinado disparate, en especial cuando, luego de entregar el dinero a los bancos, los cajeros automáticos te dispensaban los mismos billetes devueltos, un motivo más  para recordar a las progenitoras del ideólogo de tal medida.

Estatizar es robar

Vivimos en un país en el que obtener un punto de venta requiere largas listas de esperas, en el que no se ha implementado un sistema de pago del transporte público que no sea con efectivo, donde los estacionamientos, los abastos de las zonas populares, las estaciones de servicio y los pequeños comercios no poseen otra forma de cobrar que no sea mediante el intercambio de ese perverso instrumento que inventaron los chinos hace más de 1200 años y popularizado en todo el mundo durante el siglo XVIII.

Pero como no era suficiente poner a pasar aceite a los pensionados, a los adultos mayores y a los ciudadanos de la Venezuela profunda, al boquifloja que tenemos aposentado en Miraflores se le ocurrió que también podía insinuar y amenazar con la estatización de la banca, un hecho de amarga recordación para los que tuvimos que vivir las penurias de las intervenciones del Banco Latino, Banco de los Trabajadores de Venezuela y, recientemente, del Federal.

Por supuesto que en armonía con el discurso presidencial al director de la policía política del régimen se le ocurrió invitar al presidente de un banco a conversar en su oficina en Caracas cuando este se disponía a abordar un vuelo en Maiquetía, lo cual generó rumores sobre su detención y como guinda, al obrero en jefe, le pareció oportuno jugar con las siglas de BANESCO y llamarlo “Banco Nacional Estatal Socialista y Comunista” con lo que encendió las alarmas por la posible intervención del segundo consorcio financiero del país.

No todos son mafiosos

Por supuesto que las reacciones no se hicieron esperar. Cuando la banca no pudo recoger todo el circulante, la gente se lanzó a las calles antes que los tildasen de mafiosos porque se quedaran con unos billetes sin valor en las manos. La desesperanza se transformó en indignación y luego se convirtió en rabia al oír las burlas y mofas de los desquiciados del gobierno que alardeaban porque “habían golpeado a las mafias de los billetes”. Los conatos de saqueos, la violencia desatada, la indignación contenida y luego expresada tiene un solo responsable y es quien dice gobernar (aunque en realidad sea desgobernar).

Los demonios que desataron hicieron que el régimen reculara en su medida y aumentase los lapsos para la recolección de los billetes de Bs. 100, con lo cual quedó demostrado que quienes detentan el poder en Venezuela, a lo único que le temen, es a la calle, en especial, si esa calle siente, en lo económico, en lo político o en lo social, que fueron estafados y robados.

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