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“Llueve… pero escampa Pega la MUD, pega la MUD… ¡Se cayó la MUD!”, por Miguel Yilales

“Llueve… pero escampa  Pega la MUD, pega la MUD… ¡Se cayó la MUD!”, por Miguel Yilales


Miguel Yilales / @yilales

La razón de ser del pugilismo es aviesa: dañar al adversario, lastimarlo, herirlo y causarle estragos físicos muchas veces irreversibles.

De mi infancia recuerdo a mi padre sentado en la orilla de la cama, apretando los dientes y moviéndose de un lado a otro, como quien esquiva los golpes que se propinaban los púgiles y que gracias a la magia de la televisión llegaban a la casa. Muhammad Ali, Joe Frasier, George Foreman o Ken Norton eran los ídolos del momento.

En Venezuela el ensogado también tiene su historia, tan es así que el Poliedro de Caracas, ese imponente escenario inaugurado por Rafael Caldera el 2 de marzo de 1974 (construido en democracia) y llamado a desplazar al Nuevo Circo como lugar idóneo para la celebración de grandes eventos y espectáculos, se estrenó con un combate por el campeonato mundial de los pesos pesados entre Foreman y Norton.

Aquí se formaron boxeadores de la talla de Francisco “Morochito” Rodríguez (primer venezolano en ganar oro en los Juegos Olímpicos), Antonio Cermeño y Betulio González, entre otros, que se abrieron paso a puños limpios.

¡Pega, Betulio! ¡Vuelve a pegar, Betulio! se cayó, Betulio.

A finales del año 1972 dos personajes entraron tomados de la mano a las páginas del anecdotario popular venezolano: Betulio González y Miguel Thodée.

Corría el reloj en el décimo asalto del combate que definiría al nuevo campeón mundial de la categoría Mosca (51 Kg) entre el tailandés Venice Borkhosor y Betulio González. Venezuela se encontraba paralizada, escuchando la transmisión que realizaba Thodée. Justo en el momento en que todos esperaban la noticia del nocaut que propinaría el venezolano al tailandés, y eufóricos por la narración del locutor, quien de manera elocuente describía la paliza que estaba dando el venezolano a su rival, ocurrió lo impensable: se cayó Betulio.

Nunca en la transmisión de esa pelea Thodée llegó a pronunciar esa frase. El púgil zuliano no llegó a caer a la lona, se quejó de un golpe bajo, caminó a la esquina del tailandés y le levantó la mano. Abandonó el combate

Los tomadores de pelo de siempre, hicieron delicias con esta situación, luego que se hiciese una parodia en televisión.

Nocaut fulminante

En el pugilato existe el fenotipo del adversario guapetón, bocón, jactancioso, amigo de los desplantes y hasta vistoso si se encuentra arriba en las tarjetas, pero asustadizo, correlón y proclive a tirar la toalla, cuando se enfrenta a un contrario en igualdad de condiciones o tiene que levantarse de la lona para defender su corona.

Cassius Clay era experto en arrinconar a sus adversarios en el ring y fuera de él. En los escarceos previos, una suerte de mesa de diálogo, el llevaba la delantera, apabullaba a sus rivales, los provocaba y se burlaba de ellos, pero sabía que luego venía lo bueno. En los asaltos recibía y daba golpes. Flotaba como una mariposa pero picaba como una abeja. Si pasaban del 5to asalto, debía apurar para noquear o que la decisión le fuese favorable.

Caso contrario de algunos veteranos políticos, expertos en el bluff antes del combate, pero a la hora de la chiquita corren a la esquina del contrario a darle aire y levantarle la mano, siempre dando la sensación de que hicieron una buena faena antes del pugilato, pero que luego del primer golpe corren a buscar los calzoncillos en el hotel.

No importa quien ganó la pelea en la mesa del diálogo, indiscutiblemente que los argumentos de la MUD eran irrebatibles, los pesos pesados del gobierno estaban grogui por la pegada avasallante de los que hablaron por la oposición, en ese primer asalto, pero en la pelea restante no se cumplió el punto de honor prometido y en esa situación dejan la sensación de que pega la MUD, pega la MUD, izquierda de la MUD, derecha de la MUD, se cae la MUD… lo importante es que, a pesar de ellos, hay toda una generación de relevo, que ya se puso los guantes y están en la pelea.

Lo cierto es que los discípulos del cuadrilátero político tienen al contrario contra las sogas, lo llevó ahí con astucia y golpes quirúrgicos, lo sentó en el banquillo, por recomendación de su esquina habanera, para no tener que tirar la toalla. Por eso hay que seguir round a round, trabajando con el jab y el gancho, hasta dar un cruzado directo a la mandíbula que de un nocaut fulminantemente.

Otros que sigan en su pelea de sombra. En el deporte como en la vida hay que saber retirarse a tiempo, para no dar pena ajena.

Llueve… pero escampa

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