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Los consumidores se preguntan: ¿Para qué racionar si no se consigue nada?

Los consumidores se preguntan: ¿Para qué racionar si no se consigue nada?


La lista emitida por el Ministerio de Alimentación en la que indica la cantidad de comida y artículos de cuidado personal y de higiene del hogar que puede comprar una persona por semana, y que se ha empezado a aplicar en supermercados y farmacias de Caracas, es rechazada por consumidores que esperan en colas de establecimientos públicos y privados.

“De qué sirve que racionen las ventas, si igual uno no consigue los productos que anda buscando”, se quejó Esperanza Ruiz, una de las clientes que se encontraba ayer en el Bicentenario de Terrazas del Ávila.

María Andrea Pérez, otra consumidora que estaba en un supermercado privado en Los Ruices, coincidió con Ruiz: “Tienen tiempo evitando que uno compre lo que quiere. No nos dejan llevar más harina así uno tenga una familia grande; igual pasa con el pollo y la carne. Pero es un atropello, uno ni siquiera consigue esos productos cada semana”.

Al contrario de lo que opinan encargados y gerentes de cadenas de supermercados, consumidores insisten en que el racionamiento, unido a las restricciones de las ventas por el terminal de la cédula de identidad y al uso de máquinas captahuellas, no ha logrado disminuir las colas ni aumentar la cantidad de productos en los anaqueles.

“Las colas son iguales. Larguísimas. Uno tiene que estar aquí desde temprano para poder comprar. Tampoco hay más productos, hoy no tenían arroz del regulado, no hay leche y la azúcar se acabó”, dijo Ana Contreras, vecina del barrio La Dolorita, después de pasar más de tres horas en cola para entrar al Bicentenario.

En el Pdval de Los Cortijos, otra consumidora que prefirió no ser identificada señaló que en el establecimiento las condiciones tampoco han mejorado. “Toca comprar lo que conseguimos porque no sabemos si cuando podamos volver encontremos algo”, expresó.

Consumidores y comerciantes de la red pública desconocen si se han interconectado las máquinas captahuellas en los locales, como indicó el ministro de Alimentación, Carlos Osorio.

Obra de los controles. Los economistas Ronald Balza y Orlando Ochoa reiteraron que el Ejecutivo, en lugar de implementar mecanismos de racionamiento, debe lograr que se reactiven los niveles de producción.

“Llegamos a esto por los controles de precios, por la hostilidad del sector público con el sector privado y por la dependencia de las importaciones. Ahora, en un momento en el que caen los precios del petróleo no se puede importar como antes y la capacidad productiva del país no responde a las necesidades que tenemos”, señaló Balza.

Además, la lista de racionamiento no toma en cuenta las necesidades de los clientes. “El consumo depende de la estructura de la familia.  Una persona con hijos no necesita lo mismo que una sin hijos, por ejemplo”, agregó.

Ochoa insistió en que mientras el Ejecutivo no haga un plan de ajuste fiscal, monetario y cambiario, las distorsiones en los mercados van a continuar.

El dato
La lista del Ministerio de Alimentación, que está publicada en algunos supermercados y farmacias de la ciudad, apunta que una persona puede adquirir a la semana dos kilos de harina de maíz, dos de pasta, dos de café, dos de leche y dos de azúcar. También tres kilos de carne, dos pollos, ocho litros de leche líquida y 24 compotas.

Entre los artículos de higiene racionados están el papel higiénico, del cual pueden vender 12 rollos a la semana. Así como dos desodorantes, champú; los acondicionadores, los jabones de tocador, la crema dental y las toallas sanitarias se pueden vender dos unidades por persona.

El Nacional

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