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Los empleados públicos corren o se encaraman

Los empleados públicos corren o se encaraman


Lo extraordinario se hace cotidiano. La frase inundó no pocas vallas de la capital para celebrar los logros de las misiones impulsadas por Hugo Chávez. Ahora, cuando ya no sobrevive nada de aquella campaña publicitaria, la cita aplica para la realidad de los empleados públicos.

El viernes 27 de mayo de 2016 salió publicado en la Gaceta Oficial número 40.913 el decreto número 2.337 en el que se prorroga hasta el viernes 10 de junio de 2016, el régimen especial de días No Laborales de carácter “transitorio”. La medida viene siendo efectiva desde el pasado 26 de abril, para un total ­cuando se complete el período de la nueva extensión de 50 días. Así, la administración pública permanece inactiva o con actividades reducidas, dependiendo del caso, los días miércoles, jueves y viernes, “como medida para contribuir al ahorro energético, debido al fuerte impacto que ha tenido el fenómeno El Niño en el país”, según reza la información oficial.

Ministerios, institutos autónomos, oficinas departamentales y otras instancias del Estado quedan, por tanto, vacías de miércoles a viernes. Sus trabajadores, incluso quienes recibieron el primer decreto como una travesura que les daría “tiempo libre” remunerado, ahora pasan factura.

“Con lo que vivimos, ha significado es aprovechar los días para hacer colas y buscar productos regulados”, dice Mariana Mendoza, una trabajadora del Ministerio del Ambiente que prefiere resguardar su nombre real. Añade la mujer, cuarentona, que “los primeros días descansé. Claro que cualquiera disfruta unos días sin trabajo, pero tener que solo trabajar dos veces a la semana es un absurdo”.

En la Superintendencia Nacional de la Vivienda (Sunavi) solo trabajan lunes y martes, aunque en horario corrido. “Es que vienen muchos casos”, dice una de las analistas que allí labora. “Las colas se hacen afuera desde madrugada y tratamos de atender la mayor cantidad de personas porque hay gente que viene desde muy lejos”, añade.

En la sede del organismo, en Las Mercedes, la realidad de los lunes y martes cambia drásticamente el resto de la semana. “Ya la gente sabe que no se trabaja desde el miércoles y ni se acercan a preguntar nada. Igual, encuentran todo cerrado”, dice la trabajadora, con su carnet colgado al cuello.

Un trabajador de VTV, que tampoco quiso decir su nombre, afirmó que antes de anunciarse el decreto de días no laborables a las oficinas públicas llegaban operativos de Mercal para repartir productos regulados. “Siempre decían que era una manera de proteger a quienes hacen posible la revolución”, afirma. Tales jornadas, que aún se aplican en el canal del Estado, han dejado de producirse en otros entes. “Uno siempre tiene contacto con gente de prensa de los ministerios e institutos y como allá los mandan a sus casas, pues no les tocan bolsas de comida. Pasan roncha porque tienen que hacer cola igualito que los demás”.

UN NUEVO PROBLEMA

Como en toda oficina, los jefes sectoriales de la administración pública habían asumido cierta flexibilidad de horarios para permitir a sus trabajadores buscar algún producto regulado. Cuando llega harina, arroz, pasta, pollo o cualquier otro producto de la cesta básica a cualquiera de los abastos de la zona, el permiso para que el empleado público salga unos minutos a ver si logra comprar algo era casi una fija.

Pero ahora, con el régimen de días no laborables desde los miércoles, tal cosa cambió. La primera razón es que hay que adelantar la mayor cantidad de trabajo burocrático posible, exprimir al máximo el poco tiempo en las oficinas. El segundo, que si hay tres días libres para hacerlo no vale la pena dedicar lunes y martes al oficio de sobrevivir. “El problema es que hay compañeros cuyo número de cédula los obliga a comprar lunes o martes. Esos están jodidos”, cuenta una empleada del Ministerio de Cultura. Trabajar menos días y cobrar lo mismo no es aliviadero de penas. En ElEstimulo.com se publicó el testimonio de Mariangel Pérez, licenciada en Relaciones Públicas, y jefa en una dirección de la Alcaldía de Valencia.

Allí, afirma que su sueldo no llega a los 20 mil bolívares, allí donde labora desde hace varios años y donde por primera vez en mucho tiempo le cuesta animar eventos en los que tiene que exaltar las bondades gubernamentales, no porque no sea lo suficientemente profesional para lograrlo, sino porque el pueblo mismo ya no responde como lo hacía antes, según el escrito periodístico. “Estoy preocupada. Trato de mantener la calma y pensar en positivo, pero ya ni eso puedo. Tengo miedo de que mi marido se enferme y ya no soporto el hecho de escuchar a mi hijo menor cuando pide tetero y no tengo leche para darle. Quisiera saber cuándo va a acabar esto, porque ya no aguantamos más”, relató angustiada en la oficina donde las paredes tienen oídos, como está registrado en la nota escrita desde Carabobo.

NI TAN LIBRE

Que sean días no laborables no quiere decir que no se tenga que trabajar o, en el peor de los casos, asistir a convocatorias. En el Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTTT) hay departamentos desactivados entre miércoles y viernes cada semana, pero no pocos trabajadores deben adelantar en sus casas el trabajo para no acumular pendientes los únicos dos días hábiles.

“Yo termino usando mi computadora personal, en mi casa, para completar unos informes que no me da chance de hacer en solo dos días”, dice Magdalena, una trabajadora del organismo. Con su chemisse roja rojita, una de las tantas que tiene para lucir a diario, asegura que el llamado a ahorrar electricidad “se queda corto, porque en mi casa igualito estoy usando la luz”.

Lo que sí ocurre en ese organismo, y en muchos otros de la administración pública, es que las convocatorias a marchas y concentraciones del oficialismo no dejan de llegar. “Para eso sí que no hay decreto. Cada vez que convocan hay que ir”, dice Magdalena. En el Metro de Caracas la situación no es distinta.

“Trabajamos solo lunes y martes. El resto de los días los tenemos libres, excepto cuando hay actividades programadas o compromisos hechos con anterioridad. Por ejemplo, reuniones de seguimiento y cuestiones particulares. Pero eso es por grupos, no general”, dice una de las ingenieros del sistema. Revela, además, que “cuando hay marcha lunes o martes el mismo gerente nos convoca a ir, pero cuando es el resto de los días no lo hace formalmente”, dice. En esos casos, comenta, hay quienes “fingen demencia” y quienes ignoran las convocatorias que se produzcan desde otra figura.

En el INTTT la asistencia a marchas es obligatoria. Allí nadie puede no asistir. “Aquí pasan lista. Es más, nos convocan es en la oficina y salimos en grupo desde aquí. Nos reúnen en el patio y de allí nos movemos a veces en vehículos y a veces en metro. No dudo que haya algún arriesgado que se escape en el camino”, dice Magdalena.

Eso sí, cuando la movilización oficialista coincide en lunes o martes, se deja de trabajar para cumplir con el llamado de la revolución. En todo caso, se suman las voces que quieren trabajar. “Claro que quiero volver a trabajar completo”, dice la ingeniero del Metro de Caracas quien aprovecha los días para “rebuscarse” trabajando con su pareja. “Descansar, con esta inflación, y pretender que todo está normal, no es posible”, concluye.

Víctor Amaya/TalCual

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